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Francisco llegó a Asunción. El pueblo paraguayo explotó en ovación y llanto. Para ellos se trata de alguien próximo, a quien visualizan junto a la Virgen de Caacupé, la bandera nacional y un mate de calabaza.


Ingobernable, como siempre, salió del protocolo y paso a saludar a las reclusas de la cárcel del Buen Pastor. Hace lo que quiere, es verdad, pero es muy disciplinado y obediente con la custodia. Se deja cuidar. No pudo controlar la emoción, quienes lo conocemos, lo percibimos, cuando recordó a sus hermanos paraguayos de Argentina y nombró a la parroquia de la Virgen de los Milagros de Caacupé de la Villa de Barracas.


El presidente Horacio Cartes es un anfitrión ideal para Francisco porque no lo agobia con el protocolo. Ningún encuentro dura más de 30 minutos. Mañana el Pontífice acudirá al santuario de Caacupé, donde le van a pedir que le dé la categoría de Basílica.


Allí les rendirá un sentido homenaje a las mujeres paraguayas. En palabras de Francisco: "Ustedes saben que en toda América, la mujer paraguaya es la más gloriosa, no porque haya estudiado más que otras. Porque la mujer paraguaya supo asumir un país derrotado por las injusticias y los intereses internacionales. Ante esta derrota, llevó adelante la patria, la lengua y la fe. Y la Virgen, al tomar la ciudadanía paraguaya bajo el nombre de los Milagros de Caacupé, nos dice que está dispuesta a ayudarnos, a llevar adelante la patria, la lengua, la cultura y la fe".


El Papa se encuentra con una Iglesia paraguaya en crisis. Lo reciben como a un padre después de 27 años de la visita de Juan Pablo II. Lo cierto es que tras la asunción de Fernando Lugo en la presidencia de la República se devaluó la imagen de la jerarquía eclesiástica, luego de las denuncias de paternidad irresponsable que lo tuvieron a mal traer.


La última de las crisis fue el año pasado, con la destitución del obispo Rogelio Livieres Plano dictaminada por el mismo Francisco para "el bien mayor de la Iglesia de Ciudad del Este y de la comunión episcopal del Paraguay". Después que anunció su paso por Paraguay a fines del año pasado, el fervor empezó a crecer en las parroquias y fue aumentando a diario. Una muestra de la empatía que el Papa despertó en los paraguayos se vio reflejada en el ex seminario que se pobló de laicos en la previa: coreutas, laicos, servidores de la vieja y nueva guardia se unieron en un único lema, "todos por Francisco".