Después de una larga investigación, se acaba de publicar Doble agente. La biografía inesperada de Horacio Verbitsky, escrita por Gabriel Levinas, en colaboración con Marina Dragonetti y Sergio Serrrichio. El libro demuestra fehacientemente los vínculos del columnista de Página/12 con la dictadura militar durante cuatro años, desde 1978 hasta 1982, cuando recibió mensualmente honorarios por escribir discursos para la Fuerza Aérea. Por lo menos, formalmente.

"No creo que lo hayan protegido sólo por ese trabajo", dijo Levinas en la entrevista, dando a entender que daba otro tipo de información, vinculada a sus compañeros de la organización Montoneros. También explicó que la personalidad de "doble agente" la expresó por primera vez cobrando un sueldo que le entregaba el secretario privado de Onganía, en tanto escribía en Confirmado y militaba en la CGT de los Argentinos. Luego, trabajó para Clarín mientras ya se desempeñaba como oficial de inteligencia de Montoneros. Al presentar en InfobaeTV este libro, que ya puede considerarse uno de los mejores de la historia de la investigación periodística argentina, y a pesar de que le hackearon la computadora y de que Verbitsky manda mensajes amenazadores a través de sus notas, Levinas aseguró que "no le tengo miedo a este tonto".

Porque son dos periodistas que lo padecieron a Verbitsky, y de alguna manera, simbolizan lo que la maldad de Verbitsky es capaz de hacer. A veces en aras de su agenda, de su objetivo político, es capaz de dañar de una manera increíble a gente de manera personal. En caso de Nudler utilizando el cáncer como dando a entender que esa situación le llevó a perder la capacidad periodística. En el caso de Susana, la maltrató tanto porque ella sabía, además. El cadete Güiraldes, que le salvó el pellejo en momentos difíciles, porque podría ser una situación de riesgo para su familia y para él, cuando él lo necesita para un asunto de Aerolíneas en el el 2003, el Perro no le atiende el teléfono, entonces la llama a Susana. La llama con la intención de presionarlo a Verbitsky, sin saber que Susana ya estaba en problemas con él. Y le dice: ¿usted sabe por qué Verbitsky no me atiende el teléfono? Ella le pregunta: ¿Y por qué tendría que atenderlo? Susana no entendía lo que Güiraldes le preguntaba, y él le cuenta que lo ayudó, que trabajó para él, y la profunda relación que tenían.

Exacto. Y ella le pide ver esos textos, y él le dice que no. Pero anota esa frase. Por eso antes de morir, por unos textos de Verbitsky contra Bergoglio, Susana escribe una nota en Clarín con ese texto, sin mencionarlo a Verbitsky, porque no tenía la documentación que lo respalde y no quería complicar al diario. Fue la última nota que Susana Viau escribió, una semana antes de morir.

Es muy difícil saber exactamente qué tuvo que hacer Verbistky para poder zafar, para poder sobrevivir. Lo que nosotros encontramos, lo más importante, no tiene que ver con cuánto ganaba y lo que hacía. Lo que sí es seguro es que recibía dinero que provenía de la Aeronáutica. Lo que yo no creo es que por escribir un par de discursitos y hacer un librito sobre la Aeronáutica o Jorge Newbery o sobre lo que sea le vayan a salvar la vida. Tiene que haber hecho alguna otra cosa más, siendo quién era, y teniendo la información que él tenía por haber pertenecido a la organización Montoneros desde el principio, trabajando con Walsh, con Paco Urondo.

Sería muy poco perdonarle la vida por hacer discursos. Era muy raro que le perdonaran la vida a alguien. No era además el único que escribía discursos. Era parte de un staff, el que escribía finalmente los discursos era Güiraldes. Lo que queda claro es que estaba trabajando. Qué hizo, lo sabrá Dios. El dice que le encargaron escribir el libro de Jorge Newbery, lo que no es cierto, porque estaba hecho ya en 1976, también encargado por el Instituto Aeronáutico. Es un cuento chino, que trata de derivar la cosa para otro lado. Su posición era conocida. El trabajaba para la Aeronáutica. Ahora dice que Graffigna no lo conocía, pero es todo mentira. Graffigna tuvo un ejemplar de esas memorias donde consta el contrato con Verbitsky, que también se enviaron a todas las fuerzas, incluso a la Biblioteca Nacional. Ahora salió un tarado por internet diciendo que esa copia fue puesta por Seprin, pero yo hablé con Horacio González y me reconoció la validez del documento.

