163
163

Traje elegante, una lujosa escalera de madera y una habitación vacía. Bushiri baja los peldaños con los brazos en alto, Viste un traje de diseño. La cámara recorre la habitación: un salón lujoso a la izquierda, una puerta cerrada a la derecha. Está todo listo para el "milagro",

Estamos en Zimbabwe, uno de los países más pobres del mundo. Bushiri es pastor. Se ha hecho millonario con los milagros, fruto de un poder que lo une a Dios, que obra sobre los hombres gracias a su mediación.

No le ha ido mal. El jet privado que utiliza es "un regalo del cielo". Y su cuenta bancaria ha aumentado tanto como el número de fanáticos que le profesan su fe. Claro que hay muchos que dudan de él, y el video que Bushiri subió a su cuenta en YouTube intentó convencer a esa legión de descreídos

Ahí está entonces Bushiri en la escalera. Baja con calma peldaño a peldaño. Pero algo cambia hacia el final. La cámara cierra el plano y sólo muestra sus pies, Es cuando vemos el milagro: Bushiri flota unos centímetros hasta posarse con suavidad en la alfombra.

La trampa ha sido tan obvia que puede hacer reír. La sombra del hombre que lo sostiene ha sido evidente durante la levitación; también su huida, una vez que el predicador toca el suelo. El audio también lo ha puesto en evidencia; una puerta que se cierra con prisa reveló la huida del cómplice.

Tal vez por el apuro, el ayudante del "profeta" cometió otro error imperdonable. La cámara que recorre la habitación para demostrar que Bushiri estaba solo en la habitación mostró entreabierta la puerta que antes se vio cerrada. La trampa, consumada.

Este tipo de prácticas pueden parecer burdas, pero son exitosas. Al menos para satisfacer los Bushirin. "Si creemos en los magos, por qué no creemos en los milagros de Dios"; ha dicho en su defensa. Los "milagros" son variados. El más popular convierte en dólares la devaluada moneda zimbabwense que sus seguidores atesoran en sus bolsos.

El video de aquellas sesiones de revaluación monetaria súbita han mostrado el efecto que produce en la muchedumbre. La trampa se ha consumado una vez más.