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Parece que en la Argentina hace falta que sobre algunos temas se refiera Marcelo Tinelli para darle la amplificación que se merecen. Y esta semana Tinelli declaró: "En un país que puede alimentar a 400 millones de personas, no puede haber desnutrición".

En este tiempo, en la Argentina, la desnutrición es una de las causas más dramáticas e inconcebibles de mortalidad infantil. Y lo más complejo es que no existe de un solo tipo. Hay varias formas de desnutrición infantil que avanzan y se instalan en poblaciones vulnerables y rodeadas de extrema pobreza como un mal silencioso. Allí se suma la confusión con las estadísticas y la dificultad de construir en el caso argentino un mapa de la desnutrición infantil para atacar este flagelo para siempre.

La desnutrición severa o aguda, esa que fulmina y provoca la muerte de un niño en edad temprana de su vida, antes de los dos años, al decir de los especialistas es la punta del iceberg de un tema que pone en primer plano los derechos humanos de las personas y a la vez evidencia un problema endémico mayor: estas otras formas de desnutrición, más solapadas y crónicas, que comprometen el capital social de un país. Se trata de millones de chicos que se están desarrollando en condiciones por debajo de las esenciales y que les aseguran un futuro finito, precario y limitado.

O como le gusta graficar al médico pediatra Abel Albino, precursor de la lucha contra la desnutrición en la Argentina, para dar contundencia al mensaje: la imagen del interior de una nuez frondosa y llena simula el cerebro de un chico bien nutrido y una nuez seca el de uno desnutrido; sin futuro, seco.

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La mortalidad infantil y materna son el reflejo de una multiplicidad de causas, condiciones ambientales y socioeconómicas; abarca la calidad de la atención sanitaria y el proceso reproductivo que son indicadores del desarrollo social de una nación.

La mayor paradoja para trazar el mapa de la desnutrición en la Argentina aparece cuando se revisan las estadísticas vigentes como la que surge de la ENNYS (Encuesta Nacional de Nutrición y Salud) y Encuestas Nacionales de Lactancia Materna realizada en el año 2005 y publicada como documento de resultados en el año 2007 realizada por la dirección Nacional de Maternidad e Infancia del ministerio de Salud de la Nación.

Ese documento original de la ENNYS sumado a otros posteriores que lo actualizaron señalan que la desnutrición aguda en la Argentina existe y que la Tasa de Mortalidad infantil (TMI) ha descendido entre el 2003 y 2013. Que los casos se concentran en las zonas de extrema pobreza en el NOA y NEA, incluidos los asentamientos de pueblos originarios. Y lo más evidente es la amplia brecha que aún hoy existe entre el Norte y el Sur del país a la hora de cuantificar la Tasa de Mortalidad infantil (TMI).

La desnutrición en realidad no es un tema que vuelve en la Argentina, sino que nunca se ha ido.

Es decir que un recién nacido o una mujer embarazada tienen mayores probabilidades de vivir en la Región Patagónica o en la Ciudad de Buenos Aires que en las regiones del Noroeste Argentino (NOA) y Noreste Argentino (NEA). Por ejemplo en la provincia de Neuquén , la mortalidad neonatal es la mitad de la tasa nacional, mientras que en otras provincias triplican esos números.

Los últimos casos

El comienzo del 2015 golpeó fuerte con casos de desnutrición aguda que ahora parecen visibilizarse y reinstalan el tema con fuerza ante la sociedad y también lo reaviva entre los eslabones que trabajan por la desnutrición y mortalidad infantil en la Argentina.

La provincia de Salta se lleva la peor parte: Mauricio Lucas, un niño wichi de 2 años de la localidad de La Puntana, falleció en el hospital de Santa Victoria. Otro chiquito víctima del hambre en Salta fue Samuel Jaimez (3), también aborígen, de la localidad de Pozo El Bravo.

Más casos recientes se suceden: La muerte de Néstor Femenía, un niño de 7 años de la comunidad Quom en el Chaco fallecido el 6 de enero pasado de un cuadro "de desnutrición y tuberculosis".

Alan Villena, un bebé de 9 meses, murió este mes tras ser llevado por sus padres al hospital de Colonia Santa Rosa, Salta. El parte médico precisó que la causa del fallecimiento se produjo por "diarrea y deshidratación por desnutrición". También en Salta, el caso de Marcos Solís, un niño de 23 meses que integraba la comunidad Wichi de Morillo y falleció hace días en el mismo hospital de Orán que despidió al bebé Villena, tras padecer un cuadro de "desnutrición severa".

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El segundo semestre del 2014 había acumulado otros casos que no habían sido publicados en los medios nacionales: la muerte de Martincito Delgado, de 8 meses, que murió con signos de desnutrición en Pichanal, Salta. En agosto, la autopsia realizada a una beba de once meses que había nacido prematura -Sabrina Jurado- reveló que su muerte se debió a un cuadro de "desnutrición grado 2".