Sí, hace un ratito. Le dije que yo estuve ahí y vi que el material estaba cerrado, era un ejemplar encuadernado que es igual a otro que tenemos por afuera. Por lo tanto si es adulterado, va a ser peor, porque si una hoja no coincide con los demás, es porque alguien intervino. Él me dijo que independiente de las diferencias que tenemos en relación a la interpretación de los documentos, él va a preservar los documentos y va a hacer todo lo que haga falta para sean preservados. Y me dijo que le extrañaba que yo dude de eso, porque es verdad que es intelectualmente honesto, y que va a cuidar el documento.

Sí, el minimiza diciendo que era un personaje menor en la revista Confirmado, pero no es cierto. Nosotros detectamos con claridad textos escritos por él que iban en la dirección de horadar al gobierno de Illia para imponer una dictadura militar, de la cual después termina cobrando dinero a través Blas González, que era secretario de Onganía, y trabajaba con Vandor, pero él estaba en la CGT de los Argentinos. Siempre estuvo en los dos lados al mismo tiempo.

Sí, una vez Horacio Salas se lo hace notar a Rogelio Frigerio, y le contesta "es un doble agente", como diciéndole hay que tenerlo ahí. Siempre se sospechó que fuera un doble agente, es difícil de certificar, pero siempre jugó a dos puntas. El siempre dice que era un pichi, que no era un personaje conocido, también durante los años de la dictadura, lo que es falso. Primero que en Noticias fue una persona de importancia, que todos sabían era de Montoneros, después se sabía que trabajó con Walsh en ANCLA, la agencia de noticias clandestina. Siempre se justifica bajándose el precio. Pero hay un escena cuando está en Perú, que él mismo cuenta, contradiciéndose. El en un momento se salva la vida porque el canciller Vignes le dice al canciller de Perú que no vaya para allá, para la Argentina, porque lo está esperando la Triple A y lo van a tirar a los bosques de Ezeiza. Si esto es así, es obviamente porque se trataba de alguien impotante.

Claro, está también la frase de Galimberti, diciendo que la dictadura a Verbitsky no le tocó ni el timbre. Además, es imposible que sometidos a torturas, veinte personas que trabajaron con él ni hayan pronunciado su nombre. Ante la tortura, uno sabía como militante revolucionario que había que aguantar hasta el momento de la cita, porque sabíamos que después no íbamos a poder no hablar. Gente que estuvo en la cámara de tortura tanto tiempo, ¿ninguno dijo "yo trabajaba con Horacio Verbitsky"?

Yo no sé si durante el menemismo ejercía el periodismo tampoco. Lanata cuenta que una vez le dijo al Perro que tenían que acortar las notas, que así no las leía nadie, y él le dice que no, que él no escribe para la gente, sino para doscientas personas, mandando mensajes a alguna gente, presionando a otras. El siempre le está diciendo algo a alguien, destruyendo a alguien, amenazando a alguien, apela a cosas, alterar los nombres, agarrar alguna cosita de tipo personal, como estos dos colegas a los que dedico el libro. Consultamos con algunos expertos, como Silvio Waisborg, para que haga un estudio. No es un periodista, sino que utiliza el periodismo como una herramienta para su propia agenda de poder.

De una manera sutil, menos obvio, hizo lo mismo que hicieron Hebe y Estela, es decir, utilizando los organismos de derechos humanos, hasta bastardearlos. En el caso de él, ha sido una herramienta muy fuerte para quién sube y baja en el Ejército, quién entra o no en la justicia, cómo se definen algunas causas. Los pilotos hablan del aterrizaje como una "catástrofe controlada", tratan de que caiga el avión de la manera más liviana posible para los pasajeros. Lo que él hace es "daños controlados". Eso se ve en el tema de los Qom, que fue un talón de Aquiles grave para el Gobierno, él lo percibió. Porque todo el discurso a favor de los más humildes y a favor de los derechos humanos se iba al tacho, pero tampoco podían defender a Félix Díaz porque se les caía todo el sistema del feudalismo que sostiene al Gobierno nacional, que está sostenido por diez provincias feudales, que le dice vos hacé lo que quieras en tu provincia, pero en el Senado y Diputados actuá para mí. Entonces qué hicieron, agarraron ellos la causa de Félix Díaz y hacían lo mínimo indispensable para no perder la causa, pero nada que vaya en contra del Gobierno. Y terminaron haciéndole firmar a los aborígenes en medio de una ruta a quienes los bajan de un auto, para que firmen que La Cámpora no los había tratado mal, cuando habían sido empujados y expulsados por Andrés Larroque, entre otros.

