Leonardo Calvo Cárdenas y Fernando Palacio Mogar son dos de los líderes cubanos que, en un contexto adverso y sin reconocimiento por parte del régimen, intentan ejercer derechos políticos negados e ir creando conciencia en sus conciudadanos de la necesidad de su protagonismo en una transición inexorable.

Hablaron con Infobae acerca de las dificultades de su tarea política, de cómo será la transición, de la imagen del régimen en el exterior, así como de una problemática que se ignora que existe en Cuba: la discriminación racial.

Calvo Cárdenas es vicepresidente del Arco Progresista en Cuba, agrupación que reúne a los socialistas y socialdemócratas, y vicecoordinador del comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR). Palacio Mogar es coordinador a nivel nacional del Partido Liberal Nacional Cubano (PLNC).

Mucha gente ignora o elige ignorar que en Cuba no hay libertad de asociación y que impera un régimen de partido único... ¿Qué espacio hay para agrupaciones como las de ustedes?

Leonardo: Según el diseño del Estado, en Cuba no hay espacio para nada. Nosotros en realidad somos la resistencia porque, en puridad conceptual, el nuestro es un país ocupado, pero por alguien que nació allí mismo, no por un extranjero. Las coordenadas y las perspectivas del poder en Cuba definen que haya un solo poder, un solo partido y una sola manera de pensar y hacer, nosotros y los muchos cubanos que se han opuesto a lo largo de estos años, con graves consecuencias incluso, somos la resistencia a ese poder omnímodo y a partir de nuestro esfuerzo y nuestra determinación vamos creando los espacios que no existen.

Fernando: El diseño que tiene la dictadura de Cuba es que sólo el Partido Comunista sea el reconocido. Nosotros nos hemos dado la tarea de pasar por encima de eso en pos de poder luchar por los derechos del ciudadano y que en Cuba llegue a existir una libertad y democracia Por eso, aunque el gobierno no nos reconoce y nos declara como ilegales, nosotros vemos la legalidad desde el pueblo, desde el ciudadano que está pidiendo a gritos un cambio profundo y real, democrático, y que haya verdaderas libertades y respeto a los derechos humanos.

Leonardo: Hay que aclarar que somos no reconocidos pero no estrictamente ilegales porque en Cuba existe una ley de asociaciones cuyos requisitos cumplimos pero el gobierno no responde. Quiere decir que quien está fuera de la ley es el propio gobierno Están presos de la trampa de que si dicen que no a ese registro legal estarían de cierta manera reconociéndonos. No dicen nada y nosotros seguimos actuando.

El ciudadano cubano, que está muy preocupado y ocupado en resolver su subsistencia, ¿tiene espacio para participar, para asociarse, para pelear por sus libertades?

Leonardo: Los niveles de rechazo al gobierno y de descontento e inquietud son crecientes en Cuba. Es verdad que la vida cotidiana... pero eso está también en la esencia del diseño político del régimen. Las autoridades saben muy bien que mientras la gente está ocupada pensando en qué darles de comer a sus hijos mañana no puede ocuparse de otros valores. El cubano es un pueblo desinformado, ignorante de muchas cosas, pero no analfabeto, y tiene las herramientas intelectuales para asumir una posición política. Lo que lleva al gobierno a engrasar sus mecanismos de represión y terrorismo de Estado para impedir que el descontento y el malestar se conviertan en una posición política e impedir que la mayoría pase a la actitud y al compromiso que tenemos quienes estamos en la alternativa política independiente y nos organizamos para enfrentar el sistema.

Fernando: El pueblo cubano ha evolucionado, aunque hay muchas más carencias y necesidades, hoy se nota mucho mayor descontento en la calle.

Considerando que existe en Cuba un monopolio estatal absoluto de prensa, ¿cómo difunden su pensamiento?

Fernando: Nuestra principal labor es empoderar al ciudadano, para que pueda lograr empeños mayores. Prácticamente hacemos una tarea misionera de religión, hemos ido puerta por puerta, casa por casa, comunidad por comunidad. Esto hace que muchos ciudadanos ya se identifiquen con nuestro trabajo y nuestra lucha. Hoy en muchos de nuestros proyectos no participan sólo opositores políticos, sino ciudadanos de a pie que antes no estaban vinculados a ninguna actividad contra el Gobierno. Por ejemplo, en el proyecto Consenso Constitucional la mayoría de los que participan son ciudadanos comunes.

