AP 163
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Europa está convulsionada. Alexis Tsipras, un joven dirigente sin experiencia de gestión, que proviene de la izquierda radical y que hasta hace poco proponía dejar de pagar la deuda externa y abandonar el euro, se convirtió en el nuevo primer ministro de Grecia.

Su triunfo le dio entidad a la amenaza más temida por el establishment europeo: el avance de movimientos que, en distintos países, prometen patear el tablero económico y político que se viene gestando desde hace más de 20 años.

Sin embargo, con el correr de las días, el pánico se fue transformando en una moderada preocupación. Ya en los meses previos a los comicios, Tsipras y Syriza dejaron de lado sus consignas más radicales y adoptaron una actitud más conciliadora y realista.

Sus primeras horas al frente del gobierno ratificaron el viraje: se intentará llevar adelante cambios importantes -que ya comenzaron con la suspensión de algunas privatizaciones-, pero no habrá revolución. "Que nadie se equivoque. Lo que comienza hoy es un proceso de deliberación con nuestros socios. No voy a presentarme ante el Eurogrupo para hallar una buena solución para los griegos, pero que sea mala para los irlandeses, eslovacos, alemanes, franceses o italianos", dijo el flamante ministro de Finanzas, Yanis Dragasakis.

Algo similar ocurrió con Podemos en España. Empezó reivindicando al chavismo venezolano y promoviendo la suspensión unilateral del pago de la deuda. Pero a medida que los sondeos lo mostraron como una alternativa con posibilidades serias de gobernar, dejó de lado el discurso bolivariano y se acercó al centro.


 Reuters 163
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De la fantasía a la realidad

"Podemos y Syriza han suavizado y en algunos casos han virado casi 180 grados. Por ejemplo, en cuanto al no pago de la deuda soberana, algo que decían, pero que es inaceptable, porque llevaría al país a la quiebra completa, y haría imposible que se financie", explica Araceli Mangas Martín, catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, consultada por Infobae.

"En el caso de Syriza se ha visto que no se pueden tomar algunas decisiones de forma unilateral. Hay ámbitos internos de las naciones que están condicionados por Bruselas (sede del poder central en la Unión Europea). Otros no, como el salario mínimo. Se observa claramente que, en los temas en los que tomar decisiones acarrearía graves consecuencias, ha cambiado", agrega.

Estos no son casos aislados o excepcionales. La política tiene sus reglas y no alcanza con la voluntad de un partido o de un dirigente para transformar la realidad. Por eso, cuando un líder irrumpe en la escena haciendo propuestas y promesas irrealizables, suele pecar de demagogia, de inocencia, o de ambas.

"Es lógico -dice Mangas Martín-, todos los partidos llegan al poder con presupuestos distintos de los que terminan plasmado, porque es la realpolitik la que obliga a tener en cuenta más circunstancias".

"Son un poco naif, inocentes. Pero luego hay personas que les enseñan, y entonces se dan cuenta de que ciertas posiciones eran extremas. No creo que sea todo demagógico, sino más bien un tema de falta de formación de los jóvenes líderes políticos", agrega.

 EFE 163
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El politólogo José Antonio Sanahuja, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, sostiene que los cambios discursivos en Podemos responden a decisiones tácticas y estratégicas. Al ver que ganar una elección ya no era una fantasía, sino una posibilidad tangible, se dieron cuenta de que debían moderarse para convencer a los electores de centro.

"Donde más se ha visto este cambio es en la posición sobre la quita y la auditoría de la deuda, que más que suavizarla, la han ido matizando y cualificado. Lo que proponen es buscar responsabilidades políticas en el origen del endeudamiento, y ver si a partir de ahí puede haber una renegociación. Este reclamo no es patrimonio exclusivo de estos partidos: muchos economistas sostienen que no se puede plantear el pago de deuda sin crecimiento económico", dice Sanahuja, consultado por Infobae.

"Además, es un partido que se esta construyendo en este momento. Es ilusorio pretender que tenga una propuesta concreta y detallada sobre todos los aspectos de la vida pública en estas condiciones".

Pero la inocencia y la inexperiencia pueden tornarse en irresponsabilidad si no son conscientes de las consecuencias que pueden tener muchos de sus planteos en caso de aplicarse. Grecia será un laboratorio para ver qué ocurre.

