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Hoy, los expertos ya ni siquiera hablan de drogas, sino de consumo de sustancias psicoactivas que incluyen también las sustancias legales como el alcohol, el tabaco y los medicamentos. Y al grupo de sustancias ilegales se suman la marihuana, la cocaína, el LSD, crack, paco y las más modernas llamadas sintéticas –muchas derivadas de la efedrina– hechas en el laboratorio.

Entre quienes estudian los efectos de estas últimas y trabajan con adictos hay consenso acerca de que el camino no es la despenalización del consumo y la legalización de algunas sustancias, como la marihuana. Lo que complica aún más la claridad del debate es que creen que es irreversible en la Argentina, acelerado por el "efecto Uruguay".

Lo medular que proponen los toxicólogos y psiquiatras especializados en adicciones es cambiar la lógica a la hora de analizar el complejo fenómeno del consumo de sustancias, sobre todo en la franja etaria joven, integrada por menores de edades cada vez más bajas.

La nueva lógica está basada en cambiar las jerarquías del debate: en vez de poner el énfasis en discutir la legalización y la despenalización del consumo de las drogas, proponen apuntar toda la batería académica, médico-científica y recursos económicos a lo primero y más importante: bajar el consumo y la demanda.

El doctor Carlos Damín, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, profesor titular de Toxicología de la UBA y director de Fundartox, precisa a Infobae: "Hay que debatir sobre el consumo para que los chicos elijan no consumir. El problema aún es tener una sociedad que quiere consumir sustancias. Hay que gastar menos dinero en hablar de la legalización y enfrentar el problema del consumo. Hay que cambiar la lógica del debate: lograr que los chicos se cuiden".

Estatus legal, pobreza y adictos

De alguna manera, el debate sobre las drogas se emparenta con lo que ocurrió en la época de la ley seca, cuando legalizar o no el alcohol ya no impactaba en la disminución del consumo, debido a que igualmente crecía de manera exponencial.

Se suma la falta de normas claras de la ley actual –la 23.737– que provoca lo que los juristas denominan el principio de constitucionalidad difusa: muchos artículos y figuras contemplan cuestiones sobre el consumo y la tenencia que entran en conflicto y hasta en contradicción. Y termina ocurriendo que los jueces imponen diferentes criterios, en su proceso de verificación de la constitucionalidad.

El gobierno nacional actualmente trabaja en una serie de iniciativas legislativas para presentar en Diputados basadas en el concepto de la "no criminalización" (despenalización) de la tenencia de drogas para consumo personal. Un camino hacia la modificación y ablandamiento de la actual ley de estupefacientes.

Las últimas declaraciones de Juan Carlos Molina, titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) aceleraron los tiempos y el tono del debate. "Yo habilitaría todas las drogas", expresó Molina, y encendió todas las luces de un tema complejo.

La punta del iceberg: bajar el consumo

El doctor Eduardo Kalina, psiquiatra y especialista en adicciones, puntualiza a Infobae: "Las adicciones son una patología que está cobrando con el correr del tiempo en la Argentina la dimensión de epidemia. Atacando todos los estratos sociales, sin discriminar sexo, ni edad".

Según confiaron a Infobae expertos en leyes y en adicciones, al margen del debate parlamentario que se viene, el caso argentino respecto del consumo parece encaminarse hacia la decisión adoptada este año por Uruguay, cuando legalizó el consumo de marihuana. Y tiempo atrás, ya había despenalizado el consumo. Sólo en la Ciudad de Buenos Aires en las últimas marchas por la legalización de la marihuana se reunieron más de 200 mil personas. Y el escenario empeora cuando se conoce que ya hubo en la región 40 mil muertes por tráfico de menores de edad, porque son inimputables para la ley.

Sobre el uso de los estupefacientes en el territorio argentino, los últimos datos de la Sedronar sobre la provincia de Buenos Aires durante el período 2001 y el 2011 señalan un sostenido y notorio aumento en el consumo de drogas duras en estudiantes secundarios. El éxtasis creció un 1.200%, la cocaína un 300%, mientras que en los solventes e inhalantes el aumento fue de un 227%, la pasta base un 120% y la marihuana un 100 por ciento.

Según escribió en Infobae Rodrigo Bonini, jefe de gabinete de la agencia gubernamental de control porteña, el éxtasis es la droga que más creció en el consumo de los jóvenes estudiantes bonaerenses en la última década. Pasó de ser la droga menos consumida en 2001 para estar hoy en el cuarto lugar de consumo.

Los toxicólogos señalan que a mediados de los años 90 la sobredosis sucedía entre los 31 y los 35 años, pero actualmente la edad bajó a los 16 y 20 años.

Paco: la droga devastadora que acecha

Dentro del grupo de las drogas más pesadas y devastadoras figura el crack, cuyo consumo en la Argentina aún es bajo si se lo compara con Brasil, donde un millón de brasileños lo fuman.

Myriam Meloni
Myriam Meloni
Trágicamente, Argentina resolvió el "gap" del bajo consumo de crack con una versión local: la pasta base o "paco"

Una versión outlet y asesina de lo peor de la cocaína surgió de las propias cocinas emplazadas en los barrios pobres y villas de emergencia donde los potenciales consumidores –en su mayoría "jóvenes ni-ni" a la deriva, que ni estudian, ni trabajan– estaban allí al alcance de la mano.

