Los vinos de Argentina contra los de Chile, la otra final

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Las comparaciones son odiosas, pero muchas veces sirven para entender mejor el contexto. Argentina y Chile se enfrentan en una final de fútbol. Y la misma rivalidad que se verá en la cancha es la que se refleja en las góndolas y restaurantes del mundo entero.

Hay muchos mitos dando vueltas. Que los vinos de Chile son más conocido, que la Argentina lo está alcanzando en las ventas globales, que Chile tiene reglas más claras, que el Malbec se "come la cancha", etc.

La realidad es que ambos países tienen historia, terruños, variedades y personajes que hacen posible que el mundo hoy hable de sus vinos. Tantas diferencias como semejanzas alimentan el debate de cuál produce los mejores vinos. Y al final, uno sólo será el vencedor.

La naturaleza es sabia

Fabricio Portelli, sommelier especializado relata a Infobae que un bodeguero le dijo: "La Cordillera de Los Andes es la columna vertebral que une ambas naciones vitivinícolas". Algo que en la realidad no se da, ya que a los Latinoamericanos les cuesta mucho sacar a relucir la tan mencionada hermandad. Y el vino no es la excepción.

Los climas y suelos son bien diferentes, tanto como la roja y la celeste y blanca. De un lado todos los viñedos son influenciados por el mar; mientras que del otro es el desierto el que manda. Tanto que se pueden diferenciar como vinos de mar y vinos de sol . Y si bien comparten las latitudes, las alturas de los viñedos al pie de Los Andes son muy diferentes. Del lado chileno son relativamente bajas, mientras que de Salta a Mendoza, las alturas pueden llegar hasta los 3000 metros sobre el nivel del mar. Y si bien la altitud no garantiza calidad, le confiere a los vinos una identidad muy definida. "Es por ello que ninguno necesita envidiarle nada al otro. Porque al carácter que brindan las brisas marinas, se le puede competir con las intensidades de los vinos de altura", remarca el experto.

Las variedades son otro capítulo importante y muy diferenciador. En este aspecto alguna vez surgió la posibilidad de complementarse. Pero la realidad indica que la necesidad competitiva de diferenciarse sigue siendo más importante.

"La Argentina tiene un Messi del vino; sin dudas es el Malbec. Mientras en Chile no hay una uva que se destaque tanto del resto, ya que la Carmenére no pudo trascender. Es decir que en la comparación de un Malbec vs. un Carmenere, a igualdad de condiciones, el Malbec es un claro ganador", dice Portelli.

También en la Argentina hay un blanco diferente y popular; el Torrontés. Que da un vino único en el mundo, con sus exuberancias florales bien marcadas. Un vino que en Chile no se consigue.

Después, ambos países producen vinos a partir de las mismas vitis viníferas (uvas de origen europeo), con características bien diferentes. Por ejemplo, señala, las variedades de ciclos de madurez más cortos se lucen más en climas frescos, y por eso los Sauvignon Blanc y Pinot Noir de Chile son más admirados en el mundo. "Y si bien en Patagonia se intenta alcanzar la misma fama, falta mucho trabajo aún de este lado de la Cordillera. En Cabernet Sauvignon, el rey de los tintos, ambos países están bastante parejos, ya que existen grandes exponentes varietales y blends en ambos países. Pero Chile aprovechó la "distracción" de la Argentina con el Malbec y sacó una leve ventaja".

En el resto, ambos países ofrecen una diversidad interesante, y así como la Bonarda puede consagrarse en nuestro país, en Chile están intentando lograr algo similar con su uva autóctona denominada País.

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La importancia de los jugadores

Tanto en Chile como en Argentina los nombres propios son muchos, y no es relevante compararlos entre ellos. Pero sí es interesante entender a qué le está apuntando cada país. "Mientras en Chile siguen desafiando los límites geográficos y climáticos, y reflotando su uva nacional (país); en la Argentina se está enfocando en lograr vinos con sentido de lugar. Y si bien esto deja de lado la importancia de los varietales, es el Malbec el mejor intérprete de esos lugares. Y son las nuevas generaciones locales las que se han propuesto ir más allá. Aprovechando la experiencia de sus antepasados para desafiar al mundo; esta vez en serio; con los nuevos grandes vinos argentinos".

