-¿Sigue emocionando la ovación de pie del público?

Sí, es siempre igual, no cambia. Es como la sonrisa de una madre o el cariño de un ser querido. Te vuelve a emocionar siempre. El ser humano no puede perder esos valores, si no, deja de existir la humanidad, o sería otra cosa.

-¿La adrenalina se mantiene?

Trasmuta como el cariño del público. No es lo mismo la persona que vos aplaudís por primera vez y te gustó a alguien que tiene 20 años de trayectoria y lo has visto en el tiempo. Así como cambia ese cariño al artista, porque se trasluce en agradecimiento con el devenir del tiempo, lo mismo te pasa a vos con la llegada de ellos. Los nervios tienen que ver con dar lo mejor de vos para quien está llegando en ese momento a verte bailar. Esa relación cambia y se hace diferente, no es tan efímera, hay un vínculo mucho más afectivo, más grande.

-¿Te sigue dando miedito?
Sí, todas las noches, si no, me iría a mi casa, creo. Donde vos perdés esa inseguridad, sentís que ya lo lograste y que está todo hecho, no tiene valor seguir apostando. El artista también es como un acto de fe. Vos vas, comprás una entrada y no sabés qué vas a ir a ver. Sigue siendo algo intangible en algún punto. Te arriesgás a que el artista te guste y que esté bien esa noche como para poderte conmover. Es una relación de a dos, de intuición más que nada, de prever lo que va a suceder.

-Hablaste de comprar una entrada, ustedes están haciendo un trabajo interesante con el Ministerio de Desarrollo con presentaciones donde la entrada es gratuita.

Sí, hay mucha avidez. Tenés gente que me ha visto bailar a mí y quiere seguir viéndome; tenés gente que nunca ha ido a un teatro; tenés a gente que ha ido poco, porque le ha interesado mucho, pero no tuvo el acceso económico para hacerlo. Eso es lo lindo, porque encontrás un público absolutamente eclético a todo.

"Hay gente de un poder adquisitivo bajísimo que no tendría otra forma de acceder al teatro"

-¡Qué importante que es poder llevarle cultura a la gente!
Sí. ¿Viste cuando dicen: "A todos los estratos sociales"? Ahí están. Ahí está la gente que quiere seguir yendo y le gusta que sea gratuito y no gasta un centavo. Y también hay gente de un poder adquisitivo bajísimo que no tendría otra forma de poder acceder, porque no tiene plata para ir al teatro: tiene plata para darle de comer a sus hijos. Es una realidad, Latinoamérica es así, hay mucha desigualdad, hay mucha dificultad económica.

-Vos viajaste mucho, viviste en muchos lugares. ¿Cómo ves la cultura, el arte en Argentina?

Es un Gobierno que ha hecho mucho por la cultura. Yo me crié en una gestión donde era moda cerrar teatros y abrir estacionamientos, había un vaciamiento cultural enorme y edilicio también. Eso se ha modificado, se ha puesto prioridad en que eso sí se modifique. Los cambios no llegan rápido, no son para mañana, no se vuelve a reconstruir algo. Hay un mayor incentivo, hay una preocupación por mejorar algo. Por primera vez tenemos un Ministerio de Cultura, cosa que antes no había. Entonces, hasta los críticos más acérrimos, pónganle que no les gusta la forma en que está dirigido ese ministerio, pero esa gestión pasa y después vendrá otra que lo haga mejor a los ojos de quienes lo critican. Son cosas que, por más que algunos crean que están mal encaminadas, por lo menos se hacen; antes no sucedía. Era terrible tirar abajo un teatro para construir una playa de estacionamiento, porque al revés no lo volvés a hacer.

-Hablábamos de cómo es la previa antes de bailar y vos me contaste alguna vez que tenés una rutina superexigente. Seis días por semana te levantabas a las siete de la mañana. ¿Eso lo seguís haciendo?

Sí, es así. La danza es muy sacrificada, es muy exigida y tenés que tener una disciplina. Un día que no trabajé es un día irrecuperable, por eso se trabaja seis días a la semana.

