Mi visita a los campamentos de refugiados en Irak

El autor es un laico francés que dirige Aide à l'Eglise en Dètresse (AED), fundación pontificia que asiste a los cristianos en dificultades

Del 22 al 24 de octubre, estuve en Irak, más precisamente en la región kurda, entre Erbil, Dohuk y Al-Qosh. Habían pasado seis años desde mi último viaje. Las cosas han cambiado mucho desde entonces.

Erbil, la capital del Kurdistán, ha conocido un desarrollo considerable. Rascacielos, grandes centros comerciales, nuevos barrios con edificios de nivel; hasta hace pocos meses todavía la tasa de crecimiento era de 10% por año. Pero lo que también ha cambiado es el flujo de refugiados. Las plazas están ocupadas por campamentos improvisados, donde la gente vive en carpas. Ahora bien, se acerca el invierno y, al pie de las montañas, hace frío.

Entre ese millón 300 mil refugiados, más o menos el 10% son cristianos de los que nadie se ocupa salvo la Iglesia local. Sin ayuda exterior, estas personas quedarían libradas a su suerte. Traumatizadas por lo que acaban de padecer –la huida de sus ciudades y pueblos y la aparente imposibilidad de regresar a su hogar-, los cristianos se encuentran profundamente abatidos. Su porvenir parece totalmente cerrado.

La Ayuda a los Cristianos en Peligro (AED, por sus siglas en francés) enviará 4 millones de euros para construir alojamientos y escuelas para los cristianos pero también para la ayuda alimentaria que sigue siendo urgente. He visitado campamentos de casas rodantes, caravanas, que permiten a las personas esta al abrigo y calefaccionadas. El día anterior a mi llegada, habían completado por fin la instalación de agua caliente; los refugiados estaban contentos. Vi una escuela en construcción y eso devolverá esperanza a esta generación de niños que queremos salvar. Para Navidad, distribuiremos 15.000 paquetes-regalo a esos niños, también con el fin de mantener la esperanza.

Esperando días mejores, todo debe ser hecho para sostener a estos cristianos de Oriente que son nuestros hermanos y que cuentan con nosotros. Pese a que les hubiera convenido hacerlo, no renegaron de su fe. Es precisamente por fidelidad a Cristo que hoy soportan esta prueba. Ellos merecen mucho más que nuestro respeto. No los abandonaremos.

(Para más información y cómo ayudar, visitar la página de la AED )

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