AP 163
AP 163

El próximo gobierno tendrá que enfrentar un atraso cambiario y un déficit fiscal de los más altos de la historia. Se llega con ambos problemas exacerbados producto de las políticas de estos últimos dos años. El "plan Kicillof" tuvo como objetivo fundamental evitar que la economía se filtrara como tema de la campaña electoral; en el entendimiento que así se conseguía poner al candidato oficialista con las mejores perspectivas de ser electo presidente.


Más específicamente, la idea era evitar que el dólar y las reservas se instalasen como tema de campaña, aún cuando significase tomar medidas que pusieran en riesgo la actividad económica. Se recurrió entonces a la apreciación real (atraso cambiario) y a la cosmética de las reservas del BCRA (swaps y pisada de pagos de importación) para intentar llegar a la meta. El atraso cambiario, a su vez, permitió crear la sensación de que "tan mal no estamos", alentando el consumo interno de los bienes transables cuyos precios relativos cayeron (alimentos), impulsando el financiamiento con tarjetas de crédito (Ahora 12) y fomentando el consumo en el exterior de aquellos que pueden viajar al exterior.


Pero, por diversos motivos, se les escapó la tortuga unos 120 días antes. ¿Por qué no lo lograron? Descartando de plano la explicación preferida por las autoridades económicas argentinas ("una conspiración de los poderes económicos concentrados"), existen, a nuestro juicio, al menos cuatro motivos principales.


El más previsible: el ADN argentino que dicta esperar las elecciones en dólares. Un fenómeno que se repite en las presidenciales y que antes de que existieran las PASO ocurría hacia fines del invierno y que ahora ocurre cuando se inicia.


El más inexplicable: declaraciones poco afortunadas de las principales autoridades del país acerca de la escasez de reservas y de lo que podría suceder si se eliminara el cepo.