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El 2 de noviembre de 2011, la sede del semanario satírico Charlie Hebdo fue destruida por el fuego. Islamistas fanáticos decidieron castigar, así, un número dedicado a las elecciones en Túnez, por ese entonces conmocionado por las consecuencias en Oriente Medio de la llamada Primavera árabe.

El semanario había titulado su número "Charia Hebdo", como se dice en francés sharia o ley islámica. Decidió entonces que el profeta Mahoma fuese el "jefe de la redacción", para celebrar la victoria del partido islamista tunecino Ennahda.

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El incendio, que comenzó a la medianoche, fue rápidamente controlado y no dejó heridos. La policía tuvo que reconocer que "no hubo arrestos", por el atentado, perpetrado con una bomba molotov.

"Todo ha sido destruido", lamentó en aquel entonces el cronista Patrick Pelloux, interrogado en el edificio ubicado en París. Según Pelloux, el cóctel molotov había sido lanzado "hacia la vitrina y provocó un incendio en el sistema informático".

El director de la publicación, el dibujante Charb, no dudó en vincular el incendio a la portada de "Charia Hebdo". "En Twitter, en Facebook, recibimos muchas cartas de protestas, de amenazas, de insultos", que la dirección del semanario se disponía a transmitir a la policía, explicó Charb.

La revista ya había recibido amenazas durante la publicación de las caricaturas de Mahoma, en 2006.

Sin embargo, el número que motivó el incendio "no tiene el mismo alcance, es más una broma que otra cosa", contó Charb.