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Ya se puede Frontier: Exploring the Top Ten Emerging Markets of Tomorrow, una investigación que combina de modo fascinante los datos duros financieros con una narrativa humana, escrito por Gavin Serkin, economista británico y editor de Bloomberg especializado en mercados emergentes. Su tesis da una vuelta curiosa a la abusada frase de Lenin "Cuanto peor, mejor". Los nuevos mercados emergentes, los que crecerán a mayor velocidad y reportarán mayores beneficios a sus inversores, sintetizó Serkin, son los fronterizos, es decir algunos de los mercados –y los países– más frágiles del presente.

"En aquellos rincones del mundo empobrecidos, radicalizados o en apariencia impenetrables, con frecuencia los activos están muy rebajados", escribió Serkin en su introducción a un trabajo de investigación y experiencia (no siempre amable) de primera mano en esos territorios. "Siquiera un destello de esperanza de estabilidad política o mejora de la economía puede encender una recuperación importante del mercado.·

Argentina es el único país de América Latina incluido en la lista. Y se encuentra en el número 3.

"Quise que el foco del libro estuviera en aquellos países que se consideran mercados fronterizos, es decir aquellos que no han llegado aún a la etapa de desarrollo económico o financiero para que se los considere entre los mercados emergentes", explicó a Infobae por correo electrónico. "Argentina es uno de los pocos países en el mundo que han sido rebajados en su calificación crediticia, de mercado emergente a mercado fronterizo."

La mayoría de los países latinoamericanos más importantes, entre los que nombró a México, Brasil, Perú "e inclusive Venezuela", se reconocen ya de un modo general como mercados emergentes. "El objetivo del libro es descubrir los próximos mercados emergentes."

Para la Argentina, el análisis de Serkin tiene un aspecto agridulce: vulgarmente se podría interpretar que dado que puede caer apenas un poco más abajo de donde se encuentra, todo lo que le queda es mejorar.

"Aunque esta clasificación puede parecer un poco técnica, el punto es importante ­–aclaró– porque la pregunta fundamental que planteo en el libro es cuáles países van a lograr la clase de trayectoria de crecimiento económico que tiene el potencial de elevar el ingreso para masas significativas de la población, como fue la experiencia pasada de mercados emergentes como Brasil o China."

Menos guerra civil, todo vale

La lista es tan variopinta que asombra:

Nigeria

Vietnam

Argentina

Arabia Saudita

Kenia

Myanmar

Rumania

Egipto

Sri Lanka

Ghana

Hay democracias. Hay populismos. Hay autocracias. Hay gobiernos puestos en jaque por el terrorismo fundamentalista islámico. Hay regímenes comunistas en apertura. Hay lugares muy pobres y otros que tienen cierto desarrollo. Una característica de los mercados fronterizos, parece, es la diversidad dentro de su misma categoría.

El anecdotario de Serkin –que da al libro la calidad del relato de un viajero– se corresponde con la situación social de los países que, precisamente por ellas entre otros factores, pueden dar el gran salto en los años próximos.

"El aeropuerto de Jomo Kenyatta se siente como una zona de guerra. Cadetes armados trasladan a los pasajeros desde el avión a un bus verde y beige que dice Servicio de la Juventud Nacional. Nos sentamos todos apretujados, con el equipaje sobre la falda. A nuestra derecha, una pared de acero hace de barricada para el edificio principal del aeropuerto, destruido por ráfagas de tiros", escribió.

En Arabia Saudita asistió a la decapitación de un hombre (su crimen: tráfico de drogas). En Egipto Serkin sacaba fotos a un hombre sin techo, que yacía en la calle aparentemente inconsciente, cuando escuchó el llamado de un policía, y no para sugerirle un ángulo mejor: resultó arrestado. En Nigeria, el país que le resultó el favorito para invertir, un taxista que lo transportaba fue golpeado sin reparos porque se negó a pagar una coima a un policía.

Peter Vanham escribió en el blog beyondbriks del diario británico Financial Times un análisis de Frontier. "Compre cuando hay sangre en las calles dijo una vez, como es sabido, el barón de Rothschild. Al aplicar esa sabiduría a los mercados emergentes, Serkin nombra a Nigeria como el mercado emergente más promisorio para la próxima década."

