Al comentar la presencia de Cristina Kirchner en las Naciones Unidas, donde se entrevistó con los presidentes Xi Jinping y Nicolás Maduro, el ex embajador Diego Guelar criticó la vocación aislacionista del kirchnerismo, "que inventa bloques que no existen", y se mostró muy optimista con la nueva agenda global, que tiene un amplio consenso de naciones. También dijo que Francisco demostró, con el viaje que hizo a los Estados Unidos, que está entre los grandes líderes del mundo, junto a Obama, Xi Jinping, Merkel: "Sin ejército, sin poder económico ni financiero, gracias al Papa, el Vaticano está entre las grandes naciones que formulan la agenda del siglo XXI". En relación a la política exterior local a partir del próximo gobierno, dijo que "en muchas partes están esperando que Argentina vuelva al mundo".

—¿Qué espera del último discurso de la Presidenta ante las Naciones Unidas, que hoy hablará ante la Asamblea durante la tarde?

—Le puedo decir que es lo que me gustaría escuchar de la presidenta de los argentinos. Me encantaría el discurso de una presidenta que porta los 200 años de la Argentina y que mira hacia adelante. Que hiciera cierto balance para atrás, pero también una muestra que de quien está entregando la posta al que viene y a lo que viene, en un contexto de continuidad nacional. Aunque eso no será así, desgraciadamente no es así. Si me equivoco, sería una alegría, pero lamentablemente la Presidenta nos ha acostumbrado a un discurso doméstico, autorreferencial, a una visión parcial del mundo, y por lo tanto, no creo que vaya a haber demasiadas sorpresas con lo que hizo durante todos estos años.

—Tan parcial ha sido, que los contactos que tuvo hasta ahora fueron con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y con el presidente Xi Jinping, con quien mantuvo un encuentro a solas, de 20 minutos. Además, hay un gesto de Cristina que hay que tomar en cuenta, y es que estuvo presente en esta cumbre sobre la equidad de género organizada por China.

—Primero es bueno que haya habido una cumbre de igualdad de género organizada por China, que es una gran deuda de ese gran país, que va avanzando enormemente. Yo voy a China con frecuencia desde el año 80; el año pasado estuve tres veces, y veo cambios que se producen a nivel social. Hay muchísimo por avanzar, pero las últimas señales, relacionadas con medio ambiente, y ahora con esto, marcan una apertura del régimen, que espero sean una tendencia. También me parece muy bien que nuestra presidenta respalde esa nueva agenda en China, un socio creciente, muy importante, donde fuese quien fuese el presidente saliente y el presidente entrante, China es una realidad global muy importante. Tenemos ya un camino importante recorrido, y mucho más por recorrer. La diferencia a juicio del PRO es que tiene que ser en un marco de equilibrio, ya que no hay motivo para recorrer un camino exclusivo con China.

—¿Diría que este ahogo financiero que presenta la Argentina es una razón clave para privilegiar el vínculo con China?

—Sí, yo creo que estamos teniendo lo que podríamos llamar una suerte de chinodependencia, pero no por imposición China, sino por una decisión unilateral, que tiene que ver con el nivel de aislamiento frente a otros centros de poder. Hay mucho para hacer en relación a China, pero en otro marco. Una cosa es creernos que tenemos un bloque con Rusia, China, Irán y Venezuela, un bloque que no existe, porque son países que tienen relaciones con todo el mundo. Inventarnos nosotros bloques arbitrarios, es un problema que hay que verlo no en el campo de la geopolítica, ni de la ideología, sino claramente en la falta de verdad, porque ese bloque no existe.

—Hay una tendencia en la historia argentina a mirar el mundo de una manera extraña, excesivamente aislada.

—Hay una tendencia a inventarse mapas. En los 70 nos compramos el Tercer Mundo, que integraban supuestamente China, Argentina, Cuba, Yugoeslavia, India, Egipto, Argelia; teníamos un mapa que entendíamos como el tercerismo, que alguna razón de ser tenía, porque había una guerra mundial entre dos grandes imperios, pero cada uno lo interpretó como quería, a la carta. Ahora estamos en otro mundo, ya no existe más el Consenso de Washington, que duró muy poco tiempo, y hoy hay una suerte de consenso en construcción, que tiene como capitales a Beijing, a Washington, a Berlín, a Nueva Delhi, a Brasilia, y acaba de oficializar el propio Papa, al Vaticano. Hay una nueva globalización compartida, está Obama, Xi Jinping, Merkel, y en el Papa. Este viaje lo consagra, sin ejércitos, sin poder económico ni financiero, en la cúspide, de los grandes dirigentes de esta construcción nueva que es la nueva globalización, apasionante, sobre todo para las generaciones que vienen.

—También marca la importancia de los liderazgos blandos en esta nueva etapa de la historia mundial. Francisco es la demostración de cuánto vale el poder simbólico, cuánta necesidad de poder simbólico existe en las sociedades actuales.

—Si hubiera una sola norma global que se pudiera patentar, no tendríamos más guerras. De que en la primera fila tiene que haber hombres o mujeres que tengan más de 40 años. La historia de las guerras se basó en que en la primera fila están chicos de 18 o 20 años. Si hubiera una norma internacional que obligara a los países en primera fila a hombres de 40 años, no habría más guerras. Esta conciencia del soft power, del poder de la diplomacia, del poder moral, del poder de los valores, está ocupando un lugar extraordinario, y ubica un mundo distinto. Así como el siglo XX fue el siglo de las grandes guerras mundiales, hoy hay una globalización pacífica, no hay peligro a mi juicio de un conflicto universal que se nos fuera de las manos, vamos a una nueva agenda, que tiene mucho que ver con muchas de las cosas que habló el Papa.

—Para ir cerrando, lo veo optimista con respecto a los próximos años a escala global. ¿Es igualmente optimista en relación a la Argentina? ¿Qué podemos esperar en materia de relación con el mundo a partir del 11 de diciembre?

—Yo creo que hay un ciclo inevitable que se cierra, y otro que comienza. Se podrá hacer con más convicción; en el caso de Cambiemos, lo venimos planteando como un dato programático, a nosotros no nos sorprendería ese cambio de ciclo, sino que al contrario queremos impulsarlo desde la unidad nacional, no volver al esquema de que porque gana una parcialidad, le va a imponer algo a la otra. Queremos que como nación nos incorporemos al mundo que nos está esperando. Pero no hay ninguna duda de que el próximo ciclo que abrirá la Argentina en el año 2016 tenemos que ser muy optimistas.