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El tiempo cambia más prácticas que muchas reformas legales y constitucionales. Es un factor de crecimiento y calidad institucional tan clave como subdesarrollado cuando pensamos en elementos y herramientas de análisis político. Quizás porque es tan efectivo como incontrolable. En el largo plazo su poder determina todo, en el corto plazo lo condiciona.


Por eso mismo, después de un intenso 2013 judicial y de la paz negociada de este 2014 que termina, se espera un 2015 con final incierto y abierto, tanto para el poder político propiamente como para su par judicial. Quizás la punta del iceberg será el cambio institucional en la Corte Suprema. El paso del tiempo obligará a la Corte a alterar su composición significativamente -y hasta puede amenazar con forzar lo inevitable- y los cambios de un año electoral, incluso en un contexto de incertidumbre se puedan atemperar, sin duda impactarán en toda la esfera judicial.


La Corte y su futuro. El fallecimiento de dos miembros de la Corte Suprema, Carmen Argibay y Enrique Petracchi, y el anunciado retiro voluntario de Eugenio R. Zaffaroni generó una situación sin precedente. La Corte Suprema tiene actualmente cuatro miembros y el Gobierno propondrá a comienzos del 2015 un nuevo miembro -el quinto faltante- para la correspondiente audiencia pública en el Senado de la Nación. Hay varios candidatos, entre nombres tentativos y autopostulaciones, provenientes del oficialismo y la oposición. El conocido hermetismo del círculo presidencial hace juego, en esta ocasión, con el hermetismo judicial, lo que quizás preavisa una estrategia innovadora, como la selección de un candidato con tintes opositores pero de perfil afín al Gobierno -por ejemplo, una mujer con proyección político/académica transversal en el espacio de los derechos humanos- o una estrategia clásica, como un candidato que reproduzca el canon del progresismo oficialista en el ámbito de los abogados y de los jueces. Más allá de las especulaciones, si hay algo que celebrar es que haya variedad para nombrar a personas idóneas con ambos perfiles.


Reformas legales y poder judicial. Como sabemos, el 2013 fue el año de la problemática y frustrada reforma judicial. En contraste el 2014 fue el año de la paz negociada entre el poder judicial y el sistema político. La inclusión del kirchnerismo en el Consejo de la Magistratura, el pacto de gobernabilidad entre Corte y Consejo bajo control oficialista y el sorpresivo y expedito dictado del Código Civil y Comercial, entre otros hitos, lo demuestran. El 2015 cerrará ese ciclo de reformas legales -que se traducen en reformas judiciales indirectas- con la discusión del Código Penal. El timing político parece no ser el ideal pero las mayorías parlamentarias necesarias son posibles.


La relación entre Gobierno y la Corte es, para usar una metáfora atemporal, un matrimonio por conveniencia en tiempos en los que no había divorcio: mucha desconfianza, guerras silenciosas y conflictos a puertas cerradas pero la pareja mantiene las apariencias ante la mutua necesidad de la sociedad conyugal. El 2014 fue el año en el que ese matrimonio por conveniencia generó un innegable bien ganancial: la posibilidad que varios miembros de la Corte Suprema se proyecten por fuera de las kilométricas decisiones judiciales como asesores legislativos, codificadores, profesores universitarios y autores de bestsellers del derecho. Como bien dijo el Presidente de la Corte Suprema, un Código es "una ley para 100 años".


Esta única coyuntura política, permitió que una ley para 100 años fuera discutida y sancionada -sorpresivamente- en una semana. A pesar de ello, para la mayoría de los actores políticos e institucionales, tanto para el oficialismo como para una Corte con perfil propio y coqueteos opositores, la sanción de un Código Civil es un territorio que muchos han intentado conquistar. Ambos actores triunfaron -más allá de las formas- donde muchos se fueron derrotados.


Este 2014 tuvo todos los condimentos de un típico año de fin de ciclo: procesamientos mediáticos (múltiples, en el caso del vicepresidente Boudou), jueces protagonistas, acusaciones cruzadas, lobby judicial, tráfico de influencia, forum shopping, demoras en la selección de jueces, subrogancias polémicas, fiscales perseguidos, judicializaciones cruzadas, jurys frustrados, jueces, fiscales y defensores con proyecciones políticas, elecciones en el Consejo de la Magistratura, defensas corporativas clásicas, etc.


Lo que viene: Para el mundo judicial, lo primero es la feria. Una razón para que el resto de los empleados públicos y privados tengan una sana envidia hacia la esfera de operadores del derecho. Sin embargo, la última semana de diciembre trae siempre sorpresas judiciales. Las fiestas son un sedante de decisiones polémicas a nivel judicial o político. Las fiestas de 2013 invisibilizaron la decisión de la Cámara Federal sobre el caso de las millonarias "coimas del Senado" en el año 2000.


El 2014 cierra como un año de reformas legales, algunas auspiciosas y otras polémicas, en un marco de discusión política siempre polarizada y de actores institucionales parciales pero con ciertas solemnidades y formalidades de la vida civilizada. Las aperturas y los cierres son intensos. Cabe sólo imaginar cómo traducirá esa intensidad de su propio fin de ciclo el poder judicial.