Quién será la sucesora de Michelle Obama

Michelle Obama: glamour y acción social. Casa Blanca 162
Michelle Obama: glamour y acción social. Casa Blanca 162

Melania y Columba. Cualquiera de ellas podría ser la próxima Primera Dama de Estados Unidos. Bueno... y también Bill. Porque, en la carrera hacia la Casa Blanca, las parejas de los candidatos –Melania Trump, Columba Bush y Bill Clinton, que bien podría convertirse en ¿primer caballero?, un rol que jamás ocupó un hombre– hablan a su manera del estilo de cada uno de los posibles presidentes.

Durante dos mandatos consecutivos, Michelle Obama ha sido un modelo a seguir. Una imagen maternal que nunca abandonó las causas filantrópicas, o una primera dama comprometida con su país que nunca dejó de lado su rol de madre. Una mujer lo suficientemente seria como para comprometerse con la lucha por las mujeres prisioneras de Boko Haram o trabajar por los derechos de la comunidad homosexual, y lo suficientemente informal como para atreverse a un paso de comedia en el programa de Ellen DeGeneres o a bailar en el de Jimmy Fallon. No le huye a compromisos menos protocolares, como entregar un Oscar (fue la única primera dama en la historia que lo hizo, cuando anunció que Argo, del 2012, era la ganadora del premio a mejor película). Pero tampoco deja de ser absolutamente perfecta en cada situación "de estado".

La prensa norteamericana ha dicho de la esposa de Barack Obama que tiene el decoro de Bárbara Bush y el encanto de Jackie Kennedy. En el 2008, la revista Newsweek utilizó la expresión "populista fashion", que la describe de pies a cabeza (o más bien de zapatos a peinado). Porque de eso se trata Michelle –y no es la única, Kate Middleton es la especialista–, de combinar diseños exclusivos de Michael Kors o Joson Wu con prendas de J. Crew o Target.

¿Pueden una ex modelo eslovena, una inmigrante mexicana y un ex presidente con pasado de escándalos sexuales llenar los zapatos de la actual primera dama y caminar con su gracia por las alfombras del poder?

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Quién es esa chica


La esposa de Donald Trump es, de las candidatas en danza, la que definitivamente tiene un perfil más ligado al glamour. Graduada en diseño y arquitectura en la Universidad de Ljubljana, en Eslovenia,

inició una carrera de modelo que la llevó a vivir en las tres grandes capitales de la moda: Milán, París y –finalmente, en 1996– Nueva York, donde conocería al magnate del peinado inusual y la campaña polémica.



Fue "la chica de la tapa" en una colección de revistas que cualquier modelo envidiaría, incluyendo

Vogue, Vanity Fair

y

Harper's Bazaar

, entre otras.



A diferencia de Michelle Obama, Melania Trump es una chica de gustos caros. "Sus destinos, a la hora de comprar, incluyen las tiendas de Gucci, Louis Vuitton, Chanel y Valentino", diría sobre ella la revista

Elle

. Alexander McQueen y Christian Dior son habitués de su closet (Dior hizo su vestido de bodas, que costó 200.000 dólares) y los zapatos de Louboutin son infaltables. Joyas y accesorios, de los propios: en el 2010 lanzó su línea.



Casada con Donald Trump desde el 2005, tienen un hijo, Barron William, nacido un año después. A lo largo de su carrera, Melania se ha involucrado en diferentes causas filantrópicas y fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la Cruz Roja.



Desde que su marido lazó su campaña presidencial, ha mantenido un perfil bajo. Podría decirse que es una chica afortunada: Donald sufre de una cierta xenofobia selectiva y, aún cuando –dice– levantaría un muro que lo separe de México, no tiene problema en compartir alcoba y vida social con una nativa de Europa del Este.



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Señora de Bush

Lejos del brillo de los Trump, Columba Bush –62 años, tres hijos adultos, esposa de Jeb Bush, ex gobernador de Florida, "el Bush inteligente", como lo llaman las lenguas más afiladas de su país– es más bien una mezcla de Cenicienta moderna y personaje de telenovela. Es la inmigrante que no hablaba inglés y que, sin embargo, podría convertirse en Primera Dama de Estados Unidos (y provocarle un ACV a Donald Trump, seguramente).


¿Estilo? No, eso no venía en el equipamiento de fábrica. Nunca se la ve desarreglada, pero sí vestida con un grado de sobriedad sin estridencias que la hacen lucir como lo que es: una madre bien vestida.


La historia de amor ya es conocida: en 1970, un jovencísimo Jeb Bush enseñaba inglés en León, México, cuando conoció a Columba. Se casaron en 1974, en una ceremonia sin fiesta para todo el clan Bush y dos familiares de la novia –la madre y la hermana–, que no hablaban una palabra de inglés ni entendían del todo qué estaba sucediendo.


Católica practicante, mantuvo en general un perfil bajo. Mientras fue primera dama del estado de Florida, dedicó su actividad filantrópica a la prevención del consumo de drogas y alcohol en los más jóvenes, y a la lucha contra la violencia doméstica. Recién ahora, de cara a una campaña presidencial, abrió cuentas oficiales en las redes sociales Twitter e Instagram, y comenzó a aparecer en público en actos proselitistas. "Orgullosa madre, abuela y esposa", dice su perfil de Twitter.


Según el Miami Herald, ya desde el 2011 Columba apoya la idea de que su marido sea presidente, con la sola condición de que se reserve en su agenda un tiempo en la semana para compartir con ella, los hijos y los nietos.


No podía esperarse menos de una madraza latina.


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Bill for First Lady

¿Qué puede decirse del ex presidente saxofonista, del protagonista del Lewinskygate, del bon vivant de Arkansas? Poco y nada que no esté ya dicho, escrito, filmado y documentado. William Jefferson Clinton sabe que es un personaje popular al punto que, ante la nominación de su esposa como precandidata a la presidencia, se dedicó a apoyar la campaña con un "hashtag" en redes sociales que proponía #BillForFirstLady, Bill postulándose a Primera Dama.


Desde su salida de la Casa Blanca, Clinton se ha dedicado mayormente a dictar conferencias sobre liderazgo en todo el mundo. "Su rasgo de estilo más poderoso es que es capaz de generar intimidad ante una audiencia de cincuenta personas o de cincuenta mil", diría sobre su presencia la revista Forbes.


Es un caso único: primer hombre en ocupar el rol protocolar y, además, el único que ya fue residente de la mansión de la Avenida Pensilvanya. Seguramente nadie conoce el trabajo mejor que él.


Es complejo compararlo, a la hora del estilo. Un hombre tiene muchos menos recursos. Y, a la hora de vestir, Clinton siempre ha sido muy... "presidencial". Los trajes oscuros y las camisas claras funcionan para toda ocasión. Lo más informal que se lo suele ver es de pantalón y saco, pero sin corbata; sin sucumbir a la tentación geriátrica de la chomba salvo para la ocasión que realmente lo amerita: cuando va a jugar al golf con Barack Obama.


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Futuro incierto

Quién será el próximo presidente norteamericano es aún difícil de prever. Contra todas las expectativas, Donald Trump ha crecido en las encuestas, en detrimento de Hillary Rodham Clinton, además de que muchos –demasiados– candidatos alternativos se han subido a la pugna por un lugar en la boleta de las elecciones generales.


Por lo pronto, cada una de las figuras relevantes tiene en su cónyuge algo para aportar. Entre el estilo de Melania, el espíritu de lucha de Columba o la experiencia de Bill, algo interesante seguramente habrá de suceder.


Pero claro, ninguno de los tres será Michelle.