Desde que empecé a participar en política, a los 15 años, me impulsa el deseo de cambiar el mundo, de contribuir con mi granito de arena para construir uno mejor. Para mí, la esencia de la política es saber interpretar el sueño colectivo y arbitrar los medios necesarios para hacer realidad ese sueño.


Durante los últimos meses recorrí el país de punta a punta junto a mi equipo. Visitamos pequeños pueblos como Famaillá, en Tucumán y grandes ciudades como Rosario. Aprendimos que todavía hay muchos sueños y valores que compartimos todos los argentinos. Yo sé que hay logros de la democracia que tenemos que cuidar entre todos, pero también sé que hay muchas cosas para cambiar y mejorar.


No tengo dudas de que en el interior de todos los argentinos late un sentimiento común de que podemos estar mucho mejor. A pesar del esfuerzo y del sacrificio que hemos hecho durante todos estos años, vemos a diario cómo el futuro se escapa de nuestras manos, se disuelve en un presente minado de conflictos que podríamos evitar si supiéramos ver más allá de nuestras diferencias y aunar nuestras fuerzas.


Las propuestas que preparamos junto a los equipos técnicos son el resultado de escuchar a miles de argentinos, de conocer sus preocupaciones, sus ideas y sus anhelos. Estoy convencido de que para alcanzar el futuro tenemos que ser capaces de imaginarlo primero.


Es hora de que fijemos el rumbo con claridad y tomemos el timón con firmeza. El 25 de octubre vamos a decidir quién va a conducir el destino de nuestro país durante el próximo período, con qué equipo, con qué ética y principalmente con qué visión de futuro.


Por eso decidimos, junto con José Manuel de la Sota y Roberto Lavagna, elaborar un plan de metas concretas para los próximos 4 años, pero pensando en las cinco décadas que vendrán. Plantear metas ambiciosas es nuestra obligación, porque confiamos en la capacidad de los argentinos y tenemos la seguridad de que nuestro país tiene un enorme potencial que hoy no está siendo aprovechado. Sabemos cómo podemos reactivar la economía para crear 5 millones de nuevos puestos de trabajo. Vamos a reducir la presión impositiva sobre los trabajadores en un 30% para impulsar nuevamente el consumo y generar un shock de inversiones que ponga de pie a la industria nacional y a las economías regionales. Pero para eso tenemos que bajar a cero el déficit y salir del cepo en cien días, sin ajuste y sin devaluación. No es cuestión de reducir el gasto público, sino de terminar con la corrupción e invertir mejor los recursos del Estado.


Vamos a ser un país rico cuando la riqueza y las oportunidades estén bien distribuidas a lo largo y ancho de nuestro territorio. Seguimos viviendo en una sociedad marcada por profundas desigualdades y eso tiene que cambiar si queremos vivir en un país próspero. Muchos argentinos han perdido la confianza en el Estado. No quieren que el Estado les regale todo, quieren que los ayude a superar la pobreza con un trabajo digno que les permita vivir mejor. No hay nada más doloroso para un padre que sentir que no puede brindarle a su familia lo que necesita. No hay nada más doloroso para una madre que ver, impotente, cómo la droga mata lentamente a sus hijos mientras el Estado le da la espalda. No hay nada más doloroso para mí que saber que hay millones de argentinos que se sienten excluidos del sistema. Fortalecer a la familia va a ser una prioridad de nuestro Gobierno, porque no hay mejor sistema de protección social que una familia contenedora. Mi ideología no es de izquierda ni de derecha, es para adelante, cerca de los problemas de la gente.


Nada preocupa más a los argentinos que la falta de seguridad. Nos sentimos seguros cuando confiamos en las instituciones, cuando tenemos un trabajo estable y una casa donde formar una familia. Hoy el Estado no garantiza ninguna de estas condiciones. La mayoría de los argentinos vive con miedo. Yo no creo que los trabajadores deban adaptarse a vivir detrás de las rejas mientras los delincuentes están libres. Por eso, queremos un nuevo código penal que limite el poder de los jueces para otorgar excarcelaciones, fije la reclusión perpetua para narcos y violadores y garantice que las víctimas tengan derecho a participar del proceso. Yo me comprometo personalmente a conducir la lucha contra la inseguridad y el narcotráfico. Voy a usar todos los recursos del Estado, incluyendo a los 75 mil efectivos de las Fuerzas Armadas, para controlar las fronteras y acabar con el narcotráfico en los barrios.


Hay mucho por hacer, pero tenemos que empezar por aquellas sobre las que coincidimos todos. El sistema educativo actual reproduce las desigualdades que existen en nuestra sociedad, especialmente en las grandes ciudades, donde cada vez más familias hacen un sacrificio enorme para enviar a sus hijos a escuelas privadas, porque ya no confían en la escuela estatal. Para mejorar la escuela pública tenemos que comenzar por fortalecer la docencia. Eso implica garantizar mejores condiciones laborales, becas para atraer a los mejores alumnos a la profesión docente, incentivos salariales por presentismo y un sistema de evaluación confiable y transparente. Mucho se puede cambiar, pero tenemos que empezar por saber qué estamos haciendo bien y qué tenemos que mejorar.


Creo en el futuro. Lo veo en los ojos de mis hijos todas las mañanas y en los ojos de miles de argentinos que encuentro en mis recorridas por los barrios, por los pueblos y las ciudades de nuestro país. El futuro existe, no tengo dudas, en los jóvenes que estudian y sueñan; en los trabajadores que se esfuerzan por hacer su trabajo cada día mejor; en los miles de emprendedores que creen en sus ideas; en las madres que luchan por dar a sus hijos la contención y la ayuda que necesitan para salir adelante en la vida.


Hemos perdido demasiado tiempo concentrando nuestra energía en peleas mezquinas. Todavía hay sectores que trabajan para dividir a los argentinos entre buenos y malos, oficialistas y opositores, de izquierda y de derecha, peronistas y antiperonistas. Sin embargo, yo estoy convencido de que la mayoría de los argentinos no comparte ese sentimiento. La mayoría de los argentinos quiere vivir en paz y armonía con sus vecinos. Yo quiero ser el presidente que una a los argentinos detrás de ese objetivo, de esa visión del futuro que incluye a todos, sin excepción. Y aunque algunos piensen que es una utopía, yo sé que es posible. La virtud de un político no es saber qué hacer, es hacerlo. No voy a descansar hasta lograr que todos los argentinos se sientan seguros de salir a la calle, tengan un trabajo digno y una educación de calidad para sus hijos.


Estoy seguro de que juntos podemos lograr los cambios que la Argentina necesita.