Nicolas Stulberg 162
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Los argumentos dados por los dirigentes de la UCR para justificar la alianza con el PRO quedaron destrozados este domingo: Ernesto Sanz no pudo despertar al "votante radical dormido" con el que esperaba ganarle a Mauricio Macri y el frente Cambiemos no terminó de lograr la tan ansiada polarización con el Frente para la Victoria.

Pero lo que tal vez más fastidie en las filas radicales es los pocos lugares que el partido consiguió en las listas de Diputados, un refugio clave del partido de las boinas blancas en épocas en que está fuera del Gobierno.

La estrategia fue distinta según el territorio: en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, la UCR unificó listas con el PRO y se quedó con apenas dos lugares de los primeros diez de la nómina. Un reparto apenas mejor lograron en Mendoza, donde se quedaron con el segundo y tercer puesto.

En la Ciudad de Buenos Aires, la estrategia fue otra. Los radicales apostaron a presentar una boleta propia de Diputados para enfrentar al macrismo e intentar arrebatarle algunos puestos en la lista final a través del sistema D`Hondt acordado para las primarias. Pero nada de eso ocurrió: la nómina que encabezaba Mariano Genovesi sacó apenas 7,52% al interior de la interna, frente al contundente 84,05% de la boleta que lidera Patricia Bullrich.

La UCR quedó sin lugares en la Ciudad de Buenos Aires, Corrientes, San Juan y Formosa

Algo similar ocurrió en San Juan, donde la UCR y el PRO tampoco acordaron. Allí el macrismo se quedó con todos los lugares para competir por las tres bancas que se repartirán en la provincia en los comicios de octubre. La lista "Amarilla: el equipo del cambio" se impuso por 71,51% en la interna de Cambiemos a sus rivales de "Celeste renovación" y "Renovación y futuro" y los dejó con las manos vacías.

El escenario se repitió en Corrientes y Formosa, según publica el diario Ámbito Financiero. En ambos distritos, el radicalismo no pudo cerrar con el PRO y apostó a desafiarlo en las urnas para arañar algún puesto en las listas. El intento salió mal: en ninguno de los casos la UCR alcanzó el porcentaje mínimo de votos para quedarse con algún lugar.

El escenario se corona con un dato: por primera vez desde el regreso de la democracia, el partido de Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen no tendrá un solo representante en las fórmulas presidenciales. El magro 3,45% cosechado por Sanz fue el segundo peor resultado radical desde 1983, apenas superado por el 2,34% que tuvo Leopoldo Moreau en 2003 tras la debacle de 2001.

¿El consuelo? La promesa macrista de tener un buen número de puestos en un hipotético gabinete. Pero para eso primero será necesario imponerse al Frente para la Victoria.

 DyN 162
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