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Hoy, en el Playón Este de la Villa 31 bis, un tiro es todo lo que hace falta. Luego vendrán las balaceras, sobre ladrillo hueco, o sobre carne humana. En las últimas semanas, algo alteró el delicado balance de poder en el Playón, el sector compuesto por las manzanas 99, 107, 102 y 108 entre otras, ubicado a pocas cuadras de la terminal de micros de Retiro y bajo la sombra de la autopista Arturo Illia. La manzana 102 y su precaria casa N°37 es el foco del problema. Conocida como "Casa del Pueblo" en la jerga barrial, es un aguantadero controlado por César "El Loco" Morán, un sanguinario capo peruano preso en el penal de Devoto con tres condenas a su nombre por los delitos de homicidio simple y amenazas con armas en concurso real con robo agravado. Sumadas, dan un total de 35 años de cárcel.

El 18 de julio último, la División Homicidios de la Policía Federal irrumpió a plena luz del día en la "Casa del Pueblo" con apoyo del grupo GEOF para llevarse a Juan Honorio Inga Arredondo, alias "Piedrita", de 24 años y peruano de origen, que dormía ahí con su novia argentina embarazada de pocos meses. Los mismos vecinos le señalaban el camino a los efectivos. "Piedrita" era buscado por dos asesinatos de extrema violencia cometidos bajo el signo de la vendetta narco y sospechado de otros dos. Se sospecha, también, que su jefe es el mismo César. "Piedrita" hoy espera, casualmente, en el penal de Devoto, donde ya tuvo una riña con un familiar de una de sus víctimas. Pero fuentes que conocen a fondo el territorio afirman que, alrededor de la "Casa del Pueblo", hay un murmullo que se levanta. La "Casa" estaría por caer, con vecinos inocentes en el fuego cruzado.

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Los paraguayos apostados 108 comenzaron a cobrar poder de cara un territorio fragmentado. La banda de "los Sanpedranos", oriundos del pueblo fronterizo San Pedro del Paraná, también se congrega alrededor del ex boliche Tarzán, que luego de ser discoteca se convirtió en un corralón ilegal de materiales. Fueron allanados en su momento por la Policía Metropolitana, según documentos judiciales. En un operativo, se les secuestró treinta kilos de marihuana.

Los "Sanpedranos", en una obvia puja de poder, miran tentados hacia la Casa del Pueblo; ya comenzaron a hacerse ver en su esquina. Por otra parte, nuevos peruanos comenzaron a merodear la zona, con el supuesto propósito de aliarse a los paraguayos, algo que no es inusual en las complejas mecánicas del narcotráfico villero.

¿Quién es su jefe de estos nuevos peruanos, entonces? Un nombre resuena: "El Ruti". No es algo nuevo: es el apodo de Alionzo Rutillo Ramos Mariños, ex Sendero Luminoso y ex aliado devenido en enemigo mortal del capo Marcos Estrada González en la villa 1-11-14, que terminó preso en Ezeiza por la masacre de la procesión del Señor de los Milagros, una fallida venganza contra Marcos en 2005 que dejó cinco cadáveres en la calle. Su expulsión de la 1-11-14 hizo que desembarcara a mediados de la década pasada en la zona del Barrio Ferroviario, también conocida como Barrio Chino, donde un peruano cayó muerto en la noche del martes, presuntamente ligado a "Ruti".

No fue la única visita policial esta semana en la zona: el viernes último, personal de la División Homicidios de la PFA junto a la Dirección General de Orden Urbano y Federal y bajo las ordenes de la jueza Karina Zucconi, allanó 8 domicilios en la 31 y en San Martín y detuvo a dos peruanos por el homicidio de Wilmington Gallegos, ocurrido en el Playón el 16 de septiembre y ligado a conflictos narco. En San Martín, se detuvo a una mujer buscada por el hecho. De acuerdo con información policial, se secuestró junto a ella un arsenal cuantioso: una pistola calibre .22, una ametralladora FMK-3, un chaleco antibala, una granada, pasta base y marihuana. Otro peruano en el 31 fue detenido con drogas, para quedar a disposición del juez Sergio Torres en Comodoro PY. La causa madre de estos allanamientos es precisamente una en poder de Torres, que investiga los enfrentamientos entre "Ruti" y Marcos Estrada.

De todas formas, "Ruti" Ramos Mariños no desembarcó él mismo en la zona. Lo hizo a través de su sobrino y lugarteniente, Richard Nicolás Ramos Noa, alias "Choclito", de 38. Es algo cíclico: "Choclito" y los suyos perdieron y volvieron a ganar su territorio en la 31 en su guerra con César Morán y otros narcos en varias ocasiones a lo largo de la década. Morán incluso llegó a coparle una casa en el Barrio Ferroviario, que controla hasta hoy. Hace unas pocas semanas, los "satélites" de César, chicos adictos que patrullan la zona con celulares, oyeron el rumor de que "Choclito" y los suyos volverían. En todo caso, no sería un hecho aislado. El mes pasado, en el calle Charrúa, periferia de la villa 1-1-11-14, Rusben Ramos Noa, también sobrino de "Ruti" y hermano de "Choclito" fue asesinado por un sicario que huyó en moto, según informó Clarín.

