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En Europa hay aproximadamente 43 millones de musulmanes, que representan el 5,8% de la población. En Alemania son unos 4 millones, en Francia 4,7; en Reino Unido 3; en Italia 1,6; y en España cerca de 1,5.

Si bien en términos proporcionales son relativamente pocos, constituyen una minoría muy visible. Esto se debe a que las costumbres -desde la alimentación hasta la forma de vestir- de los grupos más ortodoxos son muy diferentes a las europeas más tradicionales.

En el contexto de la crisis identitaria de Occidente, cuyos valores y creencias son cada vez menos definidos, y en el marco de una profunda depresión económica en Europa, esas diferencias han venido exacerbando las tensiones con parte de las comunidades musulmanas. Por eso, la irrupción del terrorismo islamista no hizo más que acrecentar la grieta.


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El islam no es uno solo

"Desde fuera puede parecer que ese 5,8% de la población europea es homogéneo. Sin embargo, la religiosidad de estos musulmanes no tiene por qué ser la misma. Igualmente, pueden ser musulmanes culturales, y no por ello ser practicantes de su religión. Además la procedencia de los musulmanes es muy variada: por ejemplo, la mayoría en España viene de Marruecos; en Alemania y Dinamarca, de Turquía; en Reino Unido, de Pakistán; y en Francia, son de origen argelino, marroquí y tunecino", explica Javier Rosón, experto en estudios islámicos y miembro de la organización pública española Casa Árabe, en diálogo con Infobae.

"Un error típico de la ignorancia europea es meter en el mismo saco a personas provenientes de 55 países diferentes. No tiene nada que ver un turco con un marroquí, un argelino, un tunecino, un palestino o un pakistaní. Además, muchos de esos inmigrantes en algunos casos vienen precisamente huyendo de la falta de democracia en sus países de origen, por ejemplo, muchos iraníes", dice -consultada por Infobae- María Elósegui, catedrática de Filosofía del Derecho en la Universidad de Zaragoza y miembro de la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa.

También hay que distinguir entre los musulmanes que son inmigrantes de primera generación, y los hijos de padres extranjeros, pero nacidos en Europa. "En este segundo caso -continúa Elósegui-, la integración ha sido muy buena en general en todos los países que he citado. Un elemento muy importante ha sido el conocimiento del idioma del país de acogida y la adquisición de la nacionalidad. Esta última es clave porque ha permitido a estas nuevas generaciones participar de la vida política de las democracias occidentales".


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Entre la integración y la islamofobia

La crisis económica que afecta a la mayor parte de Europa recayó más duramente sobre las poblaciones migrantes, entre las que se cuentan las comunidades musulmanas. Esto exacerbó las diferencias, que ya eran muy grandes.

"Lamentablemente -dice Rosón-, la crisis ha influido en mayor medida sobre los colectivos de inmigrantes, que ya de por sí, habitualmente ocupaban puestos de trabajo por cuenta ajena, con elevadas tasas de ocupación temporal y básica o elemental. A esto se le ha unido las distintas políticas de integración nacional (no específicamente en el caso de España), por las que parte importante de la población pasó a residir en barrios o suburbios que podríamos llamar guetos".

Algunos sectores interpretan este agrupamiento en guetos como una muestra del rechazo por parte de las comunidades musulmanas a integrarse a la sociedad que los acoge. Pero muchos discuten este análisis.

"No creo que el problema de la integración haya que achacarlo al que inmigra o a los musulmanes. Creo más bien que durante los años 60 y 70 se han llevado a cabo políticas asimilacionistas erróneas o se ha tratado a los inmigrantes como personas de paso", cuenta Elósegui.

"Sólo muy recientemente, en los años 80, países como Bélgica y Alemania han comenzado a cambiar su modelo de integración, proponiendo uno intercultural, a mi juicio más adecuado y justo, facilitando la adquisición de la nacionalidad y centrando las exigencias de integración en el conocimiento de los derechos fundamentales que figuran en la Constitución e intentando respetar a su vez los elementos identitarios".

