AP 163
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En Brasil nadie con dos dedos de frente duda de la honestidad personal de Dilma Rousseff. Jamás usó el poder para ayudar a familiares, amigos o allegados a ganar dinero al amparo del Estado, y es la primera en reaccionar ante cualquier sospecha de corrupción entre sus subordinados.

Una vez, al hacerse público que un cercano (y brillante) colaborador presidencial disfrutaba de una súbita fortuna amasada gracias a sus notorias influencias entre funcionarios del Estado, la mandataria diría: "un millón, bueno, puede ser, ¡pero siete millones!". El aludido salió del Palacio del Planalto, la sede del gobierno en Brasilia, horas después.

La paradoja es que, pese a su comportamiento austero y republicano, parte de la oposición (y hasta algunos miembros de partidos aliados) buscan por estas horas formas de abrir un juicio político a la presidente reelecta, a la que acusan de desprolijidad en el manejo de las cuentas públicas.

A Dilma la cercan varios dolores de cabeza, y está a la defensiva. En una entrevista con Folha de San Paulo publicada el martes aseguró: "no voy a caer, no voy, no voy. No será tan fácil, eso es lucha política. Las personas caen cuando están dispuestas a caer, y yo no lo estoy", y advirtió que quienes quieren sacarla de la presidencia son "golpistas".

"Mi angustia aumenta al percibir que el gobierno que elegimos, de la honrada presidente Dilma Rousseff, parece aún no tener noción de la gravedad de la conspiración que busca derrocar su gobierno este mismo año", se quejó el senador del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) Lindbergh Farias.

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Rousseff en Silicon Valley, durante su reciente gira por Estados Unidos.
La lista de golpes que ha puesto a Dilma contra las cuerdas es la siguiente:

1) "Pedaladas" (pedaleos o bicicletas) fiscales. Se trata de un ardid contable que consistió en represar recursos del Tesoro Nacional para mejorar artificialmente las cuentas públicas. Los bancos estatales cubrían gastos del Ejecutivo, como el pago de planes sociales, y luego el Tesoro les devolvía los fondos (con atraso). La práctica no es nueva, pero fue usada con intensidad en 2014, año electoral. El tema será juzgado en agosto por el Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU). En el caso de que el tribunal rechace la prestación de cuentas del Ejecutivo, el tema pasará al Congreso; allí el voto decisivo será el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), aliado del oficialismo que en algunos casos ha votado contra intereses del gobierno.

2) Economía en recesión. Con la actividad y la recaudación en baja, Dilma asumió un plan de austeridad que contraría sus promesas electorales de 2014. Ella asegura que mientras más rápido se implemente el ajuste más rápido se verán sus efectos, pero el plan genera resistencias dentro del propio PT, y pérdida de popularidad de su gestión.

3) La "traición" del aliado PMDB. Los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados son (como el vicepresidente de la República, Michel Temer) parte del PMDB. Se trata de políticos expertos en sobrevivir a distintos gobiernos y que suelen cambiar de equipo cuando perciben que el poder puede mudar de lado. Un juicio político a la mandataria que no afectara al vicepresidente Michel Temer -hasta ahora un fiel y respetuoso aliado- dejaría todo (Poder Ejecutivo y Congreso) en manos del PMDB.

4) La baja popularidad presidencial, de un 9 por ciento, es un hecho prácticamente inédito en la era democrática que recomenzó en 1985. Apenas José Sarney, quien sufrió la hiperinflación y la recesión aguda en la década de 1980, tuvo un nivel de popularidad semejante.

5) El "Lava Jato". La investigación por pago de sobornos en Petrobras ya explica gran parte del frenazo económico del país (que está en recesión) y golpea a industrias de capital intensivo en mano de obra: construcción, sector naval y energía. La investigación por fraudes que afectaron a la petrolera estatal suma delaciones con una metodología simple y muy cuestionada: se detiene a sospechosos y se les ofrecen penas atenuadas a cambio de convertirse en delatores. En algunos casos, el contenido de las delaciones ha sido selectivamente filtrado a los medios, golpeando más la imagen del PT.

6) Las cuentas de campaña; un empresario de la construcción y delator del Lava Jato ha declarado que hizo aportes a campañas electorales del PT. Según testimonios, la contraprestación de las donaciones oficiales y registradas eran contratos con Petrobras sobrefacturados. La acusación es difícil de probar, pero ha generado impacto en la opinión pública y podría llegar al Tribunal Superior Electoral (TSE). El financiamiento ilegal de campaña, en caso de que sea comprobado por el TSE, podría significar la anulación del mandato de Dilma y su vice Michel Temer. Por tener menos de dos años en el cargo (contados desde el 1 de enero último, cuando asumieron el nuevo período) , si hay anulación se debe convocar a nuevas elecciones.

Con nuevo look -gracias a la dieta del médico argentino Máximo Ravenna- la mandataria pasó por Rusia esta semana empeñada en buscar nuevos clientes internacionales para los productos brasileños. En casa, Dilma lidia como puede con los embates políticos que la desvelan. Como en la canción de sus paisanos Milton Nascimento y Ronaldo Bastos, después de este febril 2015, para la presidente nacida en Minas Gerais "nada será como antes".

La autora es editora de la Agencia Brasil 247.