Sergio Massa ha tenido la elegancia de no caer en delaciones ni en reproches una vez que decidió continuar adelante con su precandidatura presidencial. No quiso hacer cargos por la campaña tan ardua como infructuosa de polarización.

Pero hay realidades que deben ser mencionadas, puestas en claro de cara a la sociedad, para que la decisión del voto sea tomada con toda la libertad. Con toda la información a mano.

En ese sentido, conviene resaltar que algo tienen en común los oficialismos del Gobierno nacional, el de la Provincia de Buenos Aires y el de CABA: el temor a Sergio Massa y al Frente Renovador. Temor porque el Frente Renovador representa la exacta proporción de lo que pide el electorado. Lo fue en el 2013, cuando frenó la pretendida perpetuidad de Cristina en el poder y lo es ahora, que se pone a la cabeza de los reclamos reales y le formula a la sociedad una oferta de Gobierno, programática, con lo que el país necesita.

El temor al Frente Renovador impulsó una desesperada búsqueda de la polarización en la que intervinieron los tres grandes oficialismos y aparatos políticos, más las encuestadoras contratadas por ellos y la difusión obscena que hicieron algunos medios de esas encuestas, sordos y ciegos a los papelones estadísticos. Apostaron a banalizar al electorado en la suposición de que la gente vota a ganador.

Pero con un alto sentido de responsabilidad para sus compañeros del Frente Renovador, para su adversario del espacio UNA, el gobernador José Manuel de la Sota, y para sus votantes, Sergio Massa decidió resistir, insistir y redoblar. Apostó a la política contra la encuesta. La polarización, cuyo objetivo final era desaparecer a Sergio Massa como precandidato presidencial, fracasó.

Ahora la táctica es otra: el "camaleonismo doctrinario" de Mauricio Macri, por un lado, y el silencio monacal de Daniel Scioli, por el otro. Macri no se atreve a ser de derecha y muda de color del amarillo purísimo a un azulado claro, según le dicta Jaime Durán Barba. Daniel Scioli permanece mudo respecto de sus ideas sobre el futuro del país y solo habla por boca de Cristina.

Mientras esto ocurre, desde el Frente Renovador se publicitan ideas y se insta a que los demás hagan lo mismo. Hasta ahora, la respuesta han sido spots publicitarios donde la idea es la gran ausente.

Pero la ausencia de una ideología o una doctrina, o aunque sea una idea coherente de parte de algunos candidatos, y la negativa de otros a explicar qué ideas tienen, no significa solamente una postura ridícula ante el Frente Renovador, que exige definiciones. Significa un insulto al electorado y una degradación del concepto que se tiene del votante.

Entonces, que Macri gire a diez días de las elecciones está permitido. Que Scioli no diga nada también está permitido. Y lo permite un electorado adormecido por las necesidades cotidianas. Necesidades que los oficialismos se encargan de mantener intocables.

Es evidente que Macri y Scioli tienen un acuerdo: faltarle el respeto al ciudadano.

Macri, con su trapecio ideológico, configura una derecha lavada que posa de progresismo por conveniencia. Scioli, en su hermetismo, representa una derecha avergonzada y oportunista.

Esta insustancialidad ha prendido fuerte en la sociedad. Los doce años de kirchnerismo nos dejan en herencia la falsedad como sustituto del coraje y la imagen-relato como reemplazo de las ideas propias. Tanto es así que cuando a Massa se lo entrevista casi tiene que gritar sus propuestas entre el ruido que generan las preguntas sobre encuestas. Esto es indigno de una democracia.

Es indigno y un ejemplo descarnado de la vulgaridad en la que ha caído la discusión política que a Massa se le consulte su opinión sobre lo que dijo y no dijo este o aquel candidato, privando a la sociedad de la posibilidad de profundizar en las ideas que se proponen.

Es indigno que a los dirigentes del Frente Renovador, como a Felipe Solá, les pregunten por quién votarían en un eventual ballotage entre Scioli y Macri, después de que el exgobernador planteara tratar al narcotráfico como una epidemia social. Es indigno que pretendan convertir al electorado en un simple consumidor de encuestas.

Afortunadamente, aquella polarización fallida y la actual fantochada de mudanzas y silencios han logrado fortalecer al Frente Renovador. Han logrado hacer evidente lo que querían ocultar: las ideas.

Desde el Frente Renovador apostamos a esta locura de hablar de ideas. ¿Hay alguien del otro lado?


El autor es diputado provincial en Buenos Aires por el Frente Renovador