En Chile las denominaciones de origen están mejor desarrolladas, ya que cada Valle está muy bien delimitado. En la Argentina recién ahora se toma conciencia de la importancia de defender los límites naturales de cada zona en pos de resaltar características de los vinos. Así nacieron las I.G. (Indicaciones Geográficas) Valles Calchaquíes y Paraje Altamira, por ejemplo.

No obstante, en el Viejo Mundo queda demostrado que un terruño necesita siglos para consolidarse y alcanzar la elite de los más prestigiosos como Champagne, Borgoña, Burdeos, Toscana y Ribera del Duero, entre otros.

Por estas latitudes, el trabajo del hombre (enólogos y agrónomos) sigue siendo fundamental y necesario para desarrollar los terruños con todos sus potenciales.

La importancia del país

Hay muchos otros aspectos que condicionan el triunfo, tanto en la cancha como en los mercados de consumo. Chile tiene una más larga trayectoria exportador y con reglas mucho más estables. Pero la Argentina tiene un mercado interno tan importante, el cual les permite a las bodegas planificar a partir de él, y que la exportación pase a ser un plus más que una necesidad. "Esto, de alguna manera, explica la reciente irrupción de las etiquetas argentinas en el mundo de las exportaciones. Como ventaja, el posicionamiento logrado está más acorde a los estándares exigentes de los consumidores actuales, lo que permite un potencial de crecimiento mayor al de los hermanos trasandinos. Hoy Chile casi triplica en ventas de vinos al mundo a la Argentina; mientras este duplica en producción y consumo interno", asegura Portelli.

Se sabe que ningún vino es igual a otro; en eso la naturaleza es perfecta, y le impide al hombre duplicar un vino. Pero eso no implica que la estandarización no haya llegado al mundo vitivinícola. Cuando una etiqueta tiene éxito, muchas otras tratan de seguirle los pasos.

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Pero el éxito está mucho más cerca de la diferenciación. Aunque generalizando se puede decir que hay grandes diferencias entre los vinos chilenos y argentinos.

Dice Portelli: "Los blancos de clima marítimo, influenciados por el Océano Pacífico son más filosos, con su acidez más marcad y un paso por boca más vertical. Mientras que los blancos desérticos suelen ser más amables en su expresión frutal y voluptuosos. En tintos pasa algo similar. Las nubes que sobran del otro lado, vendrían bien de este; y los rayos de sol que abundan en nuestras regiones ayudarían mucho del lado chileno. Pero en definitiva es parte del sello diferencial en los vinos de cada país".

Y mientras algunos critican la excesiva madurez y potencia (alcohólica) de los vinos argentinos, otros critican un descriptor herbal muy característico que marca a muchos vinos chilenos; el eucaliptus.

Pero para que un vino sea bien considerado en el mundo, la imagen país es fundamental. Ya que en una góndola o carta de restaurante con vinos del mundo, el primer diferencial no es ni el precio, ni la calidad, ni la variedad, ni la marca; es el origen. Por eso, más allá de las situaciones socio-económicas, los estandartes referentes de cada país suman al momento que un consumidor debe elegir qué vino llevar. El tango, Maradona; y ahora Messi; las carnes, y la Ciudad de Buenos Aires, son atributos que pueden inclinar la balanza de las preferencias de cualquier amante del vino.

"Desde hace más de quince años recorro el país y las diferentes regiones vitivinícolas del mundo degustando vinos. He cruzado la Cordillera algunas veces para catar vinos chilenos exclusivamente. Algunas variedades se destacan más que las nuestras, y hay etiquetas admirables. Pero si esta fuera una contienda, para mi no hay dudas. El ganador es Argentina", concluye el experto.

Por Fabricio Portelli

@fabriportelli