Nigeria, sí. El país que sufre la brutalidad de Boko Haram, que ha jurado lealtad al Estado Islámico.

"¿Cuál es el mejor lugar del mundo para poner el dinero?", provoca Serkin en su obra. "En lo que va de esta década, es un país al que se considera tan malhadado que integra la lista de los diez Estados más frágiles; un día donde la esclavitud moderna, la violencia y el desmoronamiento de la ley el orden público lo ubican entre los tres peores antros del planeta."

Sin embargo, el crítico de Financial Times justificó correctamente su elección: "Nigeria, después de todo, es el país que más se acerca a presentar características parecidas a las economías emergentes de gran crecimiento del pasado: Brasil, India, China".

Vanham sintetizó que la violencia, la corrupción, la represión estatal y hasta el comunismo no son óbice para que los fondos de inversión apuesten por estos países.

Del desahucio a la promesa

"Alguna vez un puñado de inversores consideró a esa clase de países como algo exótico, mientras que la mayoría los descartó como un caso perdido", escribió Serkin. Ahora, en cambio, constituyen el universo de los emergentes más emergentes.

Para comenzar el periplo de Frontier estudió hojas de cálculos de la evolución de las inversiones en los mercados emergentes y en los fronterizos. Encontró tendencias curiosas, y llamó a los inversores que con audacia habían puesto dinero en países desahuciados. Les hizo tres preguntas:

–¿Qué mercado fronterizo le parece mejor para los próximos cinco a diez años?

–¿Cuándo visita esos países?

–¿Puedo ir con usted?

Y así hizo su investigación en el terreno, yendo y viniendo de África a Asia a Europa a América Latina a Medio Oriente. Las compañías que seleccionó como orientadoras fueron TCW Group, Driehaus, Raiffeisen, Adelante, Templeton, Aberdeen, Baillie Gifford, Deutsche Asset & Wealth Management, Morgan Stanley y Wells Fargo.

Esos corredores de divisas (los de mayor rendimiento en cada país estudiado) mostraron "un rango de enfoques de inversión y sus aplicaciones, con entrevistas a funcionarios gubernamentales, titulares de los bancos centrales y líderes corporativos". Y al final de cada visita le sintetizaron lo básico de sus conclusiones para entender el potencial de cada lugar y qué disparadores los podrían hacer comprar o vender.

Porque ­–como señaló en su Prólogo­ Mark Mobius, presidente ejecutivo de Templeton Emerging Markets Group con cuarenta años de experiencia– los mercados fronterizos varían mucho: "Van desde algunos de los países más pobres del mundo hasta los ricos productores de petróleo del golfo. La mayoría tiene en común un deseo de incorporar mecanismos de mercados para estimular el crecimiento económico y el desarrollo."

A lo largo del libro Serkin despliega los diferentes criterios con los cuales hoy se definen los mercados fronterizos. En su texto introductorio, Mobius los sintetiza: "Como un subconjunto de los mercados emergentes, tienen en común las mismas características que en general producen un crecimiento económico más rápido".

¿A qué se debe eso?

A que en ellos queda mucho por hacer para crear riqueza.

Cuando la economía crece más rápido que la población el ingreso per cápita es mayor y aumenta la demanda de bienes de consumo. "El uso de los teléfonos celulares es sólo un ejemplo. Mientras que el número de suscriptores en Japón es de 109 por 100, y en los Estados Unidos de 98 por 100, en Nigeria es mucho más bajo, 68 por 100, y en Bangladesh es de 64 por 100", ilustró el inversor. "Esto da por resultado una perspectiva de crecimiento en los beneficios para las compañías vinculadas al consumo". Y también las de infraestructura: para cargar la batería el celular hay que enchufarlo a una red de electricidad.

Por eso, quizá, cuatro de los diez países que lista Serkin están en África, un continente históricamente despojado.

Algo que acaso inquiete a los gobernantes de hoy y a la oposición que aspira a gobernar la Argentina desde finales de este año.