Lo que dejan estas historias de vida llenas de dolor y abandono es que el tema no es nuevo, y que estos casos no hacen otra cosa que ratificar lo que ya se sabe: zonas vulnerables, en las provincias del NOA y NEA que concentran la mayoría de los casos de desnutrición aguda o severa. Es la misma foto de siempre. La desnutrición severa o aguda avanza en su forma más letal y certera; y lo que también desnudan estas historias es cómo se ha profundizado el aspecto endémico del problema, que deja niños muertos hoy y cientos de dañados de por vida, mañana.

Infobae entrevistó a uno de los principales referentes en el tema desnutrición en la Argentina, el doctor Abel Albino, fundador y director de la Fundación CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil). Albino señala: "Vuelve el tema de la desnutrición porque se empieza a tener conciencia sobre la importancia real de este flagelo, cuyo daño es individual y social, nos afecta a todos, porque muchos chicos mueren, pero los que no mueren, quedan dañados de por vida".

La brecha importa

La política y los funcionarios argentinos no reaccionaron con la humanidad que requiere el dramatismo del tema de la desnutrición y mortalidad infantil en nuestro país.

Basta con citar las declaraciones de la ex secretaria de Alimentación y Nutrición Saludable de Salta, Cristina Lobos, -ya separada de su cargo por el gobernador Urtubey- . Dijo Lobos: "El ministerio de Salud no es un obituario, para estar publicando los casos; hay que reservar la identidad de las personas", en relación a los seis niños fallecidos en Salta en los últimos cinco meses. La flamante secretaria de Nutrición salteña, Gladys Pernas, reconoció ante la prensa que había otros dos fallecimientos confirmados.

Consultado por Infobae, el subsecretario de Salud Comunitaria del ministerio de Salud de la Nación, Nicolás Kreplak, explica: "El trabajo que se hizo y se está haciendo desde el ministerio de Salud de la Nación sostiene que el tema no se niega desde la cartera, ni desde el Gobierno.

Lo que ocurre es que se trata de una tema complejísimo y que tiene una larga historia en la Argentina. Hay cifras claras: en estos últimos diez años se ha reducido la tasa de mortalidad infantil en el total del país de un 16,9 % a un 10,8%; pero como siempre ocurre en temas tan sensibles como la salud, que implica la vida de las personas, nunca es suficiente. Aún en nuestro país la tasa de mortalidad infantil se duplica entre el Norte y el Sur del país; pero hoy hemos logrado reducir esa brecha".

Agrega Kreplak: "En la actualidad, el promedio nacional global de mortalidad infantil es del 10.8%; sin embargo, las asignaturas pendientes son las provincias con zonas de pobreza y muy vulnerables. Por ejemplo Misiones está por debajo de ese promedio (del 10.8%) pero Salta y Chaco están aún por arriba del promedio nacional. La gestión en salud siempre es una tarea inconclusa porque se trata de padecimientos de seres humanos; aún hay grandes cosas que profundizar".

El documento "Mortalidad infantil en Argentina" al que tuvo acceso Infobae realizado por equipos transdisciplinarios de la cartera de Salud Nacional analiza el comportamiento de la evolución de la tasa de mortalidad infantil (TMI) en el total país y en Salta, una de las provincias más afectadas. Según este documento, en el año 2013, de un total de 8174 defunciones infantiles, 21 casos fueron por desnutrición.

El doctor Albino opina sobre el caso de Salta: "En Salta por primera vez se pone el tema sobre la mesa, lo ha hecho el gobernador hace un mes y medio cuando nombró al ministro de Primera Infancia; una especie de ministro coordinador de seis ministerios: el de Salud, Educación, Economía, Trabajo, Derechos Humanos y Obras Públicas, porque van a hacer un abordaje integral de esta problemática social que le da origen a la extrema pobreza, sino vamos a seguir eternamente con este problema".

"Nosotros que cacareamos por los Derechos Humanos, ¿no será también un derecho humano vivir como un ser humano? Hay cinco centros CONIN en Salta así que nosotros respaldamos las acciones para hacer algo grande, que se mantenga en el tiempo y que sea una política de Estado en Salta", sentencia Albino.

Capas geológicas de la desnutrición

En diálogo con Infobae, el doctor Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil (CESNI) explica: "La desnutrición en la Argentina abarca muchas formas. La más cruel, de curso corto y que potencia el riesgo de morir es la desnutrición aguda. Por cada chico con desnutrición aguda, hay no menos de 12 otras formas de desnutrición solapadas; que no sólo aumentan el riesgo de enfermedades no transmisibles, sino que limitan la potencialidad de una persona. Estos chicos rinden menos en la escuela, en la actividad física y se insertan peor en el mercado laboral".

Kleplak, de la cartera de Salud, señala: "Hoy, el ministerio de Salud utiliza como una de sus herramientas de gestión más concretas para medir y paliar la desnutrición y la mortalidad infantil el Plan operativo para la reducción de la mortalidad infantil; que se articula con las diferentes provincias para trabajar según la necesidad de cada territorio.

