Máximo Parpagnoli 162
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Cuenta la leyenda que la Biblioteca del Teatro Colón empezó a funcionar el 23 de julio de 1940, por iniciativa del musicólogo Ernesto de la Guardia, que tuvo la idea de ir coleccionando los programas que se le entregaban en mano a los espectadores antes de cada espectáculo. Hoy en día, gracias a un proceso de digitalización y a través de la enorme pantalla de una de las dos Imacs que dispone la sala, podemos volver hasta el 25 de mayo de 1908 –día de inauguración del teatro- y hojear toda la información que se difundió para aquella histórica presentación de la ópera Aida de Verdi.

Programas de los conciertos de Martha Argerich o las partituras de Steve Reich son solo algunas de las cosas a la que los visitantes pueden acceder, ya que la biblioteca cuenta con unos 2000 textos referidos a los instrumentos, al arte, al teatro, la música y biografías de artistas. "Debe haber más de 5000 o 7000 ejemplares aún guardados, ya que son como 900 cajas, así que habrá más libros para consulta", asegura Alejandra Balussi, bibliotecaria de la sala.

Balussi no sabe cuándo habrá más ejemplares disponibles, ya que son ella, y otras tres personas, las responsables de atender la biblioteca y escaparse, si hay pocas visitas, al librario del tercer subsuelo para abrir esas cajas y catalogar su contenido. Ese cuarto funcionará como un anexo a la biblioteca luego de un proceso para controlar su temperatura. "Los libros con roturas pequeñas los reparamos nosotros con pegamentos sin ácido o telas especiales, pero los que tienen daños grandes los llevamos al Taller de Restauración y Conservación de la Dirección General del Libro", agrega.

 Máximo Parpagnoli 162
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El ejemplar más antiguo que se puede consultar, por ahora, es un Diccionario de la Música, francés, publicado en 1811 y que pese a sus más de 200 años, se encuentra impecable. El idioma no debería sorprender, ya que "la mitad del material que hay acá está en italiano, alemán o francés", explica Balussi y agrega que hay programas y folletos traídos directamente de sus ciudades de origen, por ello podemos observar librillos de la Filarmónica de Madrid o del Teatro de la Scala. Además, se ofrecen revistas extranjeras y aquellas que se les da exclusivamente a los abonados del Colón.

"Se está avanzando en la digitalización de todo el archivo de fotografías, vídeos y audios grabados de las funciones del teatro", asegura el director del Colón, Darío Lopérfido, y añade que se han fotografiado oficialmente y de manera continuada las funciones desde el año 1967. La idea, en un futuro, es que se pueda acceder a esta información desde la biblioteca. "Yo ya empecé a escanear algunas fotos, croquis y portadas, y creo que algunos libros se van a digitalizar, en lo posible para que ya no se toquen", comenta Balussi.

La sala es la misma que ocupó la biblioteca años atrás, sin embargo del antiguo mobiliario queda solamente la araña dorada que ilumina la habitación. "Como todo el teatro es un monumento histórico nacional, no se lo puede tocar y si tenía estanterías más altas que las que hay ahora, íbamos a tener que amurallar la pared para sostenerlas", explica Balussi. De todas maneras, este cambio no impidió que alrededor de unas 20 personas por día visitaran la sala desde su reapertura, el 29 del pasado mes. "Hay gente que se viene a leer un rato para distenderse porque dicen que el lugar les trae calma y paz", confiesa, orgullosa, la bibliotecaria.

Cualquier persona puede entrar en la biblioteca, de manera totalmente gratuita, de lunes a viernes, en el horario de 10:00 a 18:00 horas, desde la calle Libertad 629. Incluso si lo desean, tienen la posibilidad de traer y usar sus propias computadoras, ya que la sala cuenta con varios enchufes en las dos largas mesas de lectura. Además, en caso de que algún lector quiera conservar algunas hojas de un libro, la biblioteca tiene un scanner y envía las digitalizaciones por correo electrónico.