Atención primaria de la Salud de Misiones en la comunidad de los niños desnutridos Misiones Online 162
Atención primaria de la Salud de Misiones en la comunidad de los niños desnutridos Misiones Online 162

Semanalmente tomamos conocimiento público de muertes o internaciones por cuadros de desnutrición severa en comunidades alejadas de los centros urbanos en la Argentina profunda. En una de esas provincias, Misiones, se informó hace unos días de la internación de dos niños por desnutrición severa y deshidratación, a pocas semanas de la desoladora muerte de un chico de 7 años en Chaco por desnutrición y tuberculosis.

Qom, wichis, tobas, mapuches y cientos y cientos de comunidades que habitan el interior con costumbres, tradiciones, culturas y hábitos particulares pero con un denominador común: son parias, sin accesibilidad a programas sanitarios preventivos y curativos siendo una población extremadamente pobre, marginal y aislada, tenida en cuenta tangencialmente solo ante la inminencia de cada elección con dádivas que no llegan a cubrir ni las necesidades básicas.

El aislamiento extremo, la falta de integración, las diferencias, comportamientos o hábitos culturales ancestrales difíciles de modificar les juega en contra y sirve de excusa a la insensibilidad e irresponsabilidad social de políticos o líderes locales. La desidia y la falta de accesibilidad a un Estado ausente y alejado de sus verdaderas necesidades que le resulta más fácil construir muros que puentes o autopistas, dicho en un término literal.

Los muros aíslan, dificultan la accesibilidad y la posibilidad de ofrecer ayuda y asistencia. Las autopistas aceleran la llegada de ese Estado que debería ser proactivo, dinámico y adelantarse a los hechos o catástrofes aisladas o comunitarias. Los puentes integran y ayudan a las comunidades aisladas a ser asistidas más allá de sus diferencias de estilos de vida o pautas ancestrales.

La muerte de un niño qom en Formosa, Salta o de niños de otras etnias en Misiones, por ejemplo, con grave desnutrición, deshidratación, tuberculosis y enfermedad metabólica severa evitable o tratable no es un hecho aislado. Estas internaciones, muertes y casos que ni llegan al Centro de Salud y menos al Hospital, ocurren cotidianamente, al punto de estar acostumbrando a ello. El peor sentimiento suscita cuando afirmamos que se tratan de causas de enfermedades totalmente evitables y vergonzantes en un país orgulloso de ser productor líder mundial en alimentos.


Un chico con desnutrición grave tiene 8,4 veces más probabilidades de morir que un niño con las mediciones antropométricas normales para su edad. Una vez diagnosticada la desnutrición y el bajo peso por agentes sanitarios de las mismas comunidades adiestrados a tal fin por especialistas, deben recibir no solo el tratamiento específico y su seguimiento sino la importancia de la educación del grupo familiar y comunitario ya que en la desnutrición influyen las cuestiones sociales y el entorno del pequeño.

La educación es fundamental para tratar al niño y a su entorno social además de servir de estímulo mental luego de recuperado ese paciente, que queda con un déficit intelectual y secuelas de dichas enfermedades de su niñez. La educación va de la mano de la asistencia social y alimentaria.

En esas comunidades, el primer factor de educabilidad y prevención es la comida. Todo esto, comida y educación, faltan inexplicablemente en estas poblaciones alejadas y a veces muy cercanas a los centros urbanos, en el norte argentino y en el Impenetrable, entre otras regiones.

Pero no olvidemos también que debe acompañarse estas políticas de un grado de compromiso y sensibilidad social importantes. Hay médicos y agentes de salud que llegan esporádicamente y cuando lo hacen, no tocan al indígena. Le preguntan desde la puerta del consultorio qué le duele y le indican un analgésico que no toman debido a sus costumbres ancestrales naturales más accesibles y creíbles.

En el futuro esos niños con problemas nutricionales -y luego intelectuales- serán una parte importante de esa alta estadística que está de moda- los NI-NI, los desocupados crónicos, los discapacitados intelectuales y muchas veces sociales, de los que deberán acceder a una ayuda estatal de por vida o a la mendicidad.

Lo peor es que toda esta problemática social, enfermedades y secuelas se pueden evitar, prevenir. Las soluciones dependen de dirigentes y estadistas con sensibilidad social, sentido común, ética y algo de gerenciamiento. Un desafío para los políticos en carrera en un año electoral.


El autor es doctor. Ex secretario de Relaciones con la Comunidad de la Facultad de Medicina de la UBA.