El robo de un misil de corto alcance en una unidad del Ejército, es una manifestación más de la crisis que atraviesa el sistema militar argentino.

El país destina a defensa el menor porcentaje del PBI en su historia, menos del 1%; al mismo tiempo, es el país de la región que destina menos proporción de su economía a este fin; el personal de tropa, está muy por debajo del necesario; esto genera distorsiones, como es el hecho que en el Ejército, hay menos de 250 soldados por cada General.

En este contexto, el robo de armamento ha ido creciendo en los últimos años. Han llegado a faltar centenares de fusiles y en Brasil, ha aparecido en manos de narcos, material militar liviano robado en unidades argentinas ya hace varios años.

Que falte un misil TOW 2, marca una escalada en el robo de material militar. Se trata de un misil de corto alcance, que no es un arma estratégica que pueda amenazar a estados.

Pero se es un arma que en contexto de la llamada "guerra asimétrica" en la cual pequeñas organizaciones como son las terroristas en términos numéricos, pueden generar daños importantes. También es cierto, que el misil sin el lanzador, reduce significativamente su poder de daño y esto no ha sido robado.

La falta de personal ha disminuido la seguridad de las unidades militares y una crisis sistémica ha resentido los controles.

Puede discutirse la relevancia del hecho, pero sin duda es un llamado de atención sobre la necesidad del replanteo profundo que requiere el sistema de defensa, algo que quizás ya sea tarea del gobierno que asuma el 10 de diciembre de 2015.

Rosendo Fraga es Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría