La primera entrevista para Doce Noches fue al ex presidente Adolfo Rodríguez Saá en el casco color pastel de su estancia, ubicada a 80 kilómetros de Villa Mercedes, en el sur de San Luis. Fue el 8 de febrero de 2009; luego hice otros reportajes, pero pronto postergué ese libro para continuar con los setenta debido a la muy buena recepción por parte de los lectores de Operación Traviata, ¿quién mató a Rucci?, que había sido publicado seis meses antes.

Lo retomé hace un año y medio, cuando decidí hacer un paréntesis sobre los setenta, convencido —además— de que ya había pasado un tiempo suficiente para abordar la mayor crisis en la historia de la Argentina.

Doce Noches es un libro periodístico, y reconstruye aquellos días en que vivimos al borde del caos, la anarquía y la disolución. Cuando en menos de dos semanas se sucedieron cinco presidentes, desde la caída del radical Fernando de la Rúa —había sido elegido dos años antes por la Alianza— a la asunción de Eduardo Duhalde, el ex gobernador y caudillo de Buenos Aires.

El poder político pasó así del radicalismo y sus aliados al peronismo. Claro que para entender ese momento clave de nuestra historia reciente, explico también cómo fue el gobierno de De la Rúa-Chacho Álvarez y las consecuencias más inmediatas de la llegada de Duhalde a la Casa Rosada, como la pesificación asimétrica y la megadevaluación.

Es decir, voy hacia atrás y hacia adelante, como refleja el Índice, compuesto por diecisiete capítulos.

Fue una crisis que manchó de sangre al país: hubo entre treinta y dos y treinta y ocho muertos, según la fuente que se consulte. Cinco de esas personas fueron asesinadas el jueves 20 de diciembre por la tarde —cuando De la Rúa anunció su renuncia por cadena nacional— entre la Plaza de Mayo y el Obelisco.

Era el país de los saqueos, los cacerolazos, los piquetes y los reclamos más diversos, unidos por un grito común: "¡Que se vayan todos!".

Los políticos tenían que esconderse para evitar la furia de la gente; un escenario solo para gente curtida, como el diputado peronista Oraldo Britos, que, antes de que lo escracharan en Casablanca, un café frente al Congreso, paralizó a la turba: "¡Ustedes se confunden; el hijo de puta que se dedica a la política es mi hermano gemelo!".

La gran crisis se desarrolló frente a las cámaras de la televisión; no solo las protestas, la represión, las muertes y los heridos, sino también las maniobras de políticos, sindicalistas y dirigentes sociales, y el lobby de empresarios, que abandonaron su clásico bajo perfil y entraban y salían de la Casa Rosada y la residencia de Olivos a la vista de todos.

La Argentina parecía el set de un drama por entregas. En aquellos días agitados, yo vivía en San Pablo donde trabajaba como corresponsal de la agencia internacional de noticias ANSA. Recuerdo que no podía dejar de mirar la CNN en español, que transmitió prácticamente en directo toda la crisis.

Tanto De la Rúa como Rodríguez Saá afirman que fueron víctimas de un "golpe no tradicional" liderado por Duhalde —con la presunta ayuda del ex presidente Raúl Alfonsín— para terminar de manera salvaje con la convertibilidad, es decir con la paridad 1 a 1 entre el peso y el dólar.

Por su parte, Duhalde, sus colaboradores y los partidarios de Alfonsín —fallecido en 2009— niegan de plano esa acusación.

Este libro también se ocupa de esa denuncia. También, del fracaso de la Alianza.

Creo que 2001 es una bisagra. Nos permite comprender nuestra historia reciente de crisis recurrentes, de las cuales salimos eyectados hacia la derecha o hacia la izquierda del arco político e ideológico, con igual convencimiento e intensidad.

Pero no solo eso: 2001 contiene las razones que explican el liderazgo político de Néstor y Cristina Kirchner —los herederos, luego no queridos, de Duhalde— durante los últimos doce años.

Un consenso social que incluyó las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura —cuestión que había pasado a un segundo plano en los noventa—, y la veneración de la épica revolucionaria de los setenta.

Un libro periodístico siempre está atravesado por un manojo de preguntas, por lo general implícitas. En Doce Noches, una de ellas es si la Argentina puede ser gobernada sin el peronismo.

Desde cuando irrumpió el peronismo, hace setenta años, ningún presidente civil no peronista puedo completar su mandato, incluidos Raúl Alfonsín y De la Rúa. ¿Será que, cada vez que le tocó el llano, el peronismo se comportó como una "oposición desleal", que no dejó gobernar? ¿O será que el no peronismo no ha sido capaz de garantizar la gobernabilidad del país? Preguntas que vuelven a tener sentido en plena campaña electoral.