Así reflejó la televisión de la época la devolución del cadáver de Evita

En aquel lejano mes de septiembre de 1971, desde Milán, Italia, una camioneta conducida por un chofer italiano, que ignoraba la misión histórica que estaba cumpliendo, trasladaba los restos de María Eva Duarte de Perón hacia la residencia de su viudo, el exiliado general Juan Perón, en las afueras de Madrid.

En el video que acompaña esta nota, filmado en Milán poco después de la devolución del cuerpo, puede verse a un emocionado chofer italiano, entrevistado para Nuevediario por Osvaldo Papaleo, declarar: "Me siento muy honrado de haber llevado los restos de Eva Perón a su pueblo y particularmente a su marido y a su familia". Algo de lo que se enteró recién a su regreso, cuando se lo comunicó la policía francesa. En el informe de Papaleo, habla también el funcionario italiano a cargo del cementerio que presenció la exhumación del cuerpo, dos días antes de su devolución a Perón, el 1º de septiembre de 1971.

Por otra parte, en breve, Infobae dará a conocer otro archivo fílmico inédito sobre este episodio histórico que constituye una verdadera primicia mundial.

Volviendo a aquel 3 de septiembre de 1971, ese día el cadáver salía del secreto en el cual lo habían hundido los militares que derrocaron a Perón en 1955 y que en diciembre de aquel mismo año lo habían robado del edificio sede de la CGT, en la calle Azopardo. Embalsamado por el doctor Pedro Ara, el cuerpo de Evita –fallecida el 26 de julio de 1952- descansaba allí por voluntad de Perón.

Pero al ser exhumado en Milán, el cadáver salía también de la clandestinidad, ya que había estado durante 14 años y medio sepultado en el Cementerio Mayor de la ciudad italiana con el nombre de María Maggi de Magistris, nacida en Dalmine, Bérgamo, y muerta en Rosario en 1951 en un accidente de auto.

Bajo esa identidad ficticia, el cuerpo de Evita había sido "repatriado" a Italia desde Argentina. Fue inhumado en el cementerio de Milán, con anuencia de algún sector de la curia vaticana, el 13 de mayo de 1957.

Allí permanecería por años, mientras en torno a su destino se tejían numerosas leyendas.

Hasta que, en 1971, ante la evidencia de que la memoria del peronismo no sólo no había sido borrada en la conciencia de muchos argentinos, sino que ganaba vigencia en las nuevas generaciones, la dictadura militar había iniciado contactos con el general desterrado con miras a negociar una salida en las mejores condiciones posibles. La devolución del cadáver de Evita fue uno de los reclamos de Juan Perón al general Alejandro Agustín Lanusse, quien entonces ocupaba la presidencia.

Luego del derrocamiento de Perón, en septiembre de 1955, temiendo que la tumba de la "Abanderada de los Humildes" se convirtiese en un sitio de peregrinaje para un movimiento proscripto, perseguido y "huérfano" desde el exilio de su líder, los jefes militares habían decidido llevárselo de la CGT.

Tras un tiempo de vacilaciones, y mientras los restos de Evita deambulaban clandestinamente por diferentes sitios -entre otros, la sede del Servicio de Informaciones del Ejército-, el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu encontró –en consulta con sectores de El Vaticano por intermedio del vicariato castrense- un destino a la vez seguro y secreto para el cuerpo de Eva Duarte de Perón.