Hoy, "Ruti", no está en el país. Fue expulsado a Perú bajo la figura jurídica de "extrañamiento" a pesar de su condena de 18 años; bajo qué términos es incierto. Infobae requirió información al respecto al Servicio Penitenciario Federal, sin recibir respuesta. Entre voces judiciales que conocen las tramas narco, la sospecha de que "Ruti" controla sus negocios desde Perú sigue en el aire.

Así, bajo todo este panorama, la "Casa del Pueblo" en el Playón Este y sus inmediaciones se convierten en el eje de una nueva guerra a punto de explotar. Es la decantación histórica de más de una década de crecimiento de las organizaciones mafiosas en las villas porteñas, y ocurre de cara a los vecinos mismos del barrio que lo soportan. Entre el Barrio Ferroviario y el Playón Este se cuentan más de 20 mil habitantes, según fuentes oficiales, casi un tercio de la población de la 31 y la 31 bis.

A pesar de su encierro, César Morán todavía ejerce su dominio sobre el Playón Este desde el Módulo 5 del penal de Devoto. Sus sicarios y satélites se mueven en la zona y sus múltiples mujeres, a las que llama a discreción para visitas en el Penal, se convierten en uno de sus nexos con el mundo exterior. Las controla férreamente: si César pide por ellas desde el penal, tienen que ir. Pero, por otra parte, los días del "Loco" en Devoto están contados. A comienzos de marzo último, la Justicia peruana pidió su extradición a la Cancillería argentina, que fue concedida.

La puerta giratoria de la violencia

El 16 de marzo último, el juez federal Sebastián Casanello -los pedidos de extradición corresponden al fuero federal- hizo lugar al pedido de su colega limeña Carmen Sabina Reyes Guillén, a cargo del Juzgado Mixto de El Agustino, que buscaba llevar a suelo peruano a Morán para que sea juzgado por el delito de homicidio "con gran crueldad o alevosía", un hecho ocurrido sobre la avenida Sánchez Carrión en el distrito de El Agustino, en mayo de 2009; Morán habría baleado a una mujer en la panza y a su hija en la pierna, una disputa entre vecinos. Por este delito, Morán puede recibir otra condena de quince años.

¿Cuándo ocurrirá la extradición? Por lo menos, no en un futuro cercano. Fuentes tribunalicias establecen que Morán volverá para ser juzgado en su país "cuando cumpla sus condenas en la Argentina". Las cuentas pendientes que Morán tiene con la Justicia local son abultadas. De sus tres condenas pronunciadas por los Tribunales N°24, 20 y 2, sólo la de cinco años por expulsar a un vecino de su casa para copársela está actualmente firme. De todas formas, éste es otro vaivén en la historia de los capos que se erigieron como virtuales señores de la vida de muerte en el Playón Este y el Barrio Ferroviario, las vidas paralelas de "Choclito" Ramos Noa y César Morán.

Con las primeras tomas a cargo de peruanos en el Playón Este llegó el primer bandido, "Chochó" -su nombre de pila era Javier, peruano también-, el dueño original de la "Casa del Pueblo" y pionero en la mecánica de expulsar a vecinos de sus casas para venderlas. En la tensa atmósfera del barrio, Morán se presentó al llegar en 2007 como un justiciero tras desplazar a "Chochó", dispuesto a corregir las maldades de su predecesor, que terminó prófugo. Pero rápidamente, Morán -eventual líder de una banda de pungas, con soldados menores de edad, sádico en sus presuntos homicidios, un tiro en la cabeza era su marca registrada- comenzó a elegir a sus víctimas de expropiación, los bolivianos, los mayores constructores de la 31. Se dejaba ver en el Playón solo de noche, se decía que tenía mujeres en Once y Moreno; fue precisamente en un chalet en La Reja donde fue detenido en 2011.

Hoy, su principal presunto sicario, "Piedrita" Inga Arredondo, está preso por dos homicidios en Devoto y sospechado de dos más, en causas investigadas en un comienzo por las fiscales de instrucción Estela Andrades y Silvana Russi. La causa a cargo de la fiscal Andrades eventualmente recayó en el despacho del juez federal Rodolfo Canicoba Corral. "Piedrita" se había confiado demasiado; al momento de ser detenido, tenía junto a él la pistola Browning .9 mm con la que, según pericias balísticas de la PFA, le habría dado muerte a dos de sus víctimas.

El operativo de su detención reveló el poderoso arsenal que tenía la banda. La inteligencia policial reveló que las armas, ante el riesgo de cacheos, no se empleaban de día ni se dejaban en las casas. El 18 de julio, ocho casas fueron allanadas. En una de ellas en la manzana 111 se encontraron pistolas Bersa, Colt y TAM, una escopeta Remington Magnum 8.70, carabinas Beretta, Ruger y Mauser con culata recortada, una bolsa con casi cien cartuchos de diversas municiones, cincuenta balas calibre .45, un chaleco antibalas y hasta una granada FMK-2 de fabricación argentina.

Mónica Rojas Palma fue la primera víctima en caer, en un raid insólito de cuatro cadáveres en un mes este julio último. Fue acribillada de ocho balazos en una peluquería en la manzana 102, a metros de la "Casa del Pueblo". Tenía un trabajo en un comedor de la zona, con un sueldo menor. La Policía y los investigadores judiciales no pudieron definir en un comienzo si era una competidora del patrón de "Piedrita" o una aliada devenida en traidora.

Eventualmente, el móvil del homicidio quedó claro para la Justicia: habría sido a causa un violento ataque de celos de Morán por andar con otro hombre. Rojas habría sido una de las múltiples mujeres del capo. Ya tenía por su parte un botón de pánico del Gobierno porteño tras haber denunciado por violencia de género a otras parejas. Se sospechaba que también vendía droga para César en su tiempo libre. Poco antes de su muerte, comenzó a hacerse ver con zapatillas y ropa que su sueldo del comedor no podrían comprar. Maicol Sánchez Ircash, otra presunta víctima de "Piedrita", tenía antecedentes narco. Fue encontrado con seis tiros en la espalda y cuatro de frente.

Paraguayos: bailes de sangre y cemento

En la manzana 108 del Playón Este, bajo el slogan de "el lugar de los paraguayos", la disco Tarzán, de dos pisos y con un amplio escenario, prometía noches de strippers y premios de cinco mil pesos. Eventualmente, la música dejó de sonar. La bailanta se convirtió en un corralón, algo que es ilegal en la zona; una orden de un juez porteño prohíbe expresamente vender materiales de construcción en la Villa 31.

De cara a esto, el juez federal Sebastián Casanello envió a Gendarmería el 24 de septiembre pasado para allanar el lugar. Se encontraron con una camioneta Mitsubishi 4x4, un Renault Laguna, una mezcladora de cemento, varillas de metal, bolsas de cal, cemento y yeso. Se incautó un cuaderno forrado en papel araña rojo, una suerte de libro contable lleno de manchas de cal: tenía fechas y detalles correspondientes a fines de 2013 y comienzos de 2014. Una mujer estaba a cargo del lugar: se presentó como la concubina del dueño del lugar, que estaba detenido hace un año. El mismo apellido de ese dueño se repitió en información provista por el área de Investigaciones Criminales de la Policía Metropolitana, despachada a las inmediaciones de la disco por el fiscal Federico Delgado en Comodoro Py. El hombre mencionado por la Metropolitana sería su hermano, y estaría ligado al nuevo liderazgo de la banda de los Sanpedranos.

Delgado había recibido un pedido desesperado de ayuda via email, lo que motivó una investigación preliminar que fue remitida a la Cámara. En el correo, un vecino alertaba sobre un dealer de origen argentino que le vendía droga a los alumnos de la escuela Filii Dei, primario y secundario, ubicada sobre la calle 6 y frecuentada por los hijos de la comunidad peruana. Delgado buscó establecer a los mismos alumnos del turno mañana para la venta. Según tareas de inteligencia adjuntas en el informe "los jóvenes llegaban temprano a la escuela y ya tienen la droga en su poder", para consumirla en las inmediaciones del Filii Dei. Enviar más agentes para realizar tareas de observación, concluyó la Metropolitana, era un riesgo. La cantidad de "satélites" y espías monitoreando la zona volvían evidentes a cualquier extraño.

 Adrián Escandar 162
Adrián Escandar 162

Los paraguayos ya tomaron cierto valor. Comenzaron a fragmentarse en facciones y matarse entre ellos; se los sospecha como responsables de la muerte de Máximo Chávez Fernández, alias "El Chipero", un veterano dealer paraguayo munido de soldados y lugartenientes, que vivía en la zona y era investigado por la Policía Federal, según Clarín. Un hijo del "Chipero", confía una fuente habituada a la zona, habría arremetido a tiros contra un jefe de los Sanpedranos; la respuesta fue una lluvia de plomo. Hoy, cualquier pariente o allegado al "Chipero" tiene la muerte garantizada en el Playón, aunque la virtual sentencia no sirvió demasiado: un yerno del "Chipero" dos semanas atrás habría llegado para recuperar la casa familiar a los tiros.

Bajo todo este esquema de violencia y desidia, que funcionarios públicos como Casanello y Delgado describieron en sus razonamientos como una suerte de ley paralela, preguntarse por la presencia del Gobierno, del Estado nacional, no es algo menor. En 2014, la entonces Secretaría de Cultura bajo Jorge Coscia anunció en el Playón Este la construcción de la Casa de la Cultura para la Villa 31 en el Playón Este. Según relató el ex funcionario Víctor Ramos a Infobae, la partida asignada era de 40 millones de pesos: la Casa incluiría un auditorio, salas para aulas y talleres, en 1800 metros cuadrados de obra. La llegada de Teresa Parodi y La Cámpora significó el freno total a la obra. Hoy, no quedan ni sus paredes originales.