Télam 162
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La incesante lluvia de los últimos días, que derivó en fuertes inundaciones en varias zonas del país, dejó un contraste muy marcado. La ciudad de Buenos Aires resistió gracias a las obras de infraestructura realizadas en los últimos años, mientras que en distintos lugares de la Provincia los vecinos pagaron en carne propia el costo de un Estado que no invierte en obras complejas.

El presupuesto de la ciudad de Buenos Aires es solo la tercera parte del de la Provincia. En la Ciudad, el gasto de capital (las obras y demás gastos que quedan cuando un gobierno se va) representa el 16% del gasto total, mientras que en Buenos Aires ese valor cae al 5,3% del gasto (promedio desde 2008 a 2013).

Las tormentas muy intensas y las inundaciones que producen son un fenómeno estructural. En primer lugar, la velocidad y la falta de planificación del crecimiento demográfico y habitacional, aceleró el escurrimiento natural de las aguas pluviales. Si donde antes había bosque hoy hay una cuidad, el agua no es absorbida. En segundo lugar, los expertos señalan un cambio en el ciclo húmedo regional.

La infraestructura juega un rol fundamental a la hora de mitigar el efecto de las inundaciones, permitiendo un más rápido escurrimiento de las aguas hacia su causa evitando una acumulación extrema en las calles. La diferencia entre la provincia y la Ciudad de Buenos Aires tiene una simple razón: obras.

En la ciudad de Buenos Aires las obras hidráulicas están en el marco del plan Director de Ordenamiento Hidráulica, finalizado en el año 2006, en el que se logró obtener un estudio de toda las cuencas de la ciudad, identificando las zonas más vulnerables. La obra más importante que se desprendió del mencionado plan fue la construcción de los túneles aliviadores y ramales secundarios del arroyo Maldonado, indiciada en 2008 y culminada en 2012 y cuya construcción demandó cerca de 220 millones de dólares.

 Noticias Mercedinas 162
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El objetivo de la obra era aumentar la capacidad de escurrimiento del entubado original mediante la construcción de dos túneles aliviadores de 6,9 metros de diámetro que sirven de descarga al original, logrado evitar desbordes en ocasiones de lluvias intensas de 10 años de recurrencias y mitigar los efectos producidos por tormentas de intervalos mayores.

Estos túneles están ubicados de manera paralela al entubado original, por debajo de la calle Juan B. Justo y se inician, uno en la calle Cuenca y el otro en Niceto Vega, desembocando el Río de la Plata. Con ambos en funcionamiento, la capacidad de escurrimiento en la cuenca se incrementó un 154%. La efectividad de la obra quedó a la vista ante la lluvia de los últimos años y contrasta con las imágenes de hace unos años en el que la ciudad quedaba dividida debido al anegamiento de la Avenida Juan B. Justo. Es más, ante la primer gran lluvia de la gestión Macri, este declaró que la zona se iba a seguir inundando hasta que no se terminen las obras. Fue así.

Aunque de menor magnitud, otras obras se han llevado a cabo en diversos barrios de la ciudad (construcción de aliviador Olazábal, nueva red pluvial del arroyo White, obras en el arroyo Cildáñez, sistemas de desaguas pluviales en la Boca, construcción de aliviador en San Pedirto, obras de red pluvial en la zona de la cuenca de radio Antiguo y una ampliación reciente en el arroyo Vega) y hay otras planificadas. La más importante es una solución parecida a la del Maldonado para la cuenca del Vega y Medrano, que daría solución definitiva a la zona norte de la ciudad respecto de las inundaciones. No obstante, una reciente obra permitió bajar la intensidad del evento en la zona.

El interrogante es por qué estas obras no se produjeron e manera similar en las zonas aledañas a la Ciudad y diversos puntos de la provincia de Buenos Aires. Las respuestas no son simples ni únicas. En relación a las obras de gran envergadura, el costo económico que enfrenta un político a la hora de poner en marcha la obra incluye, además del costo contable (el valor de la obra), el costo de oportunidad.

El valor de las obras hidráulicas suele ser elevado y por lo general requiere de financiación, sobre todo cuando son niveles municipales o ciudades ya que los encargados de ejecutar la obra y no disponen de los mismos recursos que el Gobierno Nacional o provincial. Pero además de las restricciones presupuestarias, el costo de oportunidad y la priorización del gasto son clave para entender la falta de inversión en este tipo de infraestructura.

Básicamente, el entubamiento de un arroyo no se ve, literalmente pasa por debajo de la tierra y el plazo de la obra por lo general excede al mandato del funcionario, por lo que el político no podría apropiarse del rédito de su obra. El hecho de que los incentivos no estén alineados hace que muchas veces obras cuyo beneficio social es inferior a otras se prioricen en virtud de maximizar la utilidad del político y no de la sociedad. La falta de asistencia ante la emergencia habla más de la gestión y de la eficiencia del gobierno y pone de manifiesto que no alcanza sólo con tener un Estado grande.

El autor de la nota es economista de la Fundación Pensar.