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Los proyectos estatales de alienación alrededor de una sola idea política, también conocido como "lavado de cerebro", no se detienen en Venezuela: el gobierno de Nicolás Maduro está próximo a promulgar la Ley de Educación Militar en las escuelas, que se aplicará desde el preescolar hasta el bachillerato.

En ella, se estipula que "la educación militar debe ser bolivariana, nacionalista, socialista y antiimperialista e incorporar las bases doctrinarias, filosóficas e ideológicas del pensamiento y acción de Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Ezequiel Zamora y del comandante supremo Hugo Chávez Frías".

En medio de la más profunda de todas las crisis económicas, democráticas, morales y jurídicas de su historia, Venezuela es en la actualidad presa de un fenómeno que se consideraba inverosímil en América Latina: la colonización cubana.

Pero como si esto fuera poco, la guerrilla colombiana procubana Ejército de Liberación Nacional (ELN) también adoctrina en las escuelas públicas venezolanas con el permiso del Gobierno. Miembros de este grupo terrorista distribuyen entre los niños su revista Antorcha Elena, además de otros documentos y fascículos de su arsenal propagandístico.

"El Estado venezolano es cómplice de la guerrilla colombiana y de los grupos irregulares para que operen aquí. El Estado los protege, es complaciente", sentenció el presidente del Colegio de Profesores Seccional Táchira, Javier Tarazona, quien cuestionó que esta propaganda llegue a los planteles educativos oficiales y a las comunidades más pobres. "Deforman a nuestros estudiantes y ciudadanos, así como también pone en riesgo que algún día no muy lejano recluten a nuestros niños, niñas y adolescentes para formar parte de esas agrupaciones revolucionarias", advirtió.

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También en otros lados

El modelo chavista de intoxicación política a través de la enseñanza también se ha impuesto en los liceos y escuelas públicas y privadas de mayor nivel. La educación escolar en general se basa en el adoctrinamiento y la imposición obligatoria de la ideología comunista para acceder a la comprensión de cualquier asignatura. También se ensalza, con alienante intensidad, la supuesta obra magna del fallecido presidente Hugo Chávez y de líderes revolucionarios como el "Che" Guevara y Fidel Castro.

Paradójicamente, la Ley Nacional de Educación prohíbe el proselitismo político dentro de las instituciones educativas y los textos de enseñanza escolar, y exige una educación "libre, plural y democrática" según publica Diario Las Américas.

En los salones de clase los maestros están obligados a convencer a sus discípulos sobre la adoración, literal, que le deben a Chávez. Los profesores suelen gritar: "¡Chávez vive!" y los estudiantes menores de siete años aprenden a responder poniéndose de pie de manera inmediata y gritando en coro, preferiblemente con la mano derecha sobre el pecho: "¡La patria sigue".

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Chávez, el magnánimo

El sesgo, la tergiversación y la descontextualización de la historia moderna de Venezuela brillan en la biografía de Hugo Chávez, de lectura obligada, que se les entrega a los niños en las escuelas. Allí, Chávez tiene mayor importancia y valor histórico que Simón Bolívar.

Estos libros apologéticos de Chávez, el régimen cubano y el comunismo, llegan a más de seis millones de niños en el 80% de las escuelas venezolanas, tienen carácter obligatorio y, en su mayoría, son elaborados en Cuba.

Además, Tarazona explicó que se promueve "la guerrilla comunicacional en las escuelas, que son organizaciones sociales para defender la revolución; es decir, el ingreso de los colectivos a las escuelas". De esta manera, entre otras, el Gobierno promueve la violencia, la confrontación y, de ser necesaria, la guerra.

El alto contenido político en la vida de las escuelas primarias y secundarias llegó, incluso, a los textos de

matemáticas.

Así lo denunció el periódico

El Nacional

, de Caracas, al revelar que en la Colección Bicentenario existen fallas deliberadas en los conceptos fundamentales, se fomentan antivalores y está cargada de ideología del gobierno actual. Esto se ve en la excesiva aparición de las ventajas de los programas y misiones sociales de la presidencia a través de ejercicios matemáticos.