Adrián Escandar 162
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Los hechos recientes que involucraron a supermercados de la comunidad china parecían al principio fortuitos, inconexos entre sí. Nadie supo explicar, por ejemplo, de qué se trató el ataque a comienzos del mes pasado en un comercio de la calle Sánchez de Bustamante, a cinco cuadras del shopping Alto Palermo, donde un hombre entró armado al lugar para no robar nada. Una empleada de nacionalidad boliviana sentada en la verdulería recibió un tiro en una pierna; el pistolero fue descripto como un hombre de poco más de 20 años, de tez clara y gorra con visera, de acuerdo a información policial. Entró, la vio, le dijo unas pocas palabras que la mujer no entendió, gatilló y se fue. Llegó con cierta sincronía: hasta pocos días antes, el local había tenido custodia de la Policía, ordenada por un juez. Sus dueños habían denunciado que otros connacionales los amenazaron, pidiéndoles plata a cambio de protección.

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En Floresta, Lin Zhi, un chino indocumentado de 30 años, tuvo mucha menos suerte. Era el empleado de un supermercado que estaba por abrir en la calle Ensenada al 400: había instalado reflectores sobre la vereda y pintado el frente de gris. La mercadería ya estaba ingresada. Todavía no había un cartel en la puerta. A comienzos del mes, otro chino le había exigido a Zhi una gran cantidad de dinero para brindarle protección a su familia. Pero el empleado no hizo ninguna denuncia; otro chino retiró la plata del lugar el 22 de agosto. Pago o no, Zhi fue hallado por personal de la Comisaría No. 40 con la cabeza apoyada sobre el cordón; del agujero de bala de su cabeza brotaba abundante sangre. El SAME no tardó en pronunciarlo muerto.

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El hecho ya está en manos de la Justicia. Tras una instrucción inicial en la fiscalía del doctor Carlos Donoso Castex, llegó a un juzgado de instrucción porteño. La primera información del caso indicó que el retiro de dinero del 22 de agosto fue efectivamente filmado por cámaras de seguridad. Un CPU fue secuestrado y se hicieron pericias en el lugar a cargo de la Unidad Criminalística de la Policía Federal Argentina (PFA). Una cámara domo correspondiente al Centro de Monitoreo M8 también esperaba ser peritada, con esperanzas de encontrar imágenes de la muerte de Zhi. Su familia optó por el silencio. Dos semanas después de su muerte, se comenzó a retirar mercadería del lugar sin decir demasiado. Una voz policial asegura: "Esto pasó porque abría el supermercado cerca de otro que ya le colaboraba a la mafia", algo que sorprende de cara al presunto pago. De esta forma, los comerciantes chinos vecinos se convierten en sospechosos.

Desde junio se registró en territorio porteño un aumento sostenido de cartas extorsivas

Sin embargo, estos dos crímenes son la punta de un iceberg mucho mayor. Fuentes judiciales indican a Infobae que desde junio se registró en territorio porteño un aumento sostenido de cartas extorsivas dirigidas a supermercadistas. La mafia china, efectivamente, hizo su regreso a la escena.

Los mensajes son casi todos similares, en el clásico formato de la mafia china: hojas tamaño A4 con grandes ideogramas, diez líneas de texto y números que indican cifras. "5" y "3" significa cincuenta mil dólares, el monto que cuesta la protección en promedio. Debajo, un celular para contactar. Pueden estar escritas en chino mandarín o en fujianés, el dialecto de la provincia de Fujián, de donde proviene el 80 por ciento de los chinos residentes en el país, según cálculos en la comunidad. Fuentes de la Policía Federal hablan de otro esquema de precios. De acuerdo a testimonios e investigaciones propias, un supermercadista puede pagar de 50 a 100 mil pesos mensuales por protección.

No pagar trae complicaciones imaginables. La semana pasada, dos hombres balearon la línea de cajas de un supermercado en Mataderos cuatro días después de la llegada de una de estas cartas. Otro supermercado a pocas cuadras, sobre la misma calle, había recibido un mensaje similar. No se trata solo de territorio porteño: el calor sube también en Rosario. El diario La Capital detalló más de 20 casos investigados por la Fiscalía de Imputados no Individualizados a cargo de los doctores Verónica Caini y Marcelo Vienna, mensajes en mandarín pegados en las rejas de comercios.

Los peruanos aparecen mencionados como gatilleros o amedrentadores en la nueva temporada de delitos

Por otra parte, chino ya no mata a chino. Los atacantes de Mataderos fueron descriptos como de "rasgos peruanos" por testigos. No es un caso aislado; los peruanos suelen aparecer mencionados como gatilleros o amedrentadores en la nueva temporada de delitos. Hay fuentes en la comunidad que arriesgan que incluso habría "bolseros" de sicarios, hombres ligados a las mafias con una agenda de matones a sueldo. Y el método epistolar es un clásico, el eco de la primera era de las "tríadas" en el país, las organizaciones extorsivas que tienen correlatos en la China continental y que actuaron con fuerza en el país entre 2005 y 2009.

¿Por qué este resurgimiento de la mafia, entonces? Un investigador asegura: "No es que la mafia china se fue. Los problemas comienzan cuando la gente no quiere transar". Otras fuentes que conocen de cerca el problema hablan de dos aspectos clave. El primero es un devenir social predecible: las viejas estructuras mafiosas reaparecen para controlar a una nueva generación de chinos naturalizados en el país, que no están habituados a las históricas reglas. El segundo es más inquietante: que una tríada estaría cobrando fuerza a costa de las otras. Para la Policía Federal, hay más de un grupo en acción.

