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"Durante seis años el gobierno del PT logró retrasar la llegada de la crisis económica", señala en el spot partidario un hombre de aspecto medio, con barba. Sin darse cuenta, el participante del video difundido por el Partido de los Trabajadores admite dos realidades: que se realizaron medidas paliativas, y que la crisis, finalmente, llegó. Fue el mismo día que Data Folha dio a conocer un dato alarmante para la política del país: Dilma Rousseff, la presidente que asumió en enero pasado su segundo mandato, alcanzaba el récord histórico de impopularidad en Brasil, y superó a Fernando Collor de Melo.

Pero no fue sólo esa parte de la grabación institucional que dura diez minutos la que provocó la indignación de los brasileños. Las caras se suceden y el argumento es poco creíble y repetido en la región: "Hay gente intentando crear una crisis política"; "los problemas económicos son pasajeros".

El presidente del PT, Rui Falcao es uno de quienes debieron aparecer para tratar de frenar una debacle institucional que parece no encontrar fin. "Hay gente diciendo que la crisis es sólo en Brasil, pero hay crisis en todas partes. Una cosa es criticar un gobierno y otra es tratar de desestabilizar un gobierno elegido democráticamente", manifiesta el político. Sin embargo, los resortes constitucionales del gigante latinoamericano permiten someter a críticas parlamentarias a una administración que gobierna Brasil desde 2003.

Tras la participación de Falcao en el video, el spot dedica varios minutos a mostrar con gráficos números y más números de las medidas que el gobierno de Dilma Rousseff dedicó a la economía.

"En una crisis económica, la mayoría pierde. Pero en una crisis política, todos pierden", dice un joven cuyo fondo en la pantalla muestra imágenes de tinta negra dando un marco tétrico a la grabación. "De una misma crisis económica se sale rápido", comenta optimista, y recuerda que "de la dictadura militar se tardó 21 años en salir". Al final de cada minibloque, aparecen las caras de dirigentes opositores "que sólo piensan en sí mismos".

Lula Da Silva -crítico de Dilma y el gobierno en los últimos meses y quien está seriamente comprometido por el escándalo de corrupción que involucra a Petrobras y Odebrecht- también participó del video partidario. "Sé que ésta no es la primera crisis que enfrentamos", señala y agrega que el "ajuste es menor al ajuste que hicieron ellos".

Casi hacia el final, aparece la presidente Rousseff. "Estamos actualizando las bases de la economía y vamos a volver a crecer con todo nuestro potencial (...). Quienes crean que nos falta energía e ideas para afrontar los problemas, está engañado". A la jefe de Estado la acompaña un marco musical que pretende épica, y concluye: "Estoy del lado de ustedes, es mi camino, por ellos seguiré", promete.

Sin embargo, lo que provocó la repetida aparición de los indignados fue una alusión a las cacerolas que se hizo sobre el final del spot. El locutor dice: "En los últimos tiempos comenzaron a darle una nueva utilidad a las cacerolas". El sonido es ensordecedor, y sigue: "Nosotros no tenemos nada contra eso. Sólo queremos recordar que fuimos el partido que más llevamos a las cacerolas de Brasil. Si tienen paciencia, vamos a corregir y mejorar. Pero con las cacerolas, vamos a continuar haciendo lo que más sabemos hacer, llenarlas de comida. Ése es el cacerolazo que estamos haciendo en Brasil".

A los pocos minutos, las calles de las principales ciudades brasileñas eran sometidas a un resonante cacerolazo. Uno de los más fuertes que debió sorportar Rousseff y el Partido de los Trabajadores.