El movimiento Fútbol Callejero fue creado hace más de 20 años por Fabián Ferraro (43), en ese momento un joven que vivía en una villa de Moreno -donde aún vive- que quiso cambiar su realidad y la de los chicos que vivían en sus mismas condiciones. Siempre teniendo el deporte y la transmisión de valores como estandartes, Ferraro eligió el fútbol como método seductor para los jóvenes.

Para hacerlo más inclusivo, implementó algunos cambios: es mixto y se juega sin árbitros, pero con mediadores. El éxito fue tal que se trasladó a 64 países y, desde el 2006, organizan mundiales paralelos al de la FIFA. También contribuyeron a solucionar conflictos bélicos y ahora serán recibidos por el papa Francisco, quien generó un vínculo con su red Scholas Occurrentes.

Infobae habló con Ferraro, quien hablo sobre por qué puede ayudar esta disciplina a solucionar muchos de los conflictos que viven los jóvenes argentinos. También participaron Jennifer Flores Figueroa (20) y Ezequiel Martin (27), quienes participaron del mundial en Brasil y contaron su experiencia.

-¿Cómo es el origen de Fútbol Callejero?

Fabián Ferraro: Comienza cuando con algunos colegas teníamos 22, 23 años. Nos criamos en Villa San Bricio, asentamiento del barrio de Moreno en el conurbano. Estábamos preocupados por la situación que había en el barrio. Plena década del 90. Los pibes empezaban a parar en las esquinas como un hábito y nosotros sabíamos que en las esquinas pasaban cosas complicadas. Los pibes estaban a merced de situaciones que castigan a la sociedad. El narcotráfico comenzó hace 25 años en la Argentina y hoy se ven las consecuencias atroces. Nosotros en nuestro barrio lo veíamos. En el conurbano las cosas siempre son más crudas. En el basural del barrio comenzamos a soñar con el Club Atlético Fundadores del Chaco, que hoy es un Institución con más de 4 mil jugadores. Cuando estábamos ahí nos dábamos cuenta que el fútbol tradicional no atrapaba a todos los pibes y pibas y comenzamos a pensar en una herramienta de intervención en la calle. Así fue que comenzamos a trabajar con los pibes que paraban en las esquinas y directamente donde ellos estaban. Se llama Fútbol Callejero porque es el fútbol de potrero, que nació en la Argentina con las dos remeras y arcos imaginarios. Se desarrolla en 64 países. Sentimos el orgullo de que se haya replicado con un fuerte impacto en zonas de conflicto como la Franja de Gaza, Guayaquil o en Colombia en zonas de muchas pandillas urbanas o en el conurbano bonaerense donde trabajamos con más de 30 mil pibes.

-¿Por qué el deporte ayuda en estos casos?

Porque cuando uno es pibe hacer deporte o hace arte son dos motivaciones muy fuertes. Son dos herramientas que en la vida de adolescencia y juventud son populares y que los gobiernos lo tienen que tomar como una herramienta de desarrollo social y no como algo lúdico. Hay dos grandes errores de la Argentina en políticas públicas que trabajan con la juventud. Una es que no los miran más a los pibes. La sociedad le sacó la mirada y lo que tenemos que hacer es crear herramientas para que lo vuelva a hacer. Como segundo elemento, no toman al arte y deporte como herramienta de integración y desarrollo social sino que lo toman como cuestión lúdica. Ahora hay un gobierno como el de la Ciudad que trata de tener otra mirada sobre esta cuestión. Ojala lo haga la Provincia y el gobierno nacional, porque esto a muchos les cambió su vida. Cuando la vida de un pibe cambia, empieza a cambiar la vida de la sociedad. Cuando vos tenés un pibe con un fierro en la cintura, al sociedad es de una manera. Cuando ese pibe empieza a ser la gran esperanza, la sociedad cambia.

-¿Cómo se financian?

Organismos internacionales, empresas y algunos gobiernos en algunos países. Mujica firmó un convenio con el Fútbol Callejero y lo desarrolló a nivel nacional. Se llama "Jóvenes en redes". El de Guayaquil también, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y después empresas institucionales. El mundial estuvo auspiciado por Volkswagen, Petrobras y el gobierno paulista.

-¿Tuvo la posibilidad de juntarse con algún funcionario para que lo ayuden?

Con todos. Y hasta ahora no se ha dado. Tengo esperanza porque sería una muy buena herramienta a nivel nacional porque tenemos los profesionales adecuados y se pueden aprovechar las políticas públicas en otras áreas y ponerlas a disposición de un proyecto de desarrollo integral que genere en los jóvenes en sectores populares un incentivo fuerte a través del deporte, la recuperación de la palabra. Este fútbol recupera la palabra. Tenes que hablar sí o sí, y eso genera ciudadanía, se discute para ponerse de acuerdo.

-¿Qué respuesta le dan cuando plantea la necesidad de implementar esto?

