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El presidente de EEUU, Barack Obama, se presentó ante la prensa el jueves pasado tras sus vacaciones para hablar de temas tan serios como la amenaza yihadista y la crisis en Ucrania, pero la elección de su traje, un inusual modelo color beige, eclipsó su intervención.

El "tan suit" (traje color beige) de Obama acaparó la atención en un día en el que los protagonistas eran Irak, Siria, Ucrania y la inmigración.

En 2012, el mandatario había expresado en una entrevista a la revista Vanity Fair: "Me verán sólo con trajes grises y azules". "Intento reducir al mínimo las decisiones. No quiero tomar decisiones sobre lo que tengo que comer o cómo tengo que vestir. Porque tengo otras muchas decisiones que tomar", argumentó entonces.

Sin embargo, en su primera rueda de prensa en la Casa Blanca tras unas cuestionadas vacaciones en donde se lo crítico por sus jornadas de golf en medio de una crisis internacional, Obama rompió su código de vestimenta y, en general, el que se espera de un político en Washington: traje oscuro, camisa blanca y corbata azul o roja.

Las redes sociales estallaron con comentarios en relación a la nueva vestimenta del mandatario y quedó en evidencia la importancia que se le da a su atuendo.

"Hay varios puntos de vista para analizar esta elección. Pero no podemos decir que es incorrecto en el sentido del tipo de prendas que luce y la ocasión, ni del hecho de usar un ambo en un tono neutro. Es cierto que estamos acostumbrados a observarlo en trajes oscuros y, a su vez, en el hemisferio norte es verano, por lo que este tipo de color no resulta poco adecuado con respecto al clima", indicó la asesora de imagen Laura Malpeli de Jordaan a Infobae.

Al ser el primer mandatario de Estados Unidos, y estar acostumbrados a verlo en trajes oscuros, puede resultar extraña esta elección por varias razones.

Según explicó la asesora, es un color que no se asocia ni connota tanta autoridad o jerarquía como los tradicionales negro, azul y gris oscuro, considerando el cargo que ocupa y el poder que detenta.

Además, parecía necesitar un pequeño ajuste para que fuera un calce perfecto para la figura de Obama, algo que se hace más evidente en prendas claras que en las oscuras.

"Otro punto es que el presidente de Estados Unidos es conocido por realizar combinaciones más llamativas con sus corbatas para lograr destacarse, y en este caso ocurre todo lo contrario: el traje, la camisa y la corbata presentan tonos similares y el atuendo se vuelve monótono", añadió.

Para Mapeli de Jordaan, el color no es uno que favorezca al mandatario para usar cerca del rostro. Por su color de ojos, cabello y tez, luce mejor con tonos intensos y oscuros que con colores claros como el del traje. "Al no contrastarlo con algún color que lo favorezca en, por ejemplo, la corbata, se lo observa cansado y avejentado, en comparación con ocasiones en que luce trajes más oscuros", aseveró.

"La imagen de Obama con el traje claro resultó más llamativa y los medios y el público en general destinaron gran parte del tiempo a expresar sus sentimientos con respecto a la indumentaria y, comparativamente, menos tiempo al contenido del mensaje. Desde esa perspectiva, puede entenderse como una estrategia para desviar la atención y, de haber sido así, sin dudas logró cumplir con el objetivo", analizó.

La repercusión en la prensa

Hasta periodistas de los diarios más prestigiosos del país comentaron algo al respecto en cuanto lo vieron colocarse en el atril. "Obama promete derrotar a quien sea que le ha hecho ponerse ese traje", escribió en Twitter Josh Barro, corresponsal político del New York Times.

Según publicó la agencia Efe, el reportero secundó también otro de los comentarios más generalizados sobre el traje de Obama: la inoportunidad de vestir de un color entre beige y caqui ("un color muy militar", se apuntaba en las redes sociales) en una rueda de prensa donde el anuncio más esperado era si EEUU enviaría soldados a Siria para luchar contra los yihadistas del Estado Islámico.

"¿El presidente anunció que íbamos a la guerra mientras nosotros estábamos ocupados mofándonos de este terrible traje?", se preguntó Josh Barro.


Su colega Wesley Lowery, conocido periodista político del Washington Post, no se quedó atrás y escribió en la misma red social: "¿Quién le dio a Obama ese traje viejo de ir a la iglesia sacado del armario de mi padre?".

Tras unos días polémicos de descanso en los que se criticó su combinación de golf y crisis internacional, ¿es posible que Obama no supiera el revuelo que se armaría al cambiar su color de traje, cuando él mismo había dicho que no tenía interés en hacerlo? ¿Habrá sido asesorado por su mujer Michelle Obama, elegida ícono de estilo por su buen gusto? Si hay algo que está claro es que, en la Casa Blanca, nada está librado al azar.