Robin Williams era un actor consagrado que había logrado construir una importante carrera en la industria del cine y la televisión. Pero a pesar de estos éxitos, a lo largo de su vida tuvo que luchar contra las adicciones y la depresión.


Sus problemas con las drogas comenzaron en la década de los 70 y 80 cuando se hizo adicto a la cocaína, pero intentó dejarla, tras el nacimiento de su hijo y la muerte de su amigo John Belushi, quien falleció por sobredosis a los 33 años.


El ganador del Oscar logró estar veinte años "limpio" de las adicciones, pero tuvo una recaída en 2006 por alcoholismo y se internó en una clínica de rehabilitación nuevamente.


En 2014, Robin volvió a internarse en el centro de recuperación en Lindstrom, Minnesota. En esta oportunidad, aclararon que se quedó varias semanas como una "medida cautelar" y no por una recaída.


Tras conocerse la noticia de su fallecimiento a los 63 años, su publicista Mara Buxbaum declaró que el artista de 63 años estaba batallando por una severa depresión en los últimos tiempos.


Fuentes policiales aseguraron que el actor se habría suicidado por asfixia, pero todavía faltan realizar más estudios forenses.