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En el mismo sentido se expresa Rosón. "No está en el ánimo del inmigrante el hecho de no integrarse en el país de acogida. Todo lo contrario. Una de las primeras reacciones cuando llegan es intentar mimetizarse con la sociedad. Sin embargo, este proceso es difícil y en algunos casos choca frontalmente con el desconocimiento y con los prejuicios del 'otro'. Este desconocimiento se genera, sobre todo, por parte de algunos sectores minoritarios de las sociedades occidentales, que pueden llegar a considerar al islam y a la cultura del musulmán como algo ajeno y/o contrario a su cultura".

En algunos sectores de la sociedad, estos prejuicios devinieron en algo bastante más serio y peligroso: la islamofobia. Un neologismo que algunos especialistas discuten porque la consideran una mera expresión de xenofobia y racismo, pero que se impone cada vez más en la opinión pública.

"Resulta evidente que el concepto islamofobia ha sido acuñado porque hay una nueva realidad que necesita ser nombrada, descrita y definida, ya que de forma objetiva los prejuicios contra los musulmanes han crecido considerablemente. Sobre todo en los últimos años, a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, del 11 de marzo de 2004 en España, y del 7 de julio de 2005 en Reino Unido. Entonces, una población que con anterioridad no era especialmente conocida, pasó a ser objeto tanto de filias como de fobias", explica Rosón.

"Hay que aclarar que la islamofobia no es generalizada, pero nos estamos enfrentando a una cierta polarización en las posturas de algunos sectores de la población, que ya con anterioridad habían mostrado ese rechazo o recelo hacia la población musulmana. En este sentido, la principal causa que explica la polarización de estos sectores islamófobos es, sin duda, el desconocimiento, la generalización y homogeneización del 'otro', así como la lamentable necesidad de un chivo expiatorio que sea capaz de construir y forjar la propia identidad diferenciada de estos grupos", agrega.

Para Elósegui, esto evidencia una contradicción muy grande entre el discurso de la igualdad y la tolerancia, y lo que termina sucediendo en la vida cotidiana. "En muchos países europeos se funciona con prejuicios, estereotipos y clichés en lo referente a las personas de diversas culturas. Esto recrudece cuando se trata de personas de religión musulmana. Todo ello fomenta la islamofobia. En los tres últimos años, con el crecimiento de la crisis económica, han aumentado de un modo preocupante en toda Europa partidos de derechas, cuyos eslóganes recuerdan al nacionalsocialismo".


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El terrorismo islámico

Los jóvenes musulmanes que viven en Europa están expuestos a la misma crisis de identidad que afecta a toda la juventud occidental. Pero en su caso, se suma a las dificultades para conseguir trabajo y prosperar en el sistema educativo, y al resentimiento que puede despertar la sensación de que no son queridos en esos países.

Este contexto es aprovechado por organizaciones terroristas que utilizan al islam como excusa para sus disparatados planes de dominación y destrucción. Apelando a distintas estrategias de seducción, estos grupos logran reclutar a una parte de esos jóvenes, que se convierten en combatientes suicidas al servicio de la Yihad.

"De un tiempo a esta parte -dice Rosón-, el argumento que se da por parte de algunos sectores es que las políticas de integración o el propio multiculturalismo han fracasado, aspecto que no comparto. Es cierto que se han cometido errores que han podido desembocar en que una mínima cantidad de jóvenes, que suelen proceder de sectores desestructurados de la sociedad, vean en el Yihad una vía de escape que rompe con todos los parámetros racionales".

"Está demostrado que se ha hecho una captación teledirigida, y se ha buscado a jóvenes que tienen incluso educación universitaria, pero que se sienten inadaptados en la sociedad europea por los problemas que he señalado antes de falta de integración o por modelos excesivamente asimilacionistas. Por otra parte, la crítica mordaz que existe en Europa por parte de ciertos sectores contra la religión musulmana y contra cualquier religión no contribuye nada a crear puentes entre los ciudadanos con distintas ideas", concluye Elósegui.