Efedrina: según los investigadores, Martín Lanatta buscaría favorecer a Ibar Pérez Corradi

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Ibar Esteban Pérez Corradi y Martín Lanatta eran socios en el negocio de la efedrina. Tenían múltiples contactos en las principales oficinas del Gobierno, lo que le permitió al primero convertirse en uno de los jugadores más trascendentales del tráfico de efedrina, que entre el 2004 y el 2008 registró un ingreso de más de 40.000 kilos en nuestro país, desviados al narcotráfico y utilizada por los carteles mexicanos para la fabricación de drogas sintéticas.

Condenado a reclusión perpetua junto a su hermano Cristian y Víctor y Marcelo Schillacci, como autores materiales del secuestro, las torturas y las ejecuciones de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina en agosto del 2008, Lanatta volvió a ser noticia en las últimas semanas, tras su irrupción en el programa "Periodismo Para Todos", en el que vinculó a Aníbal Fernández con el negocio de la efedrina. El reo ratificó sus dichos el martes y jueves de la semana que pasó, frente a la jueza María Romilda Servini de Cubría, que investiga el escandaloso ingreso de efedrina al país y el desvío hacia el mercado negro.

Pero los investigadores están convencidos de que los dichos de Lanatta tienen un objetivo premeditado: según pudo saber Infobae de fuentes judiciales, tanto desde el entorno de Servini de Cubría como en los tribunales de Mercedes, donde todavía se investiga el Triple Crimen de General Rodríguez, los funcionarios de la Justicia creen que Lanatta busca despegar a Pérez Corradi, prófugo de la Justicia argentina y norteamericana y sindicado como el autor intelectual de las muertes de Forza, Ferrón y Bina. De hecho, en su extenso testimonio, las fuentes judiciales aseguran que el recluso trató todo el tiempo de desmarcarlo a Pérez Corradi, que según los investigadores cuenta con capacidad financiera y operativa, y hasta con complicidad policial, desde la clandestinidad.

Hasta el testimonio de José Luis Salerno, un ex policía y ex socio de Ferrón, en "PPT" pareció guionado en ese sentido. Cuando los periodistas le preguntaron quién había ordenado matar a los tres jóvenes, el hombre se refirió a "la competencia, que estaba por arriba de Pérez Corradi".

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En diciembre del 2012, los jueces del Tribunal en lo Criminal 2 de Mercedes concluyeron que Pérez Corradi había ordenado matar a Forza, Ferrón y Bina porque estos se habían convertido en una amenaza seria en el mercado del tráfico ilegal de la efedrina, y en el abastecimiento del precursor químico a los carteles mexicanos. Y que le había encargado ese repudiable trabajo a su socio Lanatta, con quien había creado una sociedad, Elvesta, para comercializar el producto.

"Cabe destacar el marco o situación que imperaba en la República Argentina en los años 2007/2008, donde adquirir una farmacia o una droguería permitía para algunos oportunistas un rápido ascenso en la escala social, por lo que propietarios de este comercio, sus empleados o personas vinculados a este rubro, como los visitadores médicos, se dedicaron a la venta de medicamentos de alto costo y baja incidencia, esto es para el HIV, oncológicos o destinados a trasplantes de órganos; así también, se incluyen remedios derivados de la efedrina, sustancia vegetal, derivada de una planta, la efedra, importada en los llamados cuñetes de la India o China, dado que nuestro país no la cultiva, que era utilizada legalmente para fabricar descongestivos o broncodilatadores, y cuyo valor en el mercado local oscilaba entre los 90 y 120 dólares. Sin embargo, en el mercado ilegal, donde el principal comprador era México, dicho precursor químico se utilizaba para la fabricación de drogas de diseño o sintéticas, como el éxtasis; los carteles mexicanos, ya con el producto manufacturado lo destinaban esencialmente a los nacionales de su vecino país, Estados Unidos, llegando a pagar hasta U$S10.000 el kilo, por lo que resultaba para sus tenedores un extraordinario negocio. Fue así que los integrantes de este rubro, los menos escrupulosos y más ambiciosos, tentados por tan extraordinaria rentabilidad y en consideración a que nuestro país no había prohibido la venta de efedrina, sino que existían mínimas restricciones o reparos legales para su comercialización interior y exterior, como la habilitación de la SEDRONAR, y algún contacto que agilizaba su tramitación, hizo que los nombrados, se volcaran a tal actividad: la compraventa de efedrina para uso ilegal", resumieron los jueces Fernando Bustos Berrondo, Marco Tomás Barski y María Gabriela Larroque en la sentencia de 278 fojas por el Triple Crimen, basados en gran medida en la investigación del fiscal Juan Ignacio Bidone y de la fiscal del juicio, Marcela Falabella.

Según los investigadores, Lanatta intentó todo el tiempo desvincular al prófugo Pérez Corradi

Los traficantes de efedrina habían encontrado en diferentes despachos del Estado y en las principales oficinas de la cúpula policial la complicidad para engrosar el negocio. Para abastecer especialmente al laboratorio de Maschwitz, montado por los narcos mexicanos en el corazón de la provincia de Buenos Aires: según declaró en el juicio Mario Doncelli, abogado de la Sedronar, el laboratorio marcó un quiebre en la fabricación de drogas sintéticas.

En su testimonio ante Servini de Cubría, además de volver a vincular al jefe de Gabinete con el negocio, Lanatta habló de la complicidad de la Aduana en la importación y exportación del precursor. Es cierto que, por esos días, la efedrina no estaba prohibida. Pero no es menos cierto que Pérez Corradi tenía sus contactos más que aceitados. Hasta lo confirmó la DEA en un informe dirigido a la fiscalía de Mercedes: "Pérez Corradi tenía capacidad operativa para enviar 1.000 kilos de efedrina por mes en contenedores desde el puerto de Buenos Aires, tarea facilitada por los contactos que allí tenía". En agosto del 2008, justo el mes de la masacre de General Rodríguez, el mismo organismo norteamericano informó sobre el llamativo incremento del tráfico ilegal de efedrina en Sudamérica, con notoriedad en la Argentina. Los estadounidenses definieron a nuestro país como un corredor de paso para los precursores de metanfetaminas que eran desviados de fuentes lícitas para luego ser trasladados a México.

La Justicia también comprobó esos contactos del ahora prófugo Pérez Corradi tras un peritaje a un pendrive secuestrado en el domicilio de su madre, en marzo del 2012. Se hacía pasar por Jorge Alberto Ochoa –un indigente que funcionó como prestanombres para ocultar la verdadera identidad-, y pedía a los proveedores en India y China que la sustancia desembarcara en nuestro país etiquetada como "pólvora", porque tenía controles muy precisos que, según él, "podía limpiar fácilmente".

El negocio de la efedrina que ahora vuelve sobre el tapete con los dichos de Lanatta y la investigación de Servini de Cubría fue posible fundamentalmente por la connivencia de los traficantes con el Sedronar, y con la vista gorda de la policía, no solo de la Federal, según las fuentes del caso, sino también de la Bonaerense.

Además de los pagos ahora enumerados por Lanatta para en teoría encubrir el negocio a la supuesta "Morsa" –mote que el recluso le endilga al jefe de Gabinete y que los investigadores todavía no logran acreditar– hubo un episodio relacionado al laboratorio de Maschwitz que desnudó la complicidad con policías bonaerenses de las departamentales de Pilar y de Quilmes, el pago chico de Aníbal Fernández. Se trata de un procedimiento al final trunco que ocurrió semanas antes de los asesinatos de Forza, Ferrón y Bina. El operativo fue desmenuzado en la sentencia del juicio del Triple Crimen, en el que fueron condenados los hermanos Lanatta y Víctor Schillacci, y los policías Edgardo Perdiguero, Daniel Salazar y Miguel Ángel Sosa. Según se desprende del fallo, la redada fue hecha porque tenían la información que detrás del laboratorio mencionado los mexicanos habían enterrado unos 6 millones de dólares debajo del pasto de la quinta.

