El incidente se produjo a 200 kilómetros de la ciudad de Jachál. NA 162
El incidente se produjo a 200 kilómetros de la ciudad de Jachál. NA 162

En un extraordinario libro llamado "Colapso", en el que analiza la historia de las civilizaciones que se extinguieron producto de una crisis ambiental, el biólogo Jared Diamond, ganador del Pulitzer y oriundo de Montana, el Estado minero por excelencia de los Estados Unidos, se pregunta: "Cuando se sabe que un proyecto minero usa toneladas de cianuro cada día, ¿no es válido que la población se inquiete?".

Esa inquietud provocada con la llegada de la minería a cielo abierto más la desaprensión histórica de los grupos multinacionales que van en busca del poco oro que queda en las montañas hizo que, como cuenta Diamond, "a pesar del tradicional lazo que los habitantes de Montana tienen con la minería como valor tradicional que define la identidad de su estado, últimamente se han desilusionado cada vez más con la minería y han contribuido a la práctica desaparición del sector en Montana". En 1998, para sorpresa de la industria y de los políticos que apoyaban la industria y recibían apoyo de ésta, los votantes de Montana aprobaron en referéndum la prohibición de un método de extracción de oro plagado de problemas y denominado "minería de filtrado de cianuro".

El cianuro es veneno: Barrick Gold asciende diariamente a la montaña dos toneladas

Ese sistema es el que se aplica en Veladero, la mina que explota Barrick Gold en las montañas de San Juan, en la que se acaba de producir un opaco incidente que como resultado de la presunta rotura de una válvula, liberó al exterior una cantidad desconocida de solución cianurada.

De más está decir que el cianuro es un veneno. En el mundo de la literatura y del crimen pasional alcanza con un gramo para condenar a una persona. Barrick asciende diariamente a la montaña dos toneladas de cianuro.

Lo que cuenta Diamond en "Colapso" respecto de Montana, que vale recordar queda en los Estados Unidos, pone en cuestión aquella aseveración de Juan José Mussi, cuando era secretario de Medio Ambiente de la Argentina, hace poco más de tres años: "si se hace como en los países desarrollados, con responsabilidad y dentro de la ley, no debería haber ningún problema", dijo. Mussi se corregía a sí mismo: un año antes, en un programa de la TV Pública su inconciente lo traicionó y lo hizo decir que "lo que en verdad contamina es la minería a cielo abierto".

 Flickr Pascua-Lama 162
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Es claro que lo que acaba de ocurrir en Veladero es un accidente y no tiene por qué repetirse. Es claro también que cuando los accidentes pueden detonar situaciones sin remedio (la contaminación con cianuro de las fuentes de agua potable sería poco menos que irreversible y de consecuencias irreparables) la actividad que los desata debe, a ojos del Estado, someterse a una lógica de costo-beneficio. Es decir, se sabe que de la caída de un avión nadie sobrevive pero también se sabe que la aviación aerocomercial es un bien indispensable.

Con esa lógica, cada vez que alguien somete a una crítica a la minería a cielo abierto, sus voceros los acusan de enfrentarse al progreso. En medio de una polémica pública en la que intervinieron representantes de la Iglesia acompañando a los pobladores que se oponen a la minería a cielo abierto en la Patagonia, la Cámara Minera de la provincia de San Juan envió una nota al obispo diocesano de Bariloche, Fernando Maletti, vocero de un documento crítico elaborado por la Pastoral Social Diocesana, expresándole que abandonar la práctica de la minería es, lisa y llanamente, "condenar a los pueblos y retrotraerlos a la era de las cavernas".

