Violación grupal en San Pedro: la mamá de Valentina contó el calvario que vive su hija

María, madre de la joven atacada, relató a Infobae las insólitas críticas que enfrenta en el pueblo y los profundos miedos de la víctima. El remordimiento del novio por cómo actuó. ¿Fue una venganza tumbera?

Infobae
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María, la madre de Valentina –el nombre de fantasía de la joven de 14 años que fue forzada a punta de pistola calibre .38 a practicarles sexo oral a cinco extraños frente a su novio, a mediados de marzo pasado en una fiesta de quince en la localidad de San Pedro– tuvo que escuchar cosas un tanto alocadas en estos últimos días. El hecho que sufrió su hija había sido relatado por medios locales poco después de que ocurrió; el minucioso relato que Valentina le ofreció a Clarín el fin de semana pasado lo volvió un tema nacional.

Las críticas en San Pedro fueron inmediatas. Una periodista local le dijo a María "que cómo iba a contar todo ese morbo, que no lo difundiera, que no exponga a su hija", sin saber que fue Valentina misma la que se decidió a hablar, aconsejada por su analista particular. Días atrás, el ginecólogo que debía revisar a su hija tras la violación –y que fue sumariado tras llegar cuatro horas tarde– la llamó a María no para ofrecerle apoyo, sino para cuestionarla por su suerte: "Soy tan ingenua que pensé que me llamaba para preguntarme por mi hija", dice. Para colmo, los testigos tardan en aparecer: una oficial de Policía que actuó en el hecho, según ella, dijo no tener registro alguno de la noche del 14 de marzo al declarar. Y mientras dialogaba con Infobae esta mañana en San Pedro, una radio local deslizó que María "es del PRO, que está haciendo política y que los periodistas la usan", según cuenta ella misma. Lo cierto es que María se cansó. Su hija también.

María afirma: "Me han dicho de todo, cosas que me afectan como mamá. Y mi hija se cansó de que hablen por gusto. Había 500 personas en esa fiesta. Hablaron de más, decían que se la habían buscado, que estaban haciendo cosas raras, que si no hubiese salido del salón no le habría pasado nada. El analista le dijo a mi hija: 'Si no contás lo que te pasó, todos te minimizan'". María, puntualmente, habla de "injusticias". Y esto, en un pueblo chico, con elecciones en el horizonte inmediato, es un puñal por lo menos incómodo.

¿Qué "injusticias", puntualmente?

-La injusticia de no tener respuestas. Para empezar, estaba en una fiesta de quince, en el mismo predio, a 50 metros de la fiesta misma detrás de un montículo de tierra y unos pinos. Había 500 personas. El protocolo para víctimas de violación no funcionó, ni en el Hospital Municipal ni en la comisaría. Tuve que gestionar medicamentos en forma particular. En la comisaría, a las 5 de la mañana empiezo a pedir por favor con un médico. Recién llega al hospital a las 11 de la mañana. Los asistentes sociales en un primer momento tampoco aparecieron. Nadie se hace cargo. El lugar de la fiesta, Quinta El Nono, volvió a abrir; ya tiene eventos este mes.

Hoy hay tres detenidos por el hecho –dos mayores, un menor– en una causa llevada adelante por el fiscal de menores Alejandro López, que espera cotejos de muestras de ADN y busca a dos prófugos, uno de ellos un joven de 22 años que ya fue identificado y que tiene un pedido de captura en su contra. Todos ellos son cosecheros de frutas, changarines oriundos del barrio La Tosquera, un asentamiento de ranchos en las afueras de San Pedro. Dos de los detenidos fueron atacados a golpes por gente presente en la fiesta, con lesiones que perduran hasta hoy. Uno de ellos fue encontrado con la camisa del novio de Valentina, que fue atado a un árbol en el hecho y forzado a mirar, y con la cadenita y el celular de la joven. Pero para Valentina y su novio, la lesión no se cierra solo con un expediente elevado a juicio.