Interesar les interesa, obviamente. En el conurbano todos los días nos enteramos de una muerte que participa un joven. Nosotros trabajamos con 30 mil pibes. Obvio que interesa un proyecto con esta magnitud. Pero después, cuando a vos te interesa algo, tenés que invertir, ponerte de acuerdo. Necesitás tiempo, proyección en el tiempo más allá de una elección. Cuando proponés un proyecto de Estado, la cuestión electoral tiene que quedar de lado para proponer un proyecto a largo plazo.

-¿En la Argentina cuál sería la zona de conflicto?

El conurbano bonaerense es una zona grave donde las políticas públicas están costando hacer pie. Estamos gobernados por barones del conurbano que son tipos que están hace 20 años en el poder y les importa poco lo que pasa en su territorio. Aún cuando hay políticas modernas, el problema es quién las aplica. Tienen la idea clientelar de la aplicación de esas políticas y, por más de que sean fantásticas, se convierten en ideas clientelares. Los municipios que no tienen la capacidad de aplicar las políticas nacionales que sean efectivas para nuestro pueblo.

-¿La pobreza es el principal flagelo que causa todo esto?

No tengas dudas. Cuando comes salteado en tu vida, son cosas jodidas. Cando vos salís a la puerta de tu casa y los caños del pozo negro o del baño van a la zanja. En Moreno hay 15% de agua potable y cloacas para 750 mil habitantes. Cuando salís a la puerta de tu casa es olor a excremento todo el tiempo. Eso es un conflicto. O cuando salís caminando y tenes el barro hasta los tobillos. O en la parada del colectivo te roban la tarjeta sube y los diez pesos para comer en tu laburo.

-¿Ustedes creen que desde su movimiento pueden aportar su grano de arena?

No tengo dudas, porque lo hemos visto. Cuando escucho a Ezequiel y Jennifer me parece maravilloso. Cuando ve que nacieron en barrios populares se piensa 'yo quiero hacer lo de estos pibes'. Es una herramienta efectiva porque lo he visto.

-¿Piensa que Argentina es un país que incluye?

Puede ser que esté pensado para incluir, no pongo en discusión eso. Deben tener la mejor intención. Lo que cuestiono fuertemente es que la implementación de esas políticas públicas en manos de los barones del conurbano no es efectivo. Yo invito al pueblo a recorrer Moreno, a 35 km de la Ciudad. Por mas que tengan las mejores intenciones el gobierno nacional, el problema es la aplicación. Tiene que haber un replanteo.

-¿Cómo ve el sistema educativo?

Lo dicen los gremios. Yo tomo la Provincia de Buenos Aires. Escuelas devastadas, maestros con 45 alumnos en el aula, pibes con dificultad social particular y los maestros no están preparados para abordar esa situación. Y no deberían estarlo, sino que tendría que haber equipos interdisciplinarios para abordar las situaciones de muchos pibes. Hay mucha violencia en las escuelas. Ahí también hay que incluir nuevas herramientas de aprendizaje e integración social. La escuela pública hoy no esta preparada para abordar las situaciones que viven estos pibes

-¿Cuándo incluyen un chico, cual es el principal flagelo que está presente?

La falta de espacio para estos pibes. La droga, el robo, son la consecuencia de una causa. Si vos podés tomar la causa, que es generar espacios concretos para que los adolescentes puedan participar, yo no tengo que ni hablar de lo otro. Yo no hablo de la droga cuando trabajamos con los pibes porque sabemos que es la consecuencia. Vos tenés que generar espacios de calidad par que el pibe venga y no se quiera ir. Que diga esto es mío, lo quiero cuidar, tengo profesionales que trabajan conmigo, me miran, me vuelven a mirar. Cuando vos generás espacios adecuados, ya estás trabajando otros temas. El familiar, la integración familiar, que sienta que su comunidad lo cuida. Nunca escuché a nadie decir qué propone para abordar la situación de fondo de la consecuencia de la inseguridad que tenemos. La causa es la falta de espacio que tienen los barrios, los adolescentes.

-¿Cómo le explicarían a alguien qué es el fútbol callejero?

Ezequiel Martin: Es una metodología que utiliza al fútbol como herramienta para trabajar no solo cuestiones deportivas sino valores. Cuenta con tres tiempos y se juega con equipos mixtos. En el primero de esos tres tiempos, los jugadores acuerdan con las reglas que van a jugar. No hay árbitros. Se ponen de acuerdo los jugadores. Hay un mediador que esta observando los tres momentos. El segundo tiempo es el tiempo de juego en donde se juegan X cantidad de minutos y se obtiene un resultado deportivo. El tercer tiempo lo llamamos de reflexión: luego del primero y segundo los jóvenes van a charlar sobre tres valores fundamentales y una situación ocurrida en el partido: respeto a las reglas, solidaridad y la cooperación en cuanto al funcionamiento del equipo. Acá entra la inclusión del género, cómo se sintieron las mujeres. La solidaridad es con respecto al otro equipo. Con esto se obtiene otro resultado. La sumatoria total es el resultado de valores y el deportivo donde se cierra la puntuación.

-Jennifer, como jugadora, ¿cómo te sentís con estas reglas?

Jennifer Flores Figueroa: Me siento igual a lo que se siente un hombre. La reflexión a la que llego en la vida es que estamos a la misma altura. Me siento muy cómoda con la metodología de tres tiempos, y teniendo uno de reflexión siendo prácticamente una condición ser buen compañero. Te ayuda a desenvolverte mejor. Pasó en mi equipo que nos tocó asumir el rol de motivar a las chicas para que nos sintamos más capaces.

-¿Hace cuánto que forman parte del movimiento y cómo empezaron?

JFF: Arranqué hace tres años. Soy del barrio Lacarra y ahí practico como jugadora y acompañando al resto. La propuesta la recibí a partir de la Fundación y la Secretaría de Inclusión. Entre ambos desarrollan el fútbol inclusivo y al conocerla me llamó la atención. Tuvo mucho que ver quiénes eran coordinadores en ese momento, que me conquistaron con la experiencia. Me enamoré de la metodología porque puede generar un cambio en la vida. Hoy tengo metas más claras y pienso las cosas de otra forma. Hoy quiero ayudar en mi barrio. Es una herramienta muy importante para generar cosas positivas en mi barrio

EM: Yo tengo la suerte de que esta disciplina nace en Moreno a 10 cuadras de mi casa en Defensores del Chaco. Yo participaba de una actividad de fútbol tradicional pero ahí la aplicaban a la categoría que estábamos jugando, nos convocan y me sedujo mucho esto de jugar sin árbitros y la aparición de la mujer. Esto te genera un cambio a involucrarte y buscar protagonismo. No te limita a un partido de fútbol sino que te permite formarte como persona. Te permite ser líder y generar cambios en el grupo y hasta uno mismo ponerse metas.

¿Cómo se desarrolló el mundial paralelo? ¿Cómo fue su experiencia?

EM: Fue del 1 al 12 de julio y no fue netamente deportivo sino que nos encontramos con mediadores y jugadores de distintos países con diversidad cultural, diferencias de idiomas y todo ese contexto rico que todos aprovechamos para su desarrollo. Hubo previas de integración para romper el hielo y entender que se van a conocer realidades sociales que atraviesan los jóvenes como los de Israel. Las jornadas deportivas con la metodología todo el tiempo jugando es algo que nos gusta hacer y, más allá de las barreras de idiomas, nos comunicamos. Muchos hablaban dos o tres idiomas y eso nos ayudó entender lo que el otro opinaba que es muy importante. Fue muy buena personalmente y para todo el grupo callejero

JFF: En el caso de la Argentina teníamos 3 equipos diferentes para representarnos: dos de Moreno y uno de la Ciudad. Todos fuimos seleccionados de diferentes villas y tuvimos un proceso de dos meses antes de viajar para conocernos y amigarnos más en la metodología y como equipo. Se demostró allá el trabajo grupal que hubo de nuestro lado y de los DTs y mediadores porque no es fácil para chicos que juegan en cancha de 11 adaptarse a jugar de 6 y con mujeres. Sentían realmente que jugaban con nosotros y que somos parte del equipo. Fue un proceso que terminamos de vivir allá. Fue un desafío muy grande y experiencia buenísima en lo personal.Te deja enseñanza para la vida, hoy muchos cambiaron su estilo de vida y pensamientos después de este viaje.

-¿Creen que la sociedad Argentina tiene todos estos valores que ustedes fomentan?

EM: Nosotros trabajamos con los valores pero también para dar espacio a los jóvenes del conurbano que no estudian ni trabajan y no tienen espacio donde poder hacer deporte y trabajar sus valores. Trabajamos para detectar líderes que repliquen esta metodología en todas las comunidades. Jóvenes con liderazgo positivo para que puedan crear una organización y llevar adelante el fútbol callejero y brindarle a la comunidad algo no solamente deportivo sino la necesidad de otros espacios que están ausentes porque no se cumplen de parte del Estado.

JFF: En mi caso, me pasaba que no teníamos actividades en el barrio porque estaba abandonado. Había una organización que se llamaba Asociación Civil Barrio Lacarra que venía trabajando en la dinámica del abandono del barrio. Cuando conocí a los chicos y me presentaron a la metodología, encaré y gracias al apoyo de la organización encaré el desafío que me proponían. La organización empezó a sostenerse del lado social cuando no pudo avanzar con su objetivo principal,. Hoy, después de ese proyecto de trabajar en los lados más vulnerables, me fortalecí y ayudé a mi equipo. Hoy encaramos un trabajo social muy grande en el barrio gracias a entender que sí se puede transformar la vida. Noto mucho egoísmo en el país y es algo que yo quiero combatir. Pensar más en lo colectivo y en que no todo es material. Va más allá de si hay algo a cambio o no. Te deja lo que vos podés generar en las otras personas. Si todos pensamos que hay otra persona, seguro va a ir todo bien.