flickr 162
flickr 162

Trece mil personas por año se anotan para ingresar como auxiliar en el Poder Judicial de Mendoza. Pero parece que lo difícil está en los exámenes de ingreso, ya que solo unos pocos logran aprobar. Según revelaron las autoridades, 3 de cada 4 universitarios de Abogacía, Ciencias Políticas y Comunicación Social que rinden las pruebas son bochados por faltas de ortografía y mala acentuación.

Según detallaron los docentes a cargo del ingreso de postulantes, el examen era un texto que contenía 25 errores ortográficos, de los cuales se debían detectar al menos 17 para aprobar. De las 2.481 personas que rindieron, desaprobaron 1.838, es decir el 74%. Solo aprobaron 643.

Al respecto, el vocero del Poder Judicial detalló que los errores más comunes fueron que los aspirantes no lograron identificar los acentos interrogativos o no reescribieron palabras mal escritas como "grabamen" (se escribe gravamen), "exijir" (va con "g"), entre otras falencias de escritura. A diferencia de años anteriores, esta vez la velocidad en el tipeo no fue un problema: rindió bien el 42% de los aspirantes de 6000 que se presentaron a los exámenes.

"Son pruebas muy complejas y completas. La última etapa demanda conocimiento de Derecho Constitucional, Penal y Laboral", dijo a Clarín un funcionario de la Magistratura que forma parte de la selección de los aspirantes. Los profesores coincidieron en que el problema se trata "de una deficiencia del secundario porque ya casi no se lee. De lo contrario, no habría un nivel tan bajo". A su vez, responsabilizaron también al uso del celular: "Se dejan de usar los acentos y nadie repara en algunos errores ortográficos que se vuelven habituales".

De acuerdo a lo informado por el Poder Judicial mendocino, el examen se hace cada dos años y en promedio ingresan 70 empleados por año, aunque reconocen que en este periodo podrían llegar a incorporar 200. Lorena Martín, una de las aspirantes que pasó exitosamente la prueba de ortografía con 9,20 puntos, es locutora y licenciada en Comunicación Social y contó en diálogo con Clarín que se inscribió en marzo y que de inmediato se puso a practicar dactilografía en su casa. "Un veinteañero que rindió junto a mí escribía muy rápido pero hizo todo el trabajo en mayúsculas y fue bochado", lamentó.