Prensa PRO 162
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"Ustedes han decidido ser los ojos de millones de argentinos que quieren el cambio. El domingo a las 7 de la mañana va a sonar el despertador y va a hacer frío, y seguramente tengan ganas de seguir un rato más en la cama. Va a ser un largo día. Ellos se creen muy vivos, pero no son tan complicadas las trampas que quieren hacer. Ellos tienen miedo de perder. Pero tengo que decirles que les traje una mala noticia, sí. Y la mala noticia es que a las 6 de la tarde no se va a terminar, son cuatro horas más".

La arenga con la que Mauricio Macri cerró el sábado por la tarde el encuentro de fiscales y voluntarios en el club El Porvenir, en Lanús, dejó al desnudo la principal obsesión del PRO en la recta final de la campaña, de cara a las PASO del próximo domingo. Al jefe de Gobierno lo desvela la fiscalización, en particular en la provincia de Buenos Aires. Y en especial en el conurbano bonaerense, donde se dirime una porción vital de sus ambiciones presidenciales. "Mucho me preocupa, y nos ocupa", se confesaría minutos después en la combi que lo devolvió desde el sur bonaerense a la Ciudad, rodeado por su secretario General y armador comunicacional, Marcos Peña; su ministro de Gobierno y operador político, Emilio Monzó; el secretario de Medios, Miguel de Godoy, y Fernando de Andreis.

Primero había sido Jorge Macri el encargado de alertar a la tropa. "¿Alguien piensa que nos van a robar los votos?", preguntó el intendente de Vicente López, micrófono en mano, bajo el techo de chapa del gimnasio. "¡Nooo!", le contestó la multitud, en un grito unificado. Siguió Néstor Grindetti, ministro de Hacienda porteño y candidato en Lanús: "¡No nos vamos a dejar chorear!". Después fue el turno de Macri.

Macri, Carrió y Sanz acordaron reunirse el domingo en el búnker del ganador

El PRO enfrenta en estos días una situación inédita: la posibilidad cierta de que Macri llegue a la Casa Rosada. "Si hace dos años decía que llegaríamos así a esta altura, con un frente con chances concretas y aliados a Carrió, me decían que estaba loco", analizó Macri a bordo de esa combi en la tarde noche del sábado. Es que esa mañana se había fotografiado junto a Elisa Carrió y a Ernesto Sanz en un café de Riobamba y Juncal, en Recoleta, en lo que fue la última foto conjunta antes del próximo 9 de agosto, donde los tres precandidatos confluirán a partir de las 21:30 en el búnker ganador, que a menos de una situación excepcionalísima será en Costa Salguero, como anticipó Infobae hace una semana. Lo único que resta definir es cómo sustituirá el PRO los globos de colores y el típico baile imperfecto del jefe de Gobierno porteño, dos expresos pedidos de Sanz y de "Lilita". Por lo demás, el macrismo ya definió que el cierre de campaña, al menos por ahora, será en Vicente López, el jueves por la tarde.

Con el frente interno controlado, a Macri le preocupa demasiado la fiscalización. El viernes, Peña y Monzó –los dos cabecillas del armado electoral del PRO- desmenuzaron durante toda la tarde la red de fiscales y voluntarios que pondrán a lo largo y ancho del país. Concluyeron, según dejaron trascender, que a una semana de las elecciones tienen cubierto el 80 por ciento de las mesas electorales, para las que se necesitan entre 80 y 90 mil fiscales. El conteo del próximo fin de semana develará la eficacia o la ingenuidad del PRO frente a su primer gran desafío político.

Un botón de muestra de la desesperada obsesión del macrismo por el cuidado de las urnas: la oferta del PRO por fiscal, que ahora oscila entre los 450 y los 500 pesos en los distritos más combativos del Conurbano, es superior al ofrecimiento del Frente Para la Victoria. Según le confió a Infobae un candidato a intendente K del tercer cordón, la paga para sus punteros no superaría los 300 pesos. Muy lejos de los mil pesos –disparatados, por cierto- que desde el gobierno porteño empezaron a desparramar hace unos dos meses. La diferencia es que el kirchnerismo cuenta con un tejido fenomenal de militantes atados en su gran mayoría a planes sociales o contratos del Estado. Es economía para principiantes: ley de oferta y demanda.

En el PRO estiman que tienen fiscales para el 80% de las mesas

Desde las últimas semanas, y mucho más después de la ajustada elección porteña, en los despachos cruciales del PRO se respira un clima raro. Quizá por eso de estar frente al mayor desafío político desde que Macri se lanzó al ruedo. O tal vez por falta de experiencia. Lo único real es que el ex presidente xeneize y su entorno más íntimo –que encabeza el empresario Nicolás Caputo, principal impulsor de la carrera presidencial de su amigo- se molestaron por algunas fricciones internas que tienen, de nuevo, a Peña y a Monzó como fusibles. "Cada uno a su manera mostró la hilacha. Pero si el domingo 9 sale todo bien, todo será anécdota, habrá ajustes y otra vez a la cancha", explica uno de los funcionarios más confiables y sigilosos de Macri. Da cuenta de algunos conventillos por el giro discursivo del jefe de Gobierno y por el voluntariado tecnológico que impulsó el secretario general, y que algunos miran con desconfianza, implementado para la fiscalización.

Es que además de ser su primer -¿y último?- desafío presidencial, a Macri le toca dirimir su suerte cuerpo a cuerpo con Daniel Scioli, un viejo amigo con el que tiene demasiadas coincidencias y con el que cruzó sus últimos mensajes de texto hace ya un par de meses.

Por él y por el crecimiento en la imagen de Cristina Kirchner y su gobierno es que el líder del PRO giró su discurso. Los encuestadores y analistas de Macri ya habían notado hace varias semanas un resurgir en el optimismo de la sociedad, en especial en las clases más postergadas, en las que en una enorme porción el kirchnerismo todavía es imbatible. El entorno de Macri es, sin embargo, excesivamente optimista: están convencidos de que si Scioli no saca más del 40 por ciento en las primarias del próximo domingo, "estaría complicado". Por un fenómeno peculiar: ellos explican que el resultado del gobernador bonaerense en las PASO será "su piso y su techo a la vez".

Según el entorno del precandidato presidencial del PRO, la diferencia entre él y Scioli es muy laxa. Es su mayor convencimiento, frente al máximo desafío político. Que recién será palpable, para bien o para mal, el próximo domingo.