Dice el psiquiatra Eduardo Kalina: "Mientras el cerebro joven necesita proteínas y alimentos de alta calidad para desarrollarse en plenitud, una gran parte de los jóvenes argentinos y de otros países de Sudamérica, como Brasil, reciben estos venenos. Los argentinos hoy somos parte de una sociedad filicida, que mata y destruye a sus hijos".

"Crack y paco, llamadas cocaínas de mala calidad, son drogas que comparten un triste origen basado en muerte y destrucción. Quedan en el nivel del sulfato mezcladas con los peores venenos imaginables, como querosene, amoníaco y lavandina, entre otros. No llegan a la pureza que adquiere la cocaína cuando se convierte en clorohidrato".

El crack como el paco interrumpen la reabsorción natural de la dopamina, aumentando hasta un 900% la concentración de esta sustancia en el cerebro. Los niveles elevados de dopamina afectan la comunicación neuronal, sobre todo en el córtex pre frontal: el área de la toma de decisiones.

Kalina puntualiza lo peor que ocurre con el consumo del paco y el crack: "Estas sustancias 'neandarthalizan' a los individuos que las consumen: el consumidor de crack y paco por el mismo efecto de las drogas vuelve a su estado más primitivo. Es así que el crack como el paco provocan consumidores muy deteriorados".

Consumidores y narcocomercio

Precisa Kalina: "Brasil, antes que Argentina, dejó crecer el negocio de la droga con la misma imprudencia que ha caracterizado a varios gobiernos latinoamericanos que evidencian una gran ineptitud de la clase política frente al tema. Hoy es un verdadero drama".

Sin embargo, y a modo de gran paradoja, en Río de Janeiro la misma cúpula narco de la favela más famosa –la Rocinha– fue la que obstaculizó el desarrollo del crack debido al alto deterioro que provoca entre los consumidores de esta droga. No fue así en San Pablo, donde las cifras de consumo de crack azotan a los jóvenes.

"Las mafias y los carteles del narcocomercio son más inteligentes que los políticos, por eso impidieron el consumo de crack en algunas zonas: porque destroza a los clientes. La cocaína se tolera mejor; en cambio, el crack deteriora al consumidor porque el consumo de estas sustancias es diario. Y, por supuesto, genera más violencia. Drogas como el paco y el crack crean un negocio no inteligente, porque deteriora al comprador", puntualiza Kalina.

Esta situación reviste aún mayor gravedad si se tiene en cuenta que el paco y la cocaína presentan un nivel o frecuencia de consumo similar al de la marihuana entre los jóvenes argentinos.

No hay diferencias significativas entre el consumo "experimental" (una sola vez) y "frecuente" (diario o semanal), lo que indica que existe un fácil acceso a las drogas que permite que, sin problemas, se crucen las barreras del consumo frecuente para que nuevos usuarios puedan acceder a este tipo de sustancias.

Cifras y drogas de laboratorio

Una encuesta realizada a fines del 2013 a 16.000 pacientes atendidos en centros de salud de la Subsecretaría de Adicciones del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, expresa claramente la situación antes descripta: existen altísimos niveles de consumo asociado al crecimiento exponencial del uso de drogas duras, y debido a la cantidad de veces que se las consume, existe un alto nivel de adicción.

Carlos Damín, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, agrega: "Los narcotraficantes son muy perspicaces para hacer circular las sustancias. Hoy, existen drogas nuevas como "pandora" o "la bomba" –similares al éxtasis y al LSD– que sólo por modificar una molécula de la composición de la efedrina logran una fórmula que se puede vender por internet, por no estar catalogada en la legislación vigente. Puede circular, entonces, hasta que salga el decreto que la prohíba".

"El problema es que en Sudamérica seguimos detrás de las sustancias, en vez de apuntar a disminuir la demanda. Tenemos que tratar de que el chico no la quiera".

Hay una predisposición biológica y psicológica para la dependencia, pero también influye mucho el contexto social: por eso, cuando se estudia a un adicto hay que hacerlo desde una mirada que contemple los tres aspectos: la sustancia psicoactiva, la persona y el contexto.

Según datos de la guardia médica de la división de Toxicología del Hospital Fernández, en 2013 ingresaron 1.963 pacientes intoxicados con sustancias psicoactivas. De ese grupo, 349 casos pertenecen a la franja etaria de 16 a 20 años y 61 casos a la franja de 11 a 15 años.

Respecto del consumo precisa Damín: "El consumo de paco está vinculado a la exclusión; en cambio, la cocaína tiene un efecto más placentero ligado al éxito, por eso está más instalada en las capas medias, aunque esto no es categórico".

Del estudio de la provincia de Buenos Aires en el 2013 se desprende que el 43% de los pacientes que se atendieron en los centros de adicciones bonaerenses nombran a la marihuana como sustancia de inicio a la adicción. Se debe advertir, además, que esta droga lleva al consumo de otras. Es así que el 30% de los pacientes afirman que fue la cocaína la droga que los llevó a realizar el tratamiento para salir de las adicciones.