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La Filarmónica de París, el Palacio de la Música Catalana, el Teatro la Fenice, la Ópera Garnier y la Ópera de Budapest son verdaderos palacios de la música. Responden a diferentes períodos de tiempo en escenarios diversos, por ello presentan arquitecturas tan características. Pero la belleza de éstos lugares no sólo radica en su esplendor, sino también en el significado que adquirieron para la sociedad. Han sido, y siguen siendo, lugares de reuniones, celebraciones culturales y de gran magnitud emotiva.

Exceptuando a la Filarmónica de París - cuya apertura es muy reciente- estos salones de concierto han logrado verdaderos espacios de encuentro que supieron perdurar en el tiempo. "En definitiva, los teatros y este tipo de salas son eso: edificios que no sólo ponen en valor la obra en sí misma, sino que también le agregan valor al intercambio que allí se genera entre las personas que asisten a los diferentes eventos", explica a Infobae el arquitecto Martín Imbern.

¿Cuál es el secreto de su acústica? Hay una serie de proporciones básicas que se deben respetar a la hora del diseño, no sólo por cuestiones de sonido sino también visuales, en pos de brindar una experiencia satisfactoria al público. Según señala Imbern, la asistencia de especialistas en arte es esencial para el éxito del diseño, sobre todo para no romper con las configuraciones más tradicionales. Además, la elección de materiales de revestimiento es fundamental para que la acústica perdure.

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Conocida también como Palacio Garnier u Ópera de París fue el sitio que inspiró la famosa obra "El fantasma de la ópera". Su estilo es neobarroco y conforma la ópera nacional de París junto con la Ópera de la Bastilla.

También conocida como la Ópera Nacional de Hungría, es considerado una de los sitios con mejor acústica del mundo. Se halla en la sección Pest de Budapest. El lugar fue construido por Miklos Ybl y abierto en 1884.