El ex presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, fue detenido a la espera de que un juez decida si plantea cargos formales en su contra 163
El ex presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, fue detenido a la espera de que un juez decida si plantea cargos formales en su contra 163

"Rousseff enfrenta crisis política sin precedente", titulaba uno de los tantos cables de la agencia de noticias AP que los periodistas reciben todos los días. "Guatemala acudirá a las urnas en medio de una crisis sin precedentes", decía una nota del diario español El País. "Obispos alertan sobre crisis sin precedentes en Venezuela", acusaba el sitio de noticias chileno Emol. Nada tiene precedentes, pero (casi) todo -alguna vez- ya pasó.

En 1992, el presidente de Brasil, Fernando Collor de Melo cayó luego de un impeachment. El 25 de mayo de 1993, el mandatario guatemalteco Jorge Serrano Elías protagonizaba un autogolpe –el "Serranazo"– y disolvía el Congreso, pero 10 días después las fuerzas democráticas restablecieron la institucionalidad y designaron un nuevo jefe de Estado. Ese mismo año, el mandatario venezolano Carlos Andrés Pérez era destituido de sus funciones.

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Más de 20 años después, las crisis "sin precedentes" que parecen terminales volvieron a varios países de América Latina. Curiosamente, a los mismos: Brasil, Guatemala y Venezuela. Y también hay frecuentes protestas contra Rafael Correa en Ecuador. Ahí tampoco habría precedentes. Pero a Abdalá Bucaram lo destituyeron en 1997 después de un levantamiento ciudadano.

En Brasil, casi un millón de personas salieron a las calles a protestar contra la corrupción del caso Petrobras que involucra a un sinfín de dirigentes políticos y empresarios. Todavía no hay pruebas concretas que compliquen a Dilma Rousseff personalmente, pero se cree que es muy difícil que haya sido totalmente inconsciente de la trama.

 AFP 163
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En Guatemala, es cierto que hubo algo inédito. Pero la novedad no fue tanto la caída de un presidente (Otto Pérez Molina, quien renunció esta semana), sino que por primera vez en la historia del país un mandatario fue desaforado. "Estas protestas de Guatemala son históricas, por el nivel alto de participación y la composición variada de los manifestantes. Los escándalos (como los de corrupción) y las protestas callejeras son elementos que han jugado un rol importante en muchas caídas presidenciales", explica a Infobae la profesora de la Universidad de GIGA en Alemania, Mariana Llanos.

En Ecuador, a comienzos de agosto comenzaron las protestas sociales y miles de personas –la mayoría indígenas- se han manifestado contra las enmiendas a la Constitución, la ampliación de la explotación petrolera y minera, un acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea (UE) y los cambios en la normativa sobre el agua y la educación.

En Venezuela la cosa está mucho peor. Escasez de alimentos y de medicamentos, altísima inflación y una dramática baja de los precios del petróleo que le proporcionan al país el 90% de sus divisas, pero también presos políticos y dudosa institucionalidad. Crisis económica más crisis política. En realidad, se note más o menos, esta es la fórmula maldita de todos los países que tiemblan en la región.

"Aunque el sistema presidencial establece mandatos fijos, los presidentes de este período saben que están en riesgo y tienen que considerar que el riesgo de no terminar su mandato es un escenario posible", indica Llanos.

Protestas frente al Congreso antes de la quita de inmunidad a Pérez Molina Reuters 163
Protestas frente al Congreso antes de la quita de inmunidad a Pérez Molina Reuters 163

Rasgos comunes

Más allá de las particularidades de cada uno de los casos, los analistas encuentran similitudes. Los escándalos, las protestas y el decrecimiento económico aparecen en los distintos países de la región.

"Lo que tienen en común las manifestaciones en Guatemala, Brasil, Ecuador y Venezuela es que el resurgimiento de la conflictividad y de la potencial inestabilidad presidencial se produce en el contexto del agotamiento del ciclo de crecimiento económico que vio América Latina desde principios de siglo XXI. Hay un agotamiento del boom de las materias primas, lo que abre un clima de conflictividad social, en el cual los temas que eran fuentes de conflicto en los 90 vuelven a aparecer, como la corrupción. La opinión pública tiende a ser bastante benevolente con la corrupción cuando en períodos de expansión económica, pero cuando la economía se pone mala, la opinión pública se pone muy sensible a la corrupción", señala a Infobae el politólogo argentino Aníbal Pérez-Liñán, docente e investigador de la Universidad de Pittsburgh en Estados Unidos.

