El desarrollo de industrias estratégicas tiene una gran relevancia para el resguardo de la soberanía de las naciones, siendo un aspecto central del sistema de Defensa de un país. La construcción de soberanía industrial y tecnológica implica ganar grados de libertad para la toma de decisiones, lo que se logra manejando la ingeniería de ciertos sistemas complejos (como los radares), el diseño y la producción de algunos componentes críticos (como los sistemas de navegación), o el autoabastecimiento de insumos clave (como propulsantes sólidos).

Pero la industria para la defensa es y ha sido siempre, una herramienta clave de desarrollo tecnológico e industrial. Innovaciones trascendentes para la vida moderna como el GPS o internet surgieron de desarrollos para la Defensa y, en Argentina, por ejemplo, la industria automotriz se desarrolló en Córdoba apalancada por la industria pública aeronáutica, mientras que la siderurgia surge de la mano del Gral. Savio al calor de las necesidades de la industria para la defensa para la fabricación de barcos, tanques o proyectiles.

Esto sigue hoy más vigente que nunca: la industria para la defensa es un fuerte motor del desarrollo económico en el mundo, y también en la Argentina. En lo referente al desarrollo industrial, es una poderosa herramienta política que ha funcionado en la Argentina aprovechando el poder de compra inteligente del Estado, y desde la tracción que generan las empresas públicas recuperadas como la fábrica de aviones (FADEA), de barcos (Tandanor), y Fabricaciones Militares.

Y lo ha hecho con objetivos de desarrollo industrial en general y a través de la sustitución de importaciones, liderando proyectos en áreas estratégicas que por diversos motivos no lo hace la industria privada, como el proyecto de vagones argentinos de Fabricaciones Militares que tracciona decenas de pymes.

Así se han traccionado en los últimos años pymes metalmecánicas, de electrónica, de software, de ingeniería y diseño, químicas, textiles, del calzado, de la industria plástica, que trabajan en proyectos de defensa y de uso civil como los de vagones de carga, de aviones como el Pampa III o el IA 100, de barcos, de chalecos multiamenazas, o en la cadena de valor de cohetes y municiones. También los laboratorios dan servicios a industrias y alimentan, y se alimentan, del sistema científico y tecnológico nacional, como los de Fabricaciones Militares o los de CITEDEF.

Desde el año 2003, por una decisión del ex Presidente Kirchner y de la Presidenta Cristina Fernández, se asumió la tarea de recuperar la industria para la defensa. Doce años después, con nuevas instituciones, empresas públicas recuperadas, nuevos planes estratégicos, proyectos, productos, fábricas, plantas y tecnologías, vemos un proceso de inédito crecimiento que permitió, entre otras cosas, crear cientos de pymes y multiplicar la facturación por 10, duplicando las fuentes de trabajo.

Confirman el acierto de las políticas los logros tecnológicos y productivos: Argentina se ha convertido en uno de los pocos países a nivel mundial que dominan la tecnología radar. Se pasó del 10% de las rutas aéreas civiles cubiertas (por 4 radares importados) a una cobertura casi total con 22 radares de desarrollo y producción nacional; y se desarrollaron, fabricaron e instalaron 4 radares primarios, de uso en defensa y seguridad (otros 4 próximos a instalarse). Esta fuerte inversión se materializó en radares con un 80% de contenido nacional, y en la configuración y consolidación de una cadena de valor con 700 proveedores nacionales.

La vigilancia y control se verá complementada con el Proyecto SARA, una inversión inédita en el campo de los Vehículos Aéreos No Tripulados. En cuanto a la industria aeroespacial, también se desarrolló e inició la fabricación de las aeronaves Pampa III, proyecto que reconstruyó una cadena logística de 42 mil piezas, sustituyó importaciones y desarrolló PyMEs tecnológicas locales. El prototipo ya voló y el primer avión de la serie lo hará en el mes de noviembre. También se logró la primera exportación en más de dos décadas por parte de FAdeA y su inserción en una cadena global, con la participación en el Proyecto KC-390 de EMBRAER.

Estos sectores tienen un rol insustituible en la generación de conocimiento y de capacidades tecnológicas e industriales que se caracterizan por su altísimo valor agregado. Para ponerlo en una medida bien simplificada, mientras un kg. de heladera cuesta alrededor de 10 dólares o un automóvil de gama media cerca de usd 25 el kg.; un kilo de radar primario cuesta unos usd 2.000, uno de avión Pampa III usd 5.000, y un kilo de FLIR (sensores) 20.000 dólares.

En unos pocos años, gracias a una fuerte decisión política, sostenida en el tiempo, porque las industrias estratégicas requieren de años para su desarrollo, y a enormes esfuerzos coordinados de gestión, Argentina ha vuelto a tener en su industria para la defensa no sólo un pilar de soberanía, sino también un poderoso instrumento de integración y desarrollo.

El autor es Secretario de Ciencia, Tecnología y Producción para la Defensa.