Lógica similar persiguió en 2012 un aviso publicitario de la Cámara de Empresarios Mineros, financiado –según reza en los créditos- por las empresas mineras trasnacionales Barrick Gold, La Alumbrera, PanAmerican Silver y Vale. En el spot publicitario se enumeran las situaciones de la vida actual que no podrían ser posibles sin minería: "Imaginar un mundo sin minería es pensar en una casa sin paredes ni techo, en un enfermero sin ambulancia, un científico sin computadora...". Curiosamente, en la versión original cuyo tráiler había distribuido la agencia de publicidad, se incluía también la idea de que un mundo sin minería equivalía a imaginar "un casamiento sin anillos", pues, se sabe, la principal actividad de la minería cuestionada no es la extracción de cal o granito, sino la extracción de oro.

Allí radica quizás la discusión que habría que dar acerca de la minería a cielo abierto y que queda obturada con la anatemización que supone sentenciar de troglodita a quien propone el debate. "Esta" minería (a cielo abierto) no es "la" minería. La actividad extractiva de minerales metalíferos, principalmente oro, adopta la tecnología del uso del cianuro dado que las vetas están agotadas. Se vuela entonces –literalmente- una montaña y se pasan los millones de toneladas de roca por una solución con cianuro para separar el mineral valioso, desperdigado en la tierra, del resto inservible. El impacto ambiental, paisajístico y sobre los glaciares que supone esa voladura ya justificaría la angustia.

Comparar "esta" minería con la minería que obtiene granito para una mesada es un chantaje intelectual avieso. Pretender que quien se opone a "esta" minería está en contra de "la" minería es una provocación tendiente, quizás, a esconder justamente los dudosos métodos de "esta" minería.

Por otro lado, el producto estrella que convoca a la minería a cielo abierto a la Argentina es el oro. Difícil sostener que quienes cuestionan esa explotación condenan a la sociedad al atraso de un enfermero sin ambulancia: el 83 por ciento del oro que se extrae mediante estos procesos se destina a lingotes que duermen en los bancos o a joyería suntuaria.

 @lavacatuitera 162
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Finalmente, en términos de costo-beneficio se dirá que un poco de cianuro justifica la inversión y el desarrollo que implica "esta" minería (a cielo abierto). Quienes la cuestionan afirman que el marco generado en los 90, e intensificado en la última década, brinda a la minería trasnacional beneficios impositivos ingentes que, por supuesto, sus ejecutivos relativizan. El economista Arturo Trinelli reconoce lo exagerado de esos beneficios y agrega, con datos de Instituto de Estudios Fiscales y Económicos, que "a medida que se fue incrementando la producción aurífera, la participación del Estado en su captación fue significativamente menor a favor de los privados, pasando de 34 por ciento en 2008 a 24 por ciento en 2010", y luego siguió cayendo. Esto cuadra con lo que sostiene Eduardo Gudynas en cuanto a la esencia del modelo actual de obtención de materias primas en América latina: al ser la extracción y la comercialización el nudo del negocio, la propiedad de los recursos pasa a ser secundaria, con lo que la condición estatal de esa propiedad no garantiza soberanía a la hora de su explotación. El tema es quién se queda con la renta: en la citada Veladero, Barrick multiplicará por quince su inversión inicial a lo largo de unos quince años de extracción de oro. Para eso, usa 110 litros de agua por segundo (que le será retaceada a usos agrícolas menos dañinos y socialmente más contenedores) y el ya citado cianuro.

La discusión que actualiza el caño roto esta semana es si vale la pena el riesgo. Y allí entra a tallar la forma en que se adoptan las decisiones. En una sociedad democrática y moderna, las decisiones acerca de situaciones ríspidas en las que se debe sopesar con seriedad la relación costo-beneficio pues están involucradas la salud y el capital natural deben ser adoptadas con amplia participación. El voto cada equis años para cargos ejecutivos no cubre esa exigencia. Las escasas veces en que en la Argentina se logró consultar a la población (Esquel y Loncopué) el rechazo a la megaminería fue rotundo. Los vecinos de Jáchal, el pueblo que toma agua al pie de Veladero, aseguran que a ellos no los consultaron.