"Cuando la economía se pone mala, la opinión pública se pone muy sensible a la corrupción", explica Aníbal Pérez-Liñán

En la misma línea lo explica el profesor de la Universidad de Oslo, en Noruega, Leiv Marsteintredet. "Algo similar entre las crisis es que la economía de América Latina se está estancando, lo que aumenta el riesgo de que caiga la popularidad de los presidentes y salgan noticias de escándalos de corrupción. Eso ayuda a que la gente salga a las calles, por lo que los presidentes los presidentes están más débiles para enfrentar ataques de la oposición", asegura a Infobae.

Los expertos coinciden en que hay dos grupos de países diferenciados. Por un lado, Brasil y Guatemala tienen lógicas más institucionalizadas, mientras que en Venezuela y Ecuador la crisis es más problemática debido al bajo apego a las reglas formales de la democracia por parte de sus dirigentes. En ambos casos los ciudadanos protestan en las calles, pero las diferentes dinámicas pueden desembocar en resoluciones distintas.

"En Brasil y en Guatemala, las crisis son estructuralmente parecidas a las de los años 90: hay un mal momento económico y una serie de agentes que exponen la corrupción –los medios de comunicación y las agencias investigativas sobre las cuales el gobierno tiene poco control-, lo que genera una mezcla explosiva porque hay exposición de la corrupción y un contexto social muy sensible a esos temas", expone Pérez-Liñán.

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"El segundo modelo es el de Venezuela y Ecuador, que están en un contexto en el cual sus gobiernos trataron de prevenir este escenario de distintas maneras intentando cerrar el flujo de información –continúa-. Son países en los que la transparencia del gobierno ha caído. Los gobiernos tienen cada vez más control sobre los medios de comunicación, sobre el poder judicial y las fiscalías".

La crisis dentro de este último grupo de países asoma como mucho más profunda. En ambos grupos la crisis es social, política y económica, pero el apego a las instituciones de los gobiernos de Maduro y Correa es mucho más débil. Entre los caribeños, no está tan claro que la salida sea democrática. Ni siquiera cuando se avecinan unas elecciones legislativas, que tendrá lugar el 6 de diciembre. "En Ecuador y Venezuela la crisis está más en la calle porque la oposición no encuentra posiciones fuertes en las instituciones y se tira a las calles para criticar el modelo político y el estancamiento económico. En estos países se cuestiona a todo el régimen político: las demandas son políticas, económicas y sociales. Se cuestiona el modelo Chávez-Maduro", opina Marsteintredet, quien no ve "nada positivo" en el futuro cercano de Venezuela.

Próximos a unos comicios parlamentarios, la coalición cívico-militar que sostiene al chavismo podría desintegrarse. O rebelarse. "En Venezuela, la política hoy en día es más parecida a la política latinoamericana de los años 50, no a la de los 90. El gobierno está decidiendo si va a ir a una elección en la cual puede perder, o si va a tratar de evitar esa elección. Está tratando de maniobrar en el margen para poder ir a la elección sin correr el riesgo de perder, encarcelando a algunos opositores y prohibiendo a otros. Si las encuestas siguen sin cerrar, deberán tomar la decisión ir a la elección o cancelarla. Si pasara esto último, la inestabilidad dejaría de ser inestabilidad institucional de gobierno como la que vimos en América Latina de los años 90 y se transformaría en una inestabilidad de régimen", afirma Pérez-Liñán.

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El futuro de los presidentes en crisis dependa muy probablemente de lo que el propio Pérez-Liñán llamó hace algunos años el "escudo legislativo". En otras palabras, los jefes de Estado con apoyos políticos sólidos en el Congreso tienen menos posibilidades de caer. Otto Pérez Molina lo supo mejor que nadie y lamentó hacia el final de su mandato el sistema de partidos débiles y fragmentados propio de Guatemala. Brasil tiene uno de los sistemas más fraccionalizados del mundo, pero así se sostiene: con coaliciones mayoritarias. Y Dilma tiene un PT con una vasta estructura, reacio a dejar el poder tan fácil. En Venezuela y Ecuador los partidos del gobierno fueron armados ad hoc para sostener a los líderes que los inventaron -y a sus delfines. Eso les podría dar una mayor disciplina y fidelidad. Pero no está tan claro si saben jugar –o cómo lo hacen- en momentos en que la opinión pública no les es tan favorable.