Valentina ya tenía una analista, que la acompaña en este proceso. Tras la violación, una asistente social y una psicóloga de la Provincia visitaron a María y a su hija. Le fueron honestas a la madre: un seguimiento a distancia no iba a ser algo sencillo. María, por otra parte, entendió que su hija y su novio, Julián, necesitaban una terapia en conjunto por el hecho. "Julián se siente muy culpable. Le dice a mi hija: 'Me hubiesen matado a mí antes de hacerte algo a vos'. No es fácil. Imaginate el rol social del varón. Yo le digo: 'No es que vos no la protegiste. Estaban los dos desprotegidos. Si te rebelabas, te pegaban un tiro a vos y lo hacían igual'".

Así, en plena campaña electoral, María comenzó a ir a actos políticos en San Pedro, a buscar candidatos que la ayuden. Fue a ver a Gustavo Posse, por ejemplo. Pero fue María Eugenia Vidal, candidata del PRO a la gobernación bonaerense, la que le prestó atención. "Entré a un acto de María Eugenia Vidal, fui a discursos de Gustavo Posse. Después dicen que uno está haciendo política. Le dije a María Eugenia si me podía escuchar, que mi hija había sido abusada en una fiesta de 15. Me dijo que sí, que tiene una nena de la edad de mi hija. Le pregunté: 'Los quiero ayudar a ella y a él. ¿Vos a dónde los llevarías?'. Me dio el número de su secretaria, me dijo si podía viajar y nos recibió con el ministro de Salud porteño en Parque Patricios. Ahora, viajamos todas las semanas a Casa Cuna. Julián logró abrirse y pudo hablar", afirma.

Para Valentina, el derrumbe comenzó tres semanas después de ser atacada. Primero fueron pesadillas, imágenes fortuitas. Desarrolló un miedo intenso a salir a la calle. Dejó sus clases de inglés, que tomaba a la tarde luego de salir del secundario público en donde estudia. Su rendimiento académico se desplomó, un golpe notable para una buena estudiante con ambiciones de ser artista, tras años de practicar danza y patinaje. Había llegado de Disney diez días antes de la violación para festejar sus quince por anticipado durante doce días junto a sus amigas de la misma edad. Los abogados defensores insisten en una rueda de reconocimiento: la psicóloga de Valentina la excusó con un certificado. Ver un hombre con rasgos similares a los que la atacaron le provoca pavor. "No tiene ganas ni de ir a la escuela, me llama a la mitad de mañana y me pide que la vaya a buscar. Hay momentos en que la encuentro llorando. Me dice: 'Ma, no tengo ganas de hacer la tarea. No doy abasto'", dice María.

La cámara Gesell ante una psicóloga en los tribunales de San Nicolás, en donde Valentina revivió el hecho en términos crudos, coincidió con el inicio de su crisis. Detrás, observaban el fiscal, los abogados defensores de los detenidos y los jueces de garantías. Al volver a su casa, Valentina se desplomó: "Entró en un llanto incontenible. 'Tengo una angustia que no puedo conmigo', me dijo. 'Entiendo el vacío que vos sentís. Te está cayendo la ficha. Y vas a tener que superarlo".

Por otra parte, hay una sospecha que se repite en fuentes cercanas a la causa: que la violación masiva de Valentina haya sido una "venganza tumbera". El fiscal López afirmó ayer a Infobae que no cree que los detenidos hayan tenido la idea explícita de salir a violar, que habían planeado un robo inicialmente. Pero hay un dato llamativo: la fiesta era para la hija de un penitenciario de la zona, que trabaja en un penal platense. Un invitado de la fiesta dijo: "Había bastantes guardiacárceles y hasta policías". Se le escuchó decir a alguien a uno de los detenidos entre la golpiza: "¿A vos quién te manda? ¿'El Gordo'?". Uno de los detenidos dijo, con cierta familiaridad: "No me pegues, negrito, no me pegues".

Hoy, el mayor miedo de María es el futuro: una eventual condena cumplida y la liberación de los implicados en el caso, todos ellos con prisión preventiva. "Ellos son de acá", dice ella. Madre de tres hijos, asegura: "Somos sampedrinos de toda la vida, pero no sé hasta cuándo."