Una mujer de 82 años le pregunta a un señor, que se sienta a su lado en el colectivo: "¿Cuántos años tiene?". El hombre le contesta que tiene 52, y la mujer suspira, replicando que el hombre tiene la misma edad que tendría su hijo si lo hubiera dejado nacer.


Los estudios demuestran que una de las causas más frecuentes del aborto es la falta de contención y apoyo psicológico. Estas madres en riesgo suelen tener problemas económicos, la mayoría son socialmente vulnerables y se les genera una situación que parece dramáticamente insostenible.


En ese sentido, debemos entender que nadie tiene el derecho a juzgarlas. Todo lo contrario, deben ser contenidas y perdonadas de acuerdo a la Misericordia infinita de Dios, a la que hace referencia el Papa Francisco en su carta del 1 de septiembre, dirigida al Mons. Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, sobre la inminencia del Año de la Misericordia.


En los medios se está hablando mucho de las madres como destinatarias de este gesto de misericordia papal, pero debería sobre todo hacer reflexionar en aquellos que "por dinero y con una frialdad única" (como decía el cardinal Bergoglio en el libro El Jesuita) son los perpetradores sistemáticos del descarte de niños y niñas por nacer. A ellos va fundamentalmente destinado este mensaje, que busca golpear la conciencia de quienes deberían cuidar la vida (de los bebes y de las madres en riesgo) y condenan a la madre a la violencia de un aborto y a los bebes les quitan la esperanza de la vida".


La carta retoma y reafirma el camino delineado por Juan Pablo II en su Carta Encíclica: Evangelium Vitae, en la cual se advierte sobre la frecuencia de "situaciones de particular pobreza, angustia o exasperación, en las que la prueba de la supervivencia, el dolor hasta el límite de lo soportable, y las violencias sufridas, especialmente aquellas contra la mujer, hacen que las opciones por la defensa y promoción de la vida sean exigentes, a veces incluso hasta el heroísmo".


El aborto no es una solución médica, social, económica o psicológica, algo que queda a la vista cuando observamos el incremento en la frecuencia del síndrome post-aborto.


Siempre existe una solución mejor, y resulta absolutamente viable guiar a estas madres vulnerables, inesperadamente embarazadas, hacia ella, ya sea mediante la adopción o una contención psicológica que contrarreste un déficit en el entorno familiar y social.


Para evitar que las mujeres sean empujadas al aborto, debemos también informar a la sociedad sobre sus consecuencias y el trauma que implica el descarte de un ser humano, ya que, como coincide la inmensa mayoría de la comunidad médica y biológica, la vida empieza en el instante mismo de la concepción.


El afecto, y el perdón son las claves para hacer entender que la vida humana, bien estimulada, puede generar muchísimo cariño y amor en una persona, que inicialmente veía todo negro, pero que gracias a la contención comienza a tener esperanza y a ver la realidad con otra mirada.


Luego de haber hablado un rato, el hombre de 52 años le dice a la mujer: "Créame que la entiendo y que la admiro. Usted tiene la valentía y la humildad de reconocer que lo que hizo no fue una verdadera solución, y que ahora actuaría de otra manera." La mujer no le dice nada pero lo mira con un gesto que parece decir "gracias".


El autor es Jefe de Obstetricia del Hospital Universitario Austral.