En el caso de la Policía Federal –además del testimonio de Lanatta que habla de pagos de parte de Forza por protección– en el expediente judicial hay más indicios, como la copia de un papel en el que Oscar Bina, padre de uno de los masacrados, escribió de puño y letra nombres y relaciones alrededor del caso, proporcionados por testigos privilegiados del negocio en cuestión. "Principal 'Chipi' Albornoz, división Farmacia Brigada Investigaciones Madariaga, se encarga de cobrar $1.000.000, para el superintendente de Investigaciones Federales y para el superintendente de Drogas Peligrosas Com. Gral Gorosito y jefe Policía Balleca (sic). Para cobrar y asegurarse, Gorosito puso un hombre de él en la banda de Pérez Corradi. Preguntar quién es Martín Lanatta. Maneja los precursores para las cocinas de las metanfetaminas y éxtasis y es hombre de Aníbal Fernández", se lee en el papel, que está en manos de la Justicia, que salpica a la ex cúpula policial y al jefe de Gabinete por su eventual vinculación con Lanatta, y que se publica por primera vez en un medio. ¿Quién es ese "hombre" que Gorosito habría infiltrado en "la banda de Pérez Corradi", según escribió el padre de Bina? ¿Podría ser Lanatta? ¿O Máximo, el supuesto espía del que ahora habla el recluso y que, según dice, no recuerda su nombre? ¿Cuán veraz es la información volcada en ese papel? Fuentes judiciales le confiaron a Infobae que, además de proteger a Pérez Corradi, Lanatta también trató de desmarcarlo al ex comisario Gorosito.

Según la DEA, "Pérez Corradi tenía capacidad para enviar 1.000 kilos por mes de efedrina"

Los investigadores no descartan que el mote de la "Morsa" también podría caberle a alguno de los ex jefes policiales. El diario Clarín publicó en la semana que Lanatta atestiguó ante la jueza que Augusto Abraham, el mayor importador de efedrina del país –Pérez Corradi también le compraba efedrina–, le habría prestado una propiedad en Bariloche a Valleca para un descanso vacacional. Valleca era hombre de confianza de Aníbal Fernández.

Todos los involucrados en el desenlace del Triple Crimen y el negocio ilegal de la efedrina tenían además otro denominador común, detallado en la sentencia del juicio de la masacre de General Rodríguez: "Existía otro gusto compartido entre muchas de estas personas, su afición por las armas, que compraban, en no pocos casos en la armería Pizzu, y cuyos trámites ante el RENAR confluían a un gestor común". Ese gestor común era Martín Lanatta, "estrechamente ligado" al organismo conducido en su momento por Andrés Meiszner, otro íntimo del actual jefe de Gabinete.

Cuando en el descampado de General Rodríguez aparecieron los cadáveres de los tres jóvenes, una madeja de negocios que llegó hasta el financiamiento de la campaña presidencial del Frente para la Victoria del 2007 quedó al desnudo, además del negocio del precursor químico. "En la intersección de las tres actividades: venta licita de medicamentos de alto costo, o adulterados o robados; mesas de dinero y tráfico de efedrina, desembarcaron las víctimas, Forza, Ferrón y Bina", escribieron los jueces del tribunal de Mercedes. Los protagonistas del negocio se intercambiaban efedrina, dinero y cheques que descontaban en un par de cuevas financieras del microcentro porteño, y cuya maniobra quedó expuesta en gran parte en el expediente denominado como "la mafia de los medicamentos", por el que esperan el juicio –todavía incierto por desprolijidades en la instrucción– el empresario Néstor Lorenzo, el ex recaudador Héctor Capaccioli y el sindicalista Juan José Zanola, entre otros.

Víctimas del triple crimen de General Rodríguez: Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damian Ferron.  162
Víctimas del triple crimen de General Rodríguez: Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damian Ferron. 162

Las financieras eran una pata fundamental del negocio. De hecho, según pudo saber Infobae, la Justicia posó la lupa en una de la calle 25 de Mayo, que estaría relacionada a los servicios de inteligencia y cuya cara visible sería un empresario vinculado a una empresa de servicios de cobranzas de renombre.

Al escribir la sentencia por el Triple Crimen de General Rodríguez, los jueces detallaron que Forza se "destacaba por su personalidad muy inquieta para generar negocios, osado, ambicioso, inteligente, y muy conocedor del ramo de medicamentos". Su osadía y sus problemas financieros habían desencajado a Pérez Corradi, que lo veía como una amenaza y que había proclamado a los cuatro vientos que lo quería muerto.

Pérez Corradi, sin embargo, no tenía la incontinencia verbal de Forza. O ahora la de Lanatta, que si bien calló y negó durante la investigación y el juicio por el Triple Crimen, ahora se desespera por declarar.

Forza era tan bocón y el millonario negocio de la efedrina tan inmenso que se ramificó y escaló hasta lo más alto del poder. Según declaró Salerno en el expediente principal por los asesinatos de General Rodríguez, y uno de los dos testigos que habló en "Periodismo Para Todos", Forza hasta le dijo "que había participado en la entrada de valijas del venezolano Antonini, que eran muchas más para la campaña de lavado de dinero de la Presidente".