Según plantea el documento que vertebra el Plan lo más notable del caso argentino es que existe una desigualdad evidente entre el norte y el sur del país de acuerdo a como se distribuye la mortalidad materno infantil en la Argentina.

Detalla el doctor Carmuega de CESNI: "La desnutrición crónica afecta al 8% de la población de niños menores de seis años; niños que no han logrado crecer todo lo que han debido si se hubieran criado con las formas adecuadas de nutrición temprana. Desde CESNI hacemos hincapié en los primeros mil días de vida del niño, que serán los fundantes en su salud. En general, los niños que padecen desnutrición crónica tienen bajo peso al nacer y deficiencias de vitaminas y minerales".

La desnutrición crónica genera otro problema que se arrastra en el tiempo entre las familias más vulnerables:

el costo de la salud se debe destinar al cuidado de enfermedades crónicas que no responden a la opulencia , sino a la desnutrición temprana.

Precisa Carmuega: "Muchos de los chicos que padecen desnutrición crónica, desarrollarán en su infancia y juventud sobrepeso y obesidad. De alguna manera potencian el efecto deletéreo de su condición de desnutrición temprana. Tendrán un retraso en su crecimiento y guardan un 60% más de riesgo cardiovascular y de sufrir diabetes".

Doctor Albino, ese hombre lúcido

El trabajo del doctor Abel Albino, fundador y presidente de la Fundación CONIN no sólo conmueve por la acción que desarrolla a nivel nacional a puro esfuerzo y palabra; sino que también conmueve cada reflexión que él aporta sobre sus vivencias alrededor de la problemática de la desnutrición infantil en la Argentina.

CONIN se fundó en Mendoza hace 25 años; y lo que más evidencia es que la desnutrición nunca se ha ido de la Argentina.

El niño desnutrido

La Organización Mundial de la Salud (OMS) hace treinta años dice que el cincuenta por ciento de las muertes infantiles -mortalidad por debajo del año de vida- en América Latina tienen como telón de fondo la desnutrición.

Las causas de la mortalidad infantil son multifactoriales en todo aspecto: las enfermedades asociadas y las condiciones ambientales de esos niños y familias que están muy lejos de resolver sus necesidades básicas insatisfechas (alimentos, cloacas, inmunizaciones, prevención en salud, etcétera).

Los índices antropométricos son combinaciones de medidas que son fundamentales para establecer los parámetros, "el piso" de referencia de la desnutrición. A partir del uso de gráficos o tablas de referencia, se obtienen los índices básicos en niños: peso para la edad, talla para la edad, peso para la talla, índice de masa corporal para la edad y perímetro cefálico para la edad.

Si bien los métodos antropométricos son válidos, confiables, simples y de bajo costo, y por eso constituyen la mejor herramienta de tamizaje, el diagnóstico de un caso de desnutrición requiere la confirmación clínica.

Pero ante la evidencia de que el crecimiento en los primeros años no es independiente de los modelos de crianza y de alimentación; en 1994, la Asamblea de la Salud pidió al director general de la OMS que se desarrolle un nuevo patrón internacional para evaluar el crecimiento de los niños criados según las recomendaciones de alimentación y salud. Así, en octubre de 2007, el Ministerio de Salud de la República Argentina adoptó estas nuevas curvas de crecimiento de la OMS para el seguimiento y la atención, individual y poblacional, de los niños entre el nacimiento y los 5 años de edad, en reemplazo de las anteriores.

Hacia el mañana

El trabajo titánico de instituciones como CONIN y del trabajo científico y metodológico de CESNI en todo el país construyen todos los días un camino hacia la esperanza.

Dice Carmuega: "Desde CESNI le estamos pidiendo a los partidos políticos que nos cuenten y expongan sus planes y estrategias concretos sobre los primeros 1000 días críticos en la vida de un niño, que va desde la concepción hasta los dos años de edad; y también sobre la nutrición en la etapa escolar".

De nada sirve que alimentemos a un niño si lo devolvemos al ambiente hostil del que proviene.

La idea es ahondar a fondo qué presupuestos van a destinar; qué equipos técnicos, especialistas y estrategias tienen pensado implementar para paliar o erradicar las desnutricion y mortalidad infantil. Este problema no sólo ocasiona una posibilidad de desarrollo , sino que fundamentalmente compromete el capital social.

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Cuando a un niño le falta hasta el 15 por ciento del peso - tendría que pesar 10 kilos y pesa 8,5 kilos- se dice: 'Este chico es flaco'. Del 15 al 25 por ciento menos -es decir, de 8,500 a 7,500 kilos- es un desnutrido de primer grado. Del 25 al 40 por ciento -de 7,5 a 6 kilos- es un desnutrido de segundo grado. Y menos de 6 kilos, un desnutrido de tercer grado. Al respecto dice Albino: "Esta clasificación es muy fácil de entender para cualquiera que no sea médico. Cualquier agente sanitario lo entiende, cualquier director de escuela, cualquier enfermera lo entiende, y entonces podemos obrar en consecuencia. La principal riqueza de un país es el capital humano y si el capital humano está dañado, el país no tiene futuro".