En España estamos viviendo tiempos muy difíciles, se están viviendo situaciones dramáticas. Yo creo que uno no puede permanecer ajeno a todo eso. En este disco esa situación está muy presente en las canciones y sobre todo el empeño de deshacerse un poco de esa pose resignada con la que algunos afrontan la crisis. Hay una llamada a levantar la mirada, a asumir el protagonismo que nos corresponde. Yo le canto a todo lo que me emociona y no puedo dejar de emocionarme hoy al ver una realidad convulsa por un lado y sobre todo como muchos ciudadanos se miran los unos a los otros, buscan complicidades y tratan de cambiar las cosas. En ese sentido creo que es una oportunidad histórica para los españoles y creo que eso merece alguna canción.

Sí, son canciones que aunque estén inspiradas en lo que yo siento más cercano, que es la realidad de mi país, tienen carácter universal. Por desgracia compartimos problemas, compartimos cierto desencanto con la realidad, la necesidad de encontrar referentes, de encontrar ilusiones, cosas que nos ayuden a levantar la mirada. La música tiene eso de especial, genera un espacio de encuentro entre gente que vive en ámbitos muy diferentes. Efectivamente, me temo que los problemas de los que habla "La llamada" son problemas globales.

Yo creo que es un momento crucial en muchos aspectos, de hecho dentro de nada hay elecciones. Más allá de ese fatalismo que acompaña al argentino y que cree ver a cada vuelta de la esquina una crisis, la catástrofe, vivir con esa espada de Damocles permanentemente, que también es fruto de haberlas padecido muy seguidamente; más allá de eso, es verdad que se vive un momento crucial. ¿Hasta qué punto los cambios que han tenido son realmente estructurales y responden a un proyecto de país o son cambios que responden simplemente a un modelo clientelar que es un problema endémico en este país? Yo creo que en ese sentido hay que dar respuesta a las desilusiones de mucha gente que han creído ver que había una posibilidad de cambio, de establecer un modelo propio y diferente hasta ahora. Pero no deja de ser curioso que a veces cuando se me pregunta cómo veo al país me da la sensación de que realmente la respuesta importa poco, porque lo que se espera es un alineamiento riguroso en una sociedad que está muy polarizada y en la que cualquier análisis parece que no ha de tener matices. La realidad no es en blanco y negro, la realidad de este país es plural, no es la misma en Buenos Aires que en el interior, y yo creo que si bien es sano ese debate político, también sería saludable reflexionar y tratar de encontrar los matices.

Se vive en ese estado de polarización. Le podríamos buscar un lado positivo, de repente se habla de la política desde otro lugar, uno se siente protagonista, no es algo ajeno. Más allá de esa polarización la gente es capaz de ver más allá de ese discurso solemne que se hace desde la tribuna. Adopta posiciones porque quiere participar, para bien o para mal Argentina decide su camino sin injerencia de otro tipo, mirándose a sí misma.

Sí, define y en España define una nueva realidad es que hoy por hoy tener empleo no te salva de la pobreza. En España, hace poco el término "mileurista" era un término para designar a una generación de gente que vivía en la precariedad porque tenía un sueldo de mil euros. Hoy por hoy, tener un sueldo de mil euros se está convirtiendo en un privilegio. Hemos vivido un retroceso brutal, en pro de una supuesta competitividad que nos tiene que hacer bajar los salarios hasta no sé cuándo. Fórmulas tan novedosas como bajar los salarios y recortar el gasto social que es precisamente lo que ha traído esta crisis, en el día a día se está condenando a la precariedad a los ciudadanos. Esto es lo que algunos llaman la sociedad de riesgo, vivir al borde del límite permanentemente, no saber tu futuro hasta dónde es tu futuro. Paradójico en un momento donde puedes pedir una hipoteca a treinta años y sin embargo no sabes si el día de mañana vas a seguir teniendo trabajo. Tus deudas te atan de por vida, el compromiso del empleador con el empleado parece que no requiere tanto compromiso.