-Quienes no pertenecemos a ese mundo nos fuimos enterando de lo sacrificado que es con relatos, películas. ¿Me contás un poco más?
Vos tenés que estar predispuesto a trabajar mucho más que en cualquier otro trabajo. Son ocho horas diarias de actividad, muchos días de la semana no tenés noche, no tenés feriados, no tenés fines de semana. No tenés la vida social que la gente tiene. De chiquito también, un sábado al mediodía vos estás en ballet, no estás en los cumpleaños. El tiempo y la carrera te marcan la agenda y tu vida. Si te podés amoldar, sentís que no es un sacrificio hacerlo, como en mi caso. Si estás a gusto con lo que hacés y vas positivamente a favor, va bien; si no, se te hace muy arduo.

-¿Por qué seguís bailando?
Porque tengo pasión por la cultura, por la danza, por el teatro, por la vida, porque me gusta. Creo que es un camino de conocerse a sí mismo, creo que te acerca mucho a cómo sos como persona, cómo sos en tu interior. Te acerca a la belleza, te acerca a la verdad. El arte eleva, depura el espíritu.

-¿Nunca hubo un momento con tanta exigencia en que digas: "Bueno, ¡basta! No quiero más esto"?

Sí, pero cinco minutos al día y después volvés a empezar. A veces no encontrás los resultados y ahí viene la frustración, viene el enojo, pero la pasión no te lo mata ni el enojo ni el arrebato.

-¿Qué sentiste cuando llegaste al Colón?
Una gran felicidad, es un hermoso teatro. Es muy lindo. Un lugar con el cual yo me encontré. Cuando llegué no sabía nada de lo que iba a vivir.

"Hasta que no haya una política más seria, vamos a estar muchos artistas haciendo carreras afuera"

-¿Y después qué pasó?
El teatro excede a todo personalismo de quien lo dirija en el momento del tiempo. El teatro no tiene la culpa de nada, pobre. Es la víctima de todo lo que lo maltratan. Hasta que no haya una política más seria y una reconstrucción genuina a nivel nacional del cuidado de los artistas y un programa que los abrace y que no nos despida, vamos a estar muchos haciendo carreras afuera o triunfando en el exterior y no permitiéndole al público que disfrute de nosotros. No solo no disfruta el artista, sino también toda la gente que se prohíbe de verlos bailar ahí arriba. Es terrible.

-¿Cómo estás viendo la gestión de [Darío] Lopérfido?
Recién arranca, mínimo hay que esperar seis meses, un año, para poder ver qué camino va a tomar. Fui muy crítico de la anterior. A mí no me gustó para nada. Creo que le hizo mucho daño al teatro, fue terrible. Pero ellos lo sostuvieron siete, ocho años. La gente de adentro fue muy cómplice, porque no creo que la democracia sea solo de arriba para abajo. Tiene que haber un balance entre el pueblo y sus dirigentes. No han sabido luchar con armas más sólidas. Ojalá que este señor, al cual no conozco más que de nombre, al menos tenga más amor por el edificio. No se puede trabajar con artistas a los cuales se destrata. Es un ámbito en el que si no hay una admiración y un respeto hacia el otro, no se pude trabajar.

-¿Vos lo querés todavía al teatro?
Sí, lógico. El Colón no tiene la culpa de nada. Es la gente que pasa por ahí adentro quien lo destruye. Yo estoy enamorado del edificio, no de la gente.

-Volviendo a tu recorrido, después del Colón te fuiste a Londres. ¿Cómo fue irte siendo un adolescente?

A los ponchazos, a los golpes, como cualquier persona que tiene que crecer rápido y no está preparado para hacerlo. Lo que no te mata te fortalece. Fue un aprendizaje humano invalorable.

-¿Hablabas inglés?
Nada. Estaba solo, con la valijita en la calle y sin departamento. Bajo la lluvia, buscando lugar para dormir. Tenía trabajo, pero no tenía dónde dormir.

-¿Qué maduración se dio primero? ¿La profesional o la personal?
La profesional, después me fui haciendo hombre. Las cuentas, los bancos, el trabajo, otro idioma, otra ciudad, conocer gente, abrirme a cosas que... Yo era nada, un chico de La Plata.

"Yo no postergué mi vida por bailar"

-El día que decidas jubilarte, ¿cuál va a ser el primer exceso que querés disfrutar?
Ninguno, porque no dejé nada por bailar. No siento que tenga un cepo adentro, que el día que deje la danza estalla para afuera.

-¿Pero podés irte de vacaciones y engordar cinco kilos sin problema?
No, pero no como para engordar cinco kilos tampoco.

-Ay, pero es tan lindo...

