El Rabino Waistein asesina a su esposa y a sus pequeños hijos y después se quita la vida. Los cuatros miembros de la familia de judíos ortodoxos terminan de esa manera trágica el shabat en su casa del barrio de Once. Así se abre la primera novela de Alejandro Soifer, Rituales de sangre (Suma de Letras), en donde en las primeras cuatro páginas el autor narra con precisión el crimen que desde distintas perspectivas comenzará a investigarse. En la apertura no sólo queda planteado el interrogante, en el ritmo y la descripción de los detalles es donde el lector se verá seducido a pasar página a página para seguir adentrándose en una trama que no lo soltará hasta la última línea.

El autor de Rituales de sangre, que es licenciado y profesor de Letras graduado en la Universidad de Buenos Aires, nació en 1983 y tiene dos libros de investigación periodística publicados Los Lubavitch en la Argentina (Sudamericana, 2010) y Que la fuerza acompañe (Marea 2012).

Alejandro Soifer visitó la redacción de Infobae y en esta entrevista habla de su interés por el género policial, por el oscurantismo de la Edad Media y la curiosidad que lo llevó a investigar a las distintas formas de observar el judaísmo desde la ortodoxia e indagar en las Cortes Jasídicas.

El policial es un género que siempre me gustó. Me esforcé bastante para encontrar las reglas del género y, al mismo tiempo, poder desarrollarlas en un contexto local, que es muy difícil. El policial argentino siempre tiene esa dificultad de cómo hablar de la ley, la justicia y los policías, teniendo en cuenta los antecedentes que tenemos. Además hay que tener en cuenta que es un género tan estadounidense, con la figura del detective privado que acá –más allá de algunos que buscarán infidelidades- no se ha desarrollado. No nos olvidemos que el detective privado en Estados Unidos surgió como rompehuelgas. Así que la fui llevando y me di cuenta después que terminé la novela e incluso después que salió, que estaba más cerca de una novela de suspenso o thriller, con algunas pequeños rasgos de novela histórica, un poco de narrativo . Estoy muy contento porque si bien es un policial, creo que lo trasciende.

Sí, el policial habla de esas pasiones básicas del ser humano, de la codicia, la lujuria, el amor y hasta la locura. En mi novela hay mucho de locura, de desborde, de creencias fanáticas. Es un género que es muy plástico, permite a uno jugar mucho y, al mismo tiempo, capta el interés del lector. A mi me pasa como lector, es muy sencillo que uno se enganche porque el policial plantea un misterio y está en nosotros poder descrubrirlo, intentar develar los misterios. El ser humano tiene esa curiosidad que nos ha permitido evolucionar.

Sheila, que es la chica de la tapa, y Sebastián no tenían acceso a ciertas cosas que un policía sí podía tener. Después cada uno fue adquiriendo una especificidad muy relacionada con el lugar en donde están parados: el policía puede investigar, meterse y hacer cosas que otras personas no pueden hacer; Sheila, desde su lugar de ser la hija de un Rabino ortodoxo muy importante, puede entender cosas que pasan dentro de su comunidad y Sebastián, desde su costado más bibliófilo, puede llegar a un vértice de la historia que los otros personajes no conocen. En un momento me di cuenta que los tres tenían que confluir y que cada uno iba a aportar para terminar de armar este rompecabezas.

Cuando escribí mi primer libro me interesó mucho el tema de las costumbres, casi como una cuestión antropológica. Son comunidades que nosotros vemos todos los días, con creencias y formas de vida tan distintas a las que podemos tener nosotros. No es que estamos hablando de Medio Oriente o Jerusalén, en donde hay un barrio de ortodoxos judíos y que sabés que no hay televisión, internet y un montón de cosas modernas. Esta gente vive entre nosotros y los vemos en la calle. Para mi eso es fascinante. En mi primer libro pude investigar mucho y lo pude plasmar pero sentí, apenas terminé de escribirlo, que tal vez era una historia que quedaba muy reducida a gente que le interese eso, entonces pensé de que manera podía transmitir esto a un público más amplio porque son cosas muy fascinantes e interesantes de conocer, para conocer al vecino que vive a dos cuadras de uno. Contar una historia policial me permitía mostrar costumbres, formas de vida, algo que a la gente le aporte en conocimiento, que el que termine de leer la novela también vea con curiosidad cosas que no se planteaba.