Es lo que impone un modelo económico y político que es global. Me cuesta ver como un político acepta la extorsión de los supuestos mercados a la hora de realizar sus propios planes económicos en política. Admitir que hay que ceder a esas presiones como parte de la normalidad democrática o de la normalidad institucional me parece una aberración. Cuanto menos habría que cuestionarlo.

Yo soy un tipo de izquierda y soy progresista, cuando se toman medidas que tienen que ver efectivamente con ponerse firme ante las opciones del mercado me parece algo absolutamente necesario. El modelo en el que vivimos es una opción elegida y revisable, por lo tanto la responsabilidad de los políticos es revisarla. Si los políticos no son capaces de por ejemplo ponerse firmes ante esta extorsión es que han fracasado y no valen como tal.

No es inherente a la política, es inherente a un modelo político que se basa precisamente en eso, en España le llaman "Capitalismo de amiguetes". Bajo ningún concepto podemos entender que la corrupción es algo inherente al político, porque es normalizar algo que no lo es bajo ningún concepto y que es evitable. Hay que apostar por democracias participativas por la transparencia democrática ¿Cómo se hace eso? Legislando en esa dirección, haciendo leyes de incompatibilidad severas, rigurosas y que se cumpla la ley.

No creo que le gustara la realidad en absoluto, no se parece para nada a la soñada por él. No creo que le pareciese bien el hecho de que se haya perpetuado en el poder durante tanto tiempo la misma generación que combatió a su lado. Probablemente también le entristecería muchísimo el bloqueo, le llenarían de orgullo grandes logros de La Revolución que tienen que ver con la educación, con la sanidad y con un sistema que ha sabido amparar en muchos aspectos al cubano. Pero no le gustaría, quiero pensar que en su mirada internacionalista, en su mirada revolucionaria habría un espacio para la disidencia, un espacio para la participación política de todos los sectores de la ciudadanía. Creo que no se hubiera resignado a que se hubiese enquistado de alguna forma como yo creo que lo ha hecho.

Muy contento porque cuando uno saca un disco no sabe si va a estar a la altura de las expectativas y la gente ha estado acompañando. Estoy muy contento y muy agradecido. Con el paso del tiempo uno se vuelve más sensible, es más consciente de lo frágil que es la vigencia en esto de la música, hoy estás aquí y mañana quién sabe. Si bien se están creando nuevos canales para difundir la música yo creo que los medios convencionales son cada vez más herméticos a las propuestas de un cantautor que trata de darle un contenido a las canciones y demás. Con el paso del tiempo cada vez afronto con más inseguridad y con más incertidumbre la salida de un disco. Creo que por otro lado es saludable, a lo mejor tiene que ver con esa arrogancia de la juventud en la que uno tiene todo clarísimo y que con el paso del tiempo va desapareciendo, uno tiene más dudas que certezas.

Yo creo que hoy por hoy, la ira, la indignación es algo muy presente en la vida cotidiana, motivos hay y yo creo que puede ser una ira constructiva. Aunque hay un punto en el que la ira te puede cegar, puede nublar tu razón, yo hablo de una ira constructiva, de esa indignación que sí es motor de ira y sobre todo cuando se pone en común, genera otro tipo de energía. Genera precisamente el recuperar la conciencia en lo que respecta a tu capacidad para influir en la realidad, porque una de las cosas que impone la crisis es la percepción de que no podemos hacer nada para cambiar las cosas; porque depende de actores supremos que no atienden a nuestras necesidades. Yo creo que si somos capaces de poner en común esa indignación recuperamos el protagonismo en todos los niveles de la vida, pero sobre todo también en el político.

Debieran tener miedo esas minorías que han retorcido las instituciones democráticas, la propia democracia la han pervertido para poner el modelo al servicio de sus intereses. Lo paradójico es eso, lo que ha revelado la crisis es un déficit democrático en tanto y en cuanto está al servicio de gente que se ha enriquecido mucho. No puede ser que una crisis que ha generado unas cuotas de paro insospechadas en España, que está sumiendo a muchos niños en situación de pobreza extrema esté sirviendo para que la riqueza se concentre aun más. Esas minorías debieran temer, porque se tiene que producir un cambio de paradigma.