Adrián Escandar 162
Adrián Escandar 162

El supermercado chino Full en la calle Alberdi al 4100 no tenía demasiados motivos para alarmarse, o al menos eso dijeron sus dueños a la Justicia. Habían recibido meses antes una sorpresiva granada de humo en el local, lo que motivó la intervención de un juez federal, pero negaron haber recibido intimidaciones concretas. Sin embargo, a las 18:30 del 2 de octubre último, dos hombres de aspecto argentino –es decir, no eran ni orientales ni peruanos, según testimonios– llegaron hasta la caja del lugar para darle un tiro en la pantorrilla al hombre de origen chino que la atendía. No hubo robo ni homicidio: fue un tiro clásico de la mafia. Luego, el hombre fue tratado en el hospital Piñero. Tuvo suerte; la bala entró y salió.

¿Cómo se explica este ataque armado? ¿Hubo amenazas previas al hecho en el supermercado Full, alguna señal? El autoidentificado dueño del lugar, oriundo de Fujián, la provincia de China de donde proviene el alto porcentaje de los supermercadistas del país, niega todo, o no dice nada. Los sicarios habían llegado al lugar a pie. Se fueron caminando.

Veinte minutos más tarde, los mismos dos sicarios llegaron al supermercado Happy en la calle Martínez Castro al 1000. La cajera en el lugar, también proveniente de China, resultaba ser la concubina del propietario: recibió una bala en la pierna derecha, a la altura de la rodilla. Los testimonios fueron escuetos. Sin embargo, el supermercado había recibido en su puerta un clásico de la extorsión en la comunidad: una hoja A4 con veintena de ideogramas y los números "5" y "3", junto a un número de teléfono. Alguien le exigía cincuenta mil dólares a cambio de protección. Otro signo de la mafia china.

Ambos hechos recayeron en la Comisaría Nº 40 y son hoy investigados por una fiscalía de instrucción porteña, que ya perita cámaras de seguridad de los supermercados entre otras medidas de prueba. Y los funcionarios a cargo de esclarecer este ataque en cadena saben que no es algo aislado, sino parte de un problema en ascenso que Infobae detalló semanas atrás. De acuerdo a fuentes judiciales, cartas extorsivas como la que recibió el comercio de la calle Martínez Castro se contarían entre las decenas en territorio porteño, con un claro incremento desde el mes de junio, así como las consignas policiales a supermercados amenazados. En Rosario, la fiscalía de Imputados No Individualizados de los doctores Verónica Caini y Marcelo Vienna investiga veinte expedientes similares.

 Adrián Escandar 162
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Este escenario cruento es, para voces en la Justicia y en las fuerzas de seguridad, un aparente regreso: las "tríadas", las organizaciones mafiosas de la comunidad china con correlatos en el Asia continental, retoman fuerza luego de años bajo el radar. Hay dos teorías en el aire. La primera es que una nueva generación de supermercadistas, más naturalizada en el país, se niega a jugar bajo las reglas del apriete. La segunda es que una tríada cobró más fuerza que otras. Fuentes policiales indicaron a este medio que más de una está en actividad.

La mecánica de tirar en la pierna e irse, por otra parte, ya no es algo inusual. A comienzos de agosto en un comercio en la calle Sánchez de Bustamante, Recoleta, a cinco cuadras del Alto Palermo, una joven boliviana empleada en la verdulería del lugar fue herida de bala sin mayores explicaciones por un pistolero de poco más de 20 años de edad. La investigación del hecho está en trámite en la Fiscalía de Instrucción Nº 31. El lugar había sido previamente amenazado, con la correspondiente consigna policial.

Hay finales más terribles.

Lin Zhi era un chino indocumentado, empleado de un supermercado a punto de inaugurarse en la calle Ensenada al 400; fue

asesinado de un disparo en la cabeza

en plena vereda, arriesgan fuentes policiales, porque el supermercado operaba demasiado cerca de otro que ya colaboraba con la mafia. La doctora María José Bianchi, titular del Juzgado de Instrucción Nº 49, está a cargo del expediente.