Con más de diez mil supermercados chinos en todo el país, en una realidad tan cotidiana como desconocida para cientos de miles de argentinos, cuya máxima interacción es un saludo casual al cajero, el problema se vuelve más complejo. Para entenderlo, hay que hablar en chino, o pensar en chino propiamente.

Las reglas no escritas

Lo que pasa entre chinos, con frecuencia, queda entre chinos. Para los miembros de la Justicia y la Policía Federal que investigan estos hechos, el trabajo suele ser frustrante: los supermercadistas no colaboran. Una voz de peso comenta: "No suelen denunciar. El problema ocurre cuando hay un cadáver o un balazo en una pierna, o un ataque a tiros. Con la Policía ahí, cuando llega el patrulero, reconocen los aprietes. Pero cuando van a declarar a Tribunales, dicen mucho menos". Hay una realidad que es cotidiana, por otra parte, una cuestión de proximidad. "El mafioso, el miembro de la tríada, es el primo, el conocido, el que le hizo los trámites y lo ayudó para entrar al país. Es más complejo que una simple amenaza", dice una fuente tribunalicia experimentada. Estos problemas llegan rara vez a FESACH, la Federación que aglutina a supermercadistas chinos, que incluso llegó a plantear denuncias informales en la Embajada china en años anteriores.

La Policía local tiene intercambios con sus pares orientales. Viajaron 50 miembros de las cuatro fuerzas de seguridad y hay un alto oficial jerárquico oriundo de Beijing apostado en el país junto a una presencia de efectivos permanente. Hay oficiales locales que conocen el idioma, pero la naturaleza misma de China con sus múltiples dialectos supone una barrera. Los intérpretes civiles locales llegaron en su momento a negarse a colaborar y se sospecha que fueron amenazados o cooptados. Los abogados defensores fácilmente pueden ver sus nombres al tener acceso al expediente. Investigadores tuvieron que oír respuestas como "no dice nada" o "habla de la familia" ante largas escuchas mafiosas en dialecto. En la comunidad todavía resuena un caso de un traductor que tuvo que volverse a China tras ser amedrentado.

Hay tabúes colectivos. Por ejemplo, las etnias y las geografías de Oriente no se cruzan. Un taiwanés nunca iría a un prostíbulo regenteado por fujianeses: el asunto terminaría con sangre en la vereda. Y un chino oriundo de una determinada ciudad jamás atacaría a otro de su misma ciudad, lo que equivaldría a cierta traición.

Hay, por otra parte, respetos básicos, cánones. Una ley tácita en la comunidad establece que, si un supermercadista se instala en una zona, deberá pagarle un monto al comercio chino más cercano, una suerte de indemnización. Que sea oriundo de la misma ciudad refuerza el vínculo. No pagarlo, tal como con la mafia, es garantía de rencores; un rencor es una posible vendetta.

Un caso particular

En el seno de la comunidad china hablan de crímenes que no solamente implican una estructura de tríadas tradicional. Deudas de juego o préstamos usureros impagos que devienen en violencia son un rumor corriente. Se escuchan versiones más inquietantes. Por ejemplo, no hay registros recientes de secuestros extorsivos entre chinos que hayan motivado una causa en Comodoro Py -el secuestro extorsivo es un delito federal- o una subsecuente escucha telefónica. Sin embargo, una voz de peso comenta: "Ocurren muy rara vez, pero no se denuncian y se resuelven rápido. Usualmente son motivados por deudas".

Este un razonamiento básico: una ley paralela engendra particulares que toman los asuntos en sus manos. La balacera del ex Gran Supermercado Anahí en la calle Pasco en Balvanera, ocurrida a fines de mayo último, parecería obedecer esta regla, en un hecho al menos confuso.

 Adrián Escandar 162
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Dos sicarios con casco puesto –uno de ellos funcionó como "campana"- descendieron de una moto para balear al hombre a cargo del lugar, que explotaba el fondo de comercio. Un tiro en el abdomen y otro en el cuello le valieron un traslado exprés al Hospital Ramos Mejía y una investigación de la Comisaría No. 18, que luego cayó en manos de una fiscalía de instrucción porteña. Los testimonios fueron escuetos, tímidos. Sin embargo, se supo que dos personas "de rasgos latinoamericanos" amedrentaron al hombre baleado poco antes del ataque, lo que motivó una consigna policial en el supermercado.

El hombre baleado, contra todo pronóstico, sobrevivió, aunque no colaboró mucho con la Justicia. Decidió refugiarse en otro supermercado chino, en algún punto de la provincia de Buenos Aires. El titular del fondo de comercio, por su parte, se exilió en China. La versión de un ataque sicario no le pareció creíble a los primeros policías que tomaron el caso: el video recolectado de las cámaras de seguridad, confían fuentes, parece un intento fallido de robo con dos disparos apresurados. El titular del fondo de comercio, por otra parte, parecía un sospechoso obvio, pero un detalle llamativo lo corre del centro de atención: el contrato entre ambos chinos vencía poco después de ocurrido el ataque. Sin embargo, queda un cabo suelto: ¿quién envió a los matones a amedrentar?

Hoy, el supermercado Anahí cambió de nombre y fue ampliamente remozado. La custodia policial permanece. La causa, para la Justicia, sigue abierta.

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