"Las decisiones que ha tomado Syriza en las primeras horas de gobierno no conllevan ninguna ilegalidad respecto a normativas europeas o internacionales. Pero pueden terminar agravando el endeudamiento de Grecia, que hace ya tres años que está siendo financiada mes a mes por los Estados miembros de la UE", sostiene Mangas Martín.

"En verdad -continúa-, establecer la universalidad de la seguridad social, y que el Estado se haga cargo de las facturas de la luz de quienes no pueden pagar, me parecen decisiones muy correctas políticamente, pero hay un interrogante sobre cómo las van a financiar. Son medidas alegres, muchas veces justas, pero no basta con ellas, porque llevan a tener que tomar decisiones radicales en relación con los ingresos de Grecia".

 AFP 163
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Los riesgos para Europa

La popularidad creciente de Syriza y Podemos, a la que se puede sumar la de Marine Le Pen en Francia, y UKIP en Reino Unido, se asocia en parte al descontento de la ciudadanía con la política económica que viene imponiendo la UE a los países miembros. Por eso algunos temen que la asunción de Tsipras, que como mínimo limitará la injerencia del bloque en el país, sea el inicio de una ola que puede terminar desequilibrando la integración continental.

"La pregunta es si un cambio de política en Grecia, con propuestas de quitas de deuda y reestructuración, no puede llegar a verse como una muestra de querer vivir a costa del ahorro y la prudencia fiscal de otros países. Esto podría generar un efecto de polarización en Europa. Otra consecuencia posible, más sutil, es un cambio en la correlación de fuerzas en el Consejo Europeo y en el Eurogrupo, que gestionan la coordinación macroeconómica de la zona euro", dice Sanahuja.

Para Mangas Martín, en el peor de los casos, la UE se puede resentir. "Grecia tiene un peso muy limitado en el bloque, y el de España es relativo, aunque tampoco para exagerar. Pero si en Francia llegara la extrema derecha, y en Reino Unido también, viviríamos unos años de inestabilidad. Igual no sería el fin de la UE, porque hay muchos sistema de contención", explica.

"De todos modos, ni Syriza ni Podemos son antieuropeístas. Ponen en cuestión cómo se están haciendo las cosas en Europa, pero no la UE como tal. Además es cierto que la UE en estos años no ha estado de parte de los que sufren, y que a los gobiernos les ha exigido que paguen las cuentas como fuera. Tienen que empezar a hacer otro tipo de sugerencias", agrega.


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Un recambio inevitable

El ascenso de estas nuevas fuerzas políticas radicales en Europa no se puede explicar sin considerar la crisis de los partidos tradicionales, que se mostraron incapaces de afrontar la depresión económica eficazmente.

"Lo positivo de la irrupción de Podemos es que oxigenó el sistema de partidos en España. Uno de los problemas que hemos tenido es la absoluta falta de reacción política frente a una crisis social muy grave. No sólo del partido de gobierno, sino también de la oposición. Por eso ha significado un auténtico revulsivo. Aunque los riesgos vienen también por ahí: ahora tenemos un escenario electoral, y probablemente poselectoral, extraordinariamente incierto, y lo único que se pueden imaginar son coaliciones imposibles", dice Sanahuja.

Las cosas no eran muy diferentes en Grecia, donde durante casi un siglo el poder se repartió casi exclusivamente entre dos familias, los Karamanlis y los Papandreu. Ese recambio, que era tan necesario como inevitable, es probablemente lo más novedoso de la aparición de Syriza.

"La existencia de

Podemos

es un llamado de atención muy fuerte, que si el Partidos Socialista (oposición) y el Partido Popular (gobierno) no toman en serio,

puede convertirse, por desgracia, en la única regeneración posible

. Me hubiera gustado

que los mismos partidos aprendieran la lección y acordaran un pacto de regeneración

. Así se evitarían los riesgos del

avance de una fuerza que no se sabe muy bien si tiene elites formadas

para hacerse cargo de gobernar. Son bastante inexpertos y un poco inocentes, y está la amenaza de que, en algún momento,

tomen desviaciones bolivarianas

", concluye Mangas Martín.