Gracias a Dios no los engordo. Como y no me sucede eso. No es que yo me estoy prohibiendo la comida. ¿El exceso cuál es? Y, agarrar un viaje cultural e irme un año a Europa y no tener una agenda y disfrutar el tiempo. Sí, eso sí. Pero yo no postergué mi vida por bailar.

-¿Es competitivo a nivel mundial lo que gana un artista en Argentina?

Hoy en día, con la devaluación, no. Con el dólar así, lógicamente que no. Pero, bueno, es nuestro país. Son los ciclos de toda la vida.

-Viviste en muchísimos lugares del mundo. ¿Qué te hace hoy elegir la Argentina?

Estoy en un proyecto muy lindo, que está creciendo y le está dando mucho a la Argentina. Es hacer algo por primera vez para la Argentina y no para la carrera, y eso es algo que me engrandece mucho como persona.

-Si te hicieran una propuesta de sumarte a la política en algo vinculado a la cultura, ¿te interesa?

No sé, yo nunca hice política. De esta forma es un poco hacer política. Algún tipo de funcionalidad al Gobierno le estoy dando por lo que hago. Soy una especie de funcionario desde lo artístico. No haría algo que esté ajeno de la danza, no haría algo para lo cual no estudié, no serviría.

-Es muy interesante llevar la danza a diferentes niveles sociales. Hay un prejuicio que asume que los niveles que menos acceso económicamente tienen no están interesados en la danza, la ópera y la cultura en este sentido y sí están interesados en el fútbol. Es muy importante romper con eso.

A medida que se pueda ir formando mejor este proyecto, Danza por la Inclusión, que tiene justamente la inclusión como primer asignatura, todos estos estigmas o estos prejuicios se van a ir desmitificando, a medida que uno pueda observar que sí, que la gente con menos recursos igual es ávida de ver cultura y la puede disfrutar de la misma manera que una persona que vive en Recoleta.

"Sin educación no podés pensar, sin salud no podés vivir, pero sin cultura no hay sociedad"

-Sabés que por otra parte también es cuestionado el dinero que se destina a estos temas. ¿Qué te genera eso?

Ignorancia. Un Estado presente es: salud, educación y cultura. Obviamente que primero tenés que tener a la gente viva. Lógicamente a la gente la tenés que tener educada. Y después tenés que darle cultura. Sin educación no podés pensar, sin salud no podés vivir, pero sin cultura no hay sociedad, no tenés lugar de pertenencia. Yo creo que eso también te da la cultura, la hermandad de sentirte parte de un proceso colectivo.

-¿Qué ves de diferente cuando se presentan en el interior?

Menos posibilidades. Acá la oferta cultural es enorme. Cuando vos vas al interior, la primer respuesta es: "Gracias por venir hasta acá. Gracias por traernos algo. Gracias por acordarse de nosotros". La gente que vive en el interior se siente un poco marginada. Creo que eso es real, no es algo emocional.

-Te cambio de tema. ¿Estás en pareja?
No.

¿Enamorado?
Tampoco.

-¿No se extraña estar enamorado?
Sí, pero estoy tranquilo. Es un proceso para no estar en pareja.

"¡Cuánto de todo lo que no soñé me tocó igual!"

-Hace un tiempo me dijiste que en algún momento tenías ganas de ser papá, que no tenías dudas sobre la paternidad. ¿Seguís teniendo esa certeza?

Creo que sí, porque me parece que es algo natural en la vida. Es algo que te coloca en el lugar correcto, el hecho de ser padre. Te corre el ego al lugar correcto. Que esa criatura dependa de vos automáticamente hace que primero sea lo importante, que no es la banalidad de cómo me siento frente al espejo, o lo que hago, o un poco el aplauso, un poco esto, un poco lo otro. Yo estaría encantado, cuando sea un poco más grande, no porque me sienta chico, pero cuando tenga otro ritmo, que pueda dedicarle el tiempo que necesita una criatura. Hoy por hoy iría entre camarín y aeropuerto, y no tiene sentido traer una persona al mundo de esa forma.

-Si hoy tuvieras una charla imaginaria con ese nene de 8 años, cuando empezaste, ¿qué le dirías?

Que estoy totalmente sorprendido de lo que la vida me dio, honestamente. Yo pretendía bailar en la Argentina y, tal vez, ser primer bailarín en el Colón. La vida me llevó por tantos caminos que ninguno de ellos fue pensado, planeado, ni tampoco soñado. La verdad digo: "¡Guau! ¡Cuánto de todo lo que no soñé me tocó igual!".