Las Cortes Jasídicas son una forma de observar el judaísmo que tiene que ver con la ortodoxia y con una aproximación muy festiva y felíz a las costumbres y a las tradiciones. Actualmente son bastante visibles, hay muchas en todo el mundo y cada una tiene su aproximación a las tradiciones. Así como hay muchas formas de cristianismo, también hay muchas formas de judaísmo o de budismo. Dentro de las grandes tradiciones, es una gran rama que se abre a su vez en muchas escuelas o cortes.

La música es importantísima. El canto, la alegría y la fiesta son formas muy importantes de expresar su religiosidad.

Es una historia bastante terrible que lamentablemente he visto reproducido en los últimos días. No en el sentido estricto, sino retomando este tema con la cuestión del conflicto que hay en Israel en este momento. Algunos dicen que hay una ola de antisemitismo y entonces recuerdan esto que se llamaba Libelos de sangre. Los libelos de sangre eran panfletos con acusaciones en los que se decía que los judíos sacrificaban niños cristianos, por lo general en Pesaj o en Purim y utilizaban su sangre para rituales satánicos. Hay una tradición muy fuerte de eso y me pareció que era algo narrativamente muy poderoso, que era algo que no estaba tratado desde la literatura. Lo desarrollé en la novela, en donde también está la cuestión del mesianismo, primero con Shabbethai ?ebi que fue muy terrible lo que produjo en su momento, porque fue una solución mesiánica muy grande para muchísima gente; y después su discípulo Jacob Frank. Los dos generaron un cisma que hasta el día de hoy sigue en lo que se llama el criptofrankismo, que son sectas muy chicas, cerradas y poco visibles, que siguen teniendo creencias como que Frank era el Mesías judío y que el camino es la conversión de los judíos al catolicismo.

Totalmente, hay libros muy famosos. En Los cuentos de Canterbury, que es un clásico de la literatura universal, hay un cuento en el se que trata y cuenta uno de estos casos famosos como si fuese una verdad.

Siempre está el chiste de que somos todos primos. Otra cosa que me pareció fascinante es que dicen que lo que sería el judaísmo europeo, del cual viene Sheila, proviene de cinco mujeres. Todos los ashkenazy provenimos de cinco o diez mujeres que generaron todo lo que es el judaísmo europeo, siempre me pareció fascinante. Es un poco una complicación dentro de la misma comunidad porque al ser tan cerrada, unida y viviendo tanto tiempo en ghetto, cuando un judío de origen europeo tiene descendencia con otro judío con las mismas características hay una cierta predisposición a ciertas enfermedades genéticas que se dan por la endogamia. Algunos en las comunidades ortodoxas hacen estudios genéticos previos al casamiento como para prevenir una descendencia con ciertas enfermedades genéticas degenerativas que son muy terribles.

Absolutamente. Hay una figura casamentera que decide o junta y trata de ver los modos en los cuáles se manejan a nivel político, casi a nivel casta. Un hijo de un Gran Rabino no se va a casar con una que recién se convirtió o que recién se está iniciando en la ortodoxia. En estas comunidades existen los casamientos arreglados y es muy difícil que surja el amor antes del casamiento porque no puede haber contacto físico entre dos pretendientes. Pueden tener citas en las cuales se pasan horas hablando y no se tocan un pelo.

Me interesa y siempre tuve un poco de gusto por eso. Toda la cuestión épica me parece muy fascinante, así como también estas cuestiones oscurantistas que en la novela está inserto desde ese lado: el fanatismo y el oscurantismo. Me parece que es una época que tiene mucho para dar.

Sí, va a ser la segunda parte. Tengo una historia buenísima que quiero contar pero estoy estudiando. La acción se traslada más a Latinoamérica. Como me pasó con esta novela, encontré una anomalía histórica que necesito contar.