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Esta operación comandada por el gobierno iraquí se trata de un gran paso en la campaña por recuperar el amplio territorio controlado por los integrantes de la organización terrorista Estado Islámico (ISIS) en el norte de Irak.

Tikrit, ubicada a 130 kilómetros (80 millas) al norte de Bagdad, cayó en manos del grupo yihadista el verano pasado al igual que la segunda ciudad más grande del país, Mosul, y otras zonas del corazón sunita de la nación árabe, ante el desmoronamiento de las fuerzas de seguridad nacionales. Tikrit es una de las ciudades más grandes que controla ISIS en el país, y se encuentra en el camino a Mosul.

Por ahora, el Ejército no ha conseguido retomar Tikrit, aunque el equilibrio ha empezado a cambiar desde que soldados respaldados por los ataques aéreos de una coalición liderada por Estados Unidos retomaron hace poco la cercana ciudad de Beiji, donde hay refinerías de petróleo.

Cualquier operación para recuperar Mosul requeriría antes tener el control de Tikrit, debido a su ubicación estratégica para gestionar los refuerzos militares.

Fuentes militares estadounidenses indicaron que probablemente se emprendería una misión militar coordinada para recuperar Mosul en abril ó mayo, que implicaría hasta 25.000 soldados iraquíes. Pero advirtieron que la ofensiva podría retrasarse si el contingente iraquí no está listo.

Los intentos previos por retomar la ciudad han fracasado, y las autoridades iraquíes dicen que no han marcado un plazo para la operación. En la actualidad se están produciendo intensos combates entre los terroristas y combatientes kurdos, pero sólo a las afueras de la ciudad.

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El frente de batalla

Los soldados de Irak atacaban este lunes Tikrit desde varios frentes con respaldo de fuego de artillería y de cazas iraquíes, según el canal de TV al-Iraqiya. Los extremistas fueron expulsados de algunas partes en las afueras de la ciudad, agregó la televisora sin abundar en detalles.

Tikrit es una importante prueba para el gobierno iraquí, de liderazgo chiíta, y que intenta reimponer su autoridad en el dividido país. Hay profundas diferencias entre la minoría sunita, que supuso una sólida base de apoyo para Saddam, y la mayoría chiíta.

Aunque al-Iraqiya dijo que la ofensiva contaba con la colaboración de combatientes tribales chiítas y sunitas, Tikrit es un importante bastión sunita, y la presencia de fuerzas chiítas podría provocar una reacción en contra entre los sunitas. El ejército iraquí depende en buena parte de las milicias chiítas, acusadas de maltratar a las comunidades sunitas en otros lugares del país.

Horas antes que comenzara la operación, el

primer ministro Haider al-Abadi

había exhortado a los combatientes tribales sunitas a que abandonaran al grupo extremista y se había comprometido a otorgarles el

perdón.

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