Leonardo: Uno de nuestros principales retos es trascender la tradición política de Cuba en la cual las élites definen un derrotero, un cometido, y los ciudadanos van detrás apoyando eso. Para nosotros es necesario que la definición de los destinos de Cuba se concrete a partir de que el ciudadano recupere protagonismo, recupere su condición de soberano y ejerza esa posición de definidor de su destino. Para eso tenemos que llegar a las personas y conectar con los individuos para lograr que cambien su visión de la sociedad. A pesar de la represión y de los miedos, hemos tenido la suerte de que muchas personas se incorporan, se motivan e incluso muchos ponen su nombre pudiendo no hacerlo y eso da la medida de un cambio de actitud, de una toma de conciencia y de compromiso con el presente y el futuro.

¿Y cómo imaginan ese futuro?

Leonardo: El descontento es creciente y el gobierno tiene bien claro, por sus mecanismos de control y de monitoreo, de qué dimensión es el descontento, por eso recrudece sus diseños de represión. Pero todavía por razones históricas el pueblo cubano no está en condiciones de expresar públicamente ese descontento, que entonces se manifiesta de otra manera: por la emigración, por la transgresión de la ley... De cualquier manera el nivel de deterioro y de pauperización estructural de Cuba indica que en los próximos años tiene que haber una trasformación. Esperemos que los que tomen el poder se iluminen y sean capaces de llevar este proceso conectados con valores y sobre todo para evitar un estallido. Cuba no está preparada para terapias de choque, ni para un estallido, pero ése es un peligro hoy para Cuba por el nivel de deterioro. Y esta es una responsabilidad de los que van a detentar el poder. De todas maneras la generación histórica de liderazgo está llegando a su fin biológico y son otras las personas que por decantación lógica van a a tener que encaminar un proceso de apertura de manera escalonada, gradual, prudente.

Cuando salen al exterior, ¿les sorprende la perdurabilidad del mito de Fidel y su Revolución?

Leonardo: Estos regímenes son eficaces en su propaganda y en alimentar su imagen. También en comprar lealtades, y eso todavía funciona. Mucha gente, incluso sensibilizada con los valores de la democracia, no cree lo que le relatamos de lo que sucede en Cuba.

Fernando: Hay gente que nos dice 'el cubano no está tan mal, ahora sí puede salir, comprar carro, casa, y entrar a los hoteles' y eso es parte del mecanismo de desinformación del gobierno porque si hay algo bien claro es que esas supuestas aperturas del régimen cubano no responden al pueblo. El ciudadano de a pie no tiene para costearse un pasaporte, ni comprar una casa, ni un carro.

Otro tema relativamente ignorado en el mundo es que pese al alto porcentaje de afrodescendientes en Cuba, y con una revolución que se dice tan igualitaria, ése es un sector sin representación en la elite...

Leonardo: El tema es que la revolución no es igualitaria. Lo que ha hecho es ahondar las diferencias y aumentar la polarización en la sociedad cubana: entre los campesinos y la ciudad, entre los hombres y las mujeres, entre los blancos y los negros. Casi todos somos descendientes de africanos. Pero los patrones hegemonistas y supremacistas que han marcado esa diferenciación, esa inferiorización e invisibilización, son supraideológicos y han trascendido la imagen y los discursos que quiere reflejar el régimen, por lo tanto los que gobiernan hoy en Cuba son los mismos que tomaron el poder hace 200 años, con el agravante de que con la revolución fue la primera vez que los afrodescendientes perdimos la voz. Antes de la Revolución había desigualdades, discriminación, pero siempre tuvimos la voz y con esa voz cívica y pública podíamos ir avanzando. Eso se terminó con la Revolución. El gobierno con su dinámica propagandística dio por terminado el problema. Pero los problemas sociales no se terminan y el racismo incluso ha recrudecido ahora con los traumas socioeconómicos que ha traído el régimen. De cara al futuro es un gran reto que enfrentamos. Por primera vez desde las prohibiciones políticas estamos conscientes de este reto y ocupados en enfrentar el problema.

¿Qué proponen ustedes para la transición?

Fernando: Según consultas que hemos hecho, entre la opción de reformar la Constitución actual y elaborar una totalmente nueva, la gente se inclina por lo segundo.

Leonardo: Nuestro ideal es la Asamblea Constituyente. Pero eso requeriría algo que aún falta en Cuba que es la afirmación de una cultura cívica de derecho, constitucional, y en eso estamos trabajando, en darle al ciudadano las referencias, las coordenadas, de cuáles son las claves de su protagonismo para que participe de este proceso soberano que de todas maneras tiene que ocurrir en algún momento.