Exactamente, Marina Dragonetti y Sergio Serrichio se encargaron de investigar ese tema. El CELS sabía quién era Milani, pero lo usaron primero como un agente de inteligencia y después como comandante en jefe. Cuando no les quedó más remedio, salieron a decir que estaban en contra, para que quede escrito. Pero sabemos que si él hubiera querido que Milani no llegara arriba, no llegaba.

Para mostrarse frente a los organismos como que él no estaba con Milani. El CELS aprobó varios ascensos de Milani, sabiendo ya perfectamente quién era.

Esto debería ser otro libro, interesante para ver cómo actúa el Perro. Primero, cuando aún no había terminado el libro sobre Héctor Timerman, hablamos con Ediciones B para hacer este libro de Verbitsky. Pero después, misteriosamente, me llaman para decirme que lo iba a hacer otra persona, que después publica, una versión "heidi" de su vida, la que hizo Hernán López Echagüe, con lo que pensó que ya no íbamos a querer seguir adelante. Ahora, como continuamos y ya al final, después de varias cosas que hizo antes, el tipo hackea de nuestras computadoras, no sé si la de Marina, o la de Sergio o la mía, hace unas desmentidas de seis páginas en Página/12, diciendo que Levinas no cumplió el cuestionario, pero él interceptó una versión anterior, que no tenía la editorial. También aprieta a Sergio Bufano, a quien entrevisté. Yo sé cuándo pongo la frase de él, que tampoco estaba en la versión que estaba la editorial. En esas seis páginas, lo único real es la malicia, lo que él intenta es decir que hay real malicia, amenazando a la editorial, porque tiene un peritaje que dice lo contrario. Pero eso no significa nada, porque está hecho sobre material digital, que ningún perito serio va a presentar sobre una fotocopia. Pero además, se compara sobre cosas que escribió hoy, cuarenta años después, y una vez terminada esta investigación. No agarró material que ya estuviera hecho con ese material, aunque fuera copia digital.

Lo hizo en esas notas. Entonces, Sudamericana revisó si yo había cumplido con las sugerencias que ellos habían hecho y con mi abogado revisamos con los abogados de la editorial todo el libro, y pasó, por qué, porque teníamos pruebas contundentes de que lo que teníamos ahí, tenía pruebas.

Él lo único que sabe es armar dudas, él sabe que todo lo que decimos es cierto, él solo quiere hacer bulla. Si yo demuestro que este señor escribió cosas para los milicos y que fue protegido por los milicos, y vos seguís amando a Verbitsky, bueno si sos un talibán, yo te puedo mostrar violando una chica de doce, vas a seguir diciendo que es información que inventó Clarín.

Te voy a explicar un ejemplo de mi familia. Yo no juzgo a una persona que tuvo que decir algo cuando estuvo detenido, porque en ese momento uno zafa como puede, hay que ver cuánto aguantás el dolor. En un momento mi tío, hermano de mi mamá, se va de la casa, cuando ve que el nazismo era inminente, se escapa de la casa, y se enrola en la brigada judía, que era del ejército inglés para luchar contra los nazis. El luchó a brazo partido contra los nazis, una historia de vida apasionante. Tiempo después se encuentra con que una prima de él, de una familia enorme que había muerto en los campos de concentración, zafó porque era muy linda porque se enganchó con un jerarca nazi. Pero él no la entendía, y yo le explicaba que había que comprenderla, porque lo había hecho para defender su vida. Mi tío, sin embargo, la juzgaba desde una condición ética. Se equivocó al juzgar a su prima, pero él nunca claudicó. Verbistky no tiene condiciones morales para andar diciendo quién es bueno o malo en este mundo. Si él lo hubiera aceptado y explicado lo que hizo, sería otra historia, pero él no la hizo. Por eso juega a desacreditarme a mí, que Gran Hermano y qué se yo, porque no tolera ser mirado, ser investigado. Sabés qué, este panelista de Gran Hermano te acaba de desenmascarar, Horacio.

Porque la gente es cobarde, él tiene información de todos, nadie quiere someterse a una discusión como ésta.

Qué le voy a tener miedo a ese tonto.