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El ritmo de vida en las ciudades suele ser tan estresante como llegar a casa después de extensas jornadas laborales, intentar descansar y no poder hacerlo porque los ruidos invaden los ambientes. Si no es el tránsito y sus bocinazos, son las ollas o tacos de la vecina, o los perros que ladran porque quedan solos, el músico y su instrumento a toda hora, las peleas conyugales o el taladro de los obreros de la construcción vecina. En todo momento, los porteños y habitantes de otras metrópolis deben convivir con los ruidos molestos. Este problema se refleja en las últimas cifras difundidas por la Fiscalía General de la Ciudad dirigida por Martín Ocampo, quien le reveló a Clarín que en los últimos seis años, se triplicaron las denuncias de vecinos por ruidos: pasaron de 2.600 en 2007 a 7.750 en 2013, mientras que entre 2012 y 2013 aumentaron un 56%.

La intolerancia de los vecinos va de la mano del incremento de denuncias, explicó el fiscal Norberto Brotto, responsable de la Fiscalía Norte. Si bien al fenómeno se le atribuye el aumento de cansancio y estrés de la gente, también los malos hábitos, la falta de educación y respeto al prójimo contribuyen al enojo inmediato y, en consecuencia, la denuncia directa sin previo aviso. "La ciudad tiene una conflictividad grande con el ruido. Pero a veces el problema es definir cuál es la 'normal tolerancia'. Si vivís en un edificio, sabés que alguna fiesta va a haber en lo de tu vecino. Al menos un cumpleaños, una vez al año", sostuvo.

Es que el tema de las fiestas con volúmenes descomunales también va de la mano de las invisibles paredes de durlock de las construcciones modernas, por donde se filtran todos los sonidos y hacen imposible una armoniosa convivencia. Al respecto, el arquitecto Rubén Potaz, especialista en acústica legal, le dijo a Clarín: "Hay una decadencia de la construcción y una falta de seguimiento de las obras", en las que cada vez se usan materiales más precarios. Otro de los factores que la mayoría resalta es la falta de consideración en lo que refiere a horarios, ya que no es lo mismo la música a todo volumen a las 18 que a las 3 de la madrugada.

No obstante, el problema por ruidos molestos también afecta a otras grandes ciudades como Córdoba, Mendoza y Posadas. En la primera, solo el 4% de las denuncias fueron penalizadas con una multa. En la segunda, el 80% de las quejas son debido a los boliches en Godoy Cruz, Las Heras, Guaymallén, Luján de Cuyo y Maipú. Por último, en Posadas las denuncias aumentaron un 50%, según datos municipales.

El artículo 82 del Código Contravencional establece que se consideran molestos aquellos ruidos que "por su volumen, reiteración o persistencia excedan la normal tolerancia". La pena habitual es una multa; también puede ser trabajo "de utilidad pública".