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Cuando entró al edificio, le llamó la atención que la gente vestía de forma muy dispar. Había hombres de traje -en un rango que iba desde las grandes marcas hasta los outlets de barrio-, pero también los había en jeans y zapatillas. Lo mismo con las mujeres: el estilo variaba del little black dress con stilettos a las bermudas. Él iba de traje. Al fin y al cabo, era una entrevista de trabajo, aspiraba a conseguir un puesto en la empresa, debía lucir bien.

Al terminar la entrevista, aún algo confundido por los diferentes looks que había visto en los pasillos, preguntó a su reclutador cuál era el dress code de la compañía, aunque sospechaba que no había uno, al menos no en lo formal. La respuesta del ejecutivo lo dejó sorprendido: "acá cada uno se pone lo que le da la gana, pero al 'gran jefe' le gusta más la gente de corbata". Por 'Gran Jefe' se refería al dueño de la compañía y presidente del directorio, un hombre que solía vestir unos trajes de valor equivalente al de un auto usado. Quizás no en muy buen estado, pero un auto a fin de cuentas.

¿Existe en los ambientes corporativos un prejuicio con respecto a cómo se viste la gente? ¿Puede un determinado estilo personal afectar la carrera profesional?

La respuesta es tan espeluznante como contundente: sí.

Las abuelas decían que no sólo hay que ser, también hay que parecer. Y la vida corporativa tiene sus propios códigos, donde las apariencias importan, donde "los de corbata" ascienden y donde, para llegar a ser un ejecutivo, primero hay que "parecer" un ejecutivo.

"Existe, cada vez menos pero hay jefes que se fijan en la imagen antes que en la identidad", explicó a Infobae el coach empresarial Guso Saint Martin, "Es como quedarnos en lo superficial. Lo mismo pasa con los tatuajes y los piercings, fuera de una línea de producción, claro".


Las apariencias engañan

Guso Saint Martin comparte una visión más audaz: "Creo que la identidad hace la diferencia. Y se basa en dos lineas de coherencia. Primero: pensar, decir y hacer en el mismo sentido. Segundo: la efectividad del hacer. Ahí, nuestra identidad nos mostrará como empleados efectivos o no. Y en ese contexto somos la ropa que elegimos. Pero la ropa no nos hace. Lo mejor es la sinceridad, aún en lo que llevo puesto".