Adrián Escandar 162
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Un corralón de materiales sobre Juan B. Justo, a metros de la calle Nicaragua tiene una doble abertura: da una vía libre tanto a Juan B. Justo como a las vías del ferrocarril San Martín. Los empleados del lugar suelen ver cómo rateros salen por detrás de las vías, cruzan el corralón, enfrentan transeúntes para arrebatarles carteras o celulares y volver por donde vinieron. "Si sos mujer y estás sola, entonces estás regalada. Te marcan de inmediato", afirman con cierta displicencia. Tuvieron suerte esta semana: a ellos no les robaron nada. Un corralón vecino, también sobre Juan B. Justo, sufrió dos ataques en los últimos días, uno bajo la modalidad boquetera.


A pocos metros, un comerciante admite: "A mí también me entraron a mazazos por la pared. Tuve que poner sensores y cámaras. Me robaron materiales de construcción y las computadoras. Les metí toneladas de mercadería atrás para que no sepan qué llevarse la próxima." Su mostrador da a la calle. "Hace poco, le pegaron un ladrillazo a una mujer policía. Le quisieron arrebatar el arma reglamentaria. No pudieron, así que le robaron el celular. Una turista norteamericana entró llorando a mi local, gritando que le habían robado la notebook. A una empleada de un local de la zona la golpearon justo en la esquina de Juan B. Justo y Nicaragua; la mandaron al hospital. Lo mismo le pasó a una ciclista." Todos señalan como el foco del problema al predio usurpado que está justo detrás de la vía del San Martín, una serie de galpones ferroviarios también delimitados por la calles Godoy Cruz y Soler, a los que se accede por un angosto pasillo. "Aguantadero", dicen, una situación que fue adelantada esta semana por el diario La Nación. "La gente tiene temor", agrega otro comerciante del otro lado de la vía: la casa contigua a su local fue asaltada dos meses atrás.


 Adrián Escandar 162
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Fuentes de la Policía Federal admiten que solo hubo dos denuncias por robo o intento de robo en lo que va del año en la Comisaría No. 25, con jurisdicción en la zona, aunque realizó once detenciones por los mismos delitos. Sin embargo, en esos galpones, entre pilas de basura y falta de higiene, hay gente trabajando.


Una decena de familias de cartoneros oriunda de zonas como José C. Paz se agrupa ahí para acumular y reciclar residuos. Un camión pasa a buscarlos todos los jueves. Son cerca de 50 personas y están agrupados bajo la cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste, que depende de la Asociación de Trabajadores del Estado. Alejandro Gianni es miembro de ATE y el principal referente de la cooperativa. Conoce el problema de los galpones muy de cerca. No quiere que los tantos se mezclen. "Nadie vive de forma permanente ahí. Y los cartoneros no son los que roban. Son compañeros que trabajan ahí históricamente", afirma a Infobae.


Es lógico su planteo. A pesar de la falta de higiene y el estado de ocupación, los cartoneros son una presencia estable y enmarcada en la estructura de la ATE. Los cartoneros mismos admiten: "Los que roban son de afuera." Entre ladrones y cartoneros existen tensiones, por otra parte. Una fuente policial de la zona explica que "ahí se juntan chorros que vienen de zonas de provincia, se mezclan entre los cartoneros, hacen rancho y se van." Los vecinos hablan de que cualquiera que se asome por las vías recibe una serie de piedrazos de parte de los ladrones.


En enero último, la esquina de Juan B. Justo y Soler fue el epicentro de una batalla campal, a piedrazos precisamente, entre policías y ladrones. Para los cartoneros es una situación al menos precaria: tuvieron que resistir, según Gianni, un desalojo ordenado por la Justicia hace poco menos de dos meses, con presencia de la Policía Metropolitana. Por lo pronto, la presencia policial fue redoblada en la zona: el viernes, cerca de media docena de efectivos